Lluis Bassets

Maniobras de invierno

Por: | 15 de marzo de 2010

Han sido simplemente unas maniobras de invierno. Sin que ni siquiera lo supiéramos quienes hemos participado, aunque haya sido como observadores. No hablo de la nieve. Una nevada, por intensa que sea, tiene unos efectos limitados y las molestias que ocasiona en el tráfico y la movilidad son efímeras en estas latitudes. Me refiero, sobre todo, al enorme apagón que interrumpió el tráfico ferroviario y dejó sin fluido eléctrico a la mitad de la provincia de Girona y sigue afectando todavía, una semana después, a varios millares de habitantes. La ineptitud de quienes tienen la responsabilidad de Gobierno en la gestión de la alarma meteorológica ha sido ya suficientemente comentada y no requiere muchas matizaciones. Pero siendo grave, tiene una limitada profundidad social y política. El problema serio, que obliga a una reflexión de fondo, es que la caída de una línea de alta tensión paralice durante casi una semana una amplia y rica región industrial, turística y agraria, devolviendo a millares de ciudadanos a la vida más primitiva, sin medios para alimentarse, calentarse y desplazarse. Y que esto suceda por efecto de decisiones empresariales privadas de una estructura monopolística de distribución y comercialización eléctrica sobre la que poca o ninguna mano tienen los gobiernos de las ciudades, las autonomías y el país afectado.

La diferencia más sustancial entre la legendaria nevada de 1962 que cayó sobre Cataluña, tan evocada estos días, y la de la pasada semana es que, en aquella ocasión, ni siquiera los hogares urbanos se acercaban al nivel de dependencia energética que tenemos hoy. En un piso del Ensanche barcelonés de 1962 la calefacción funcionaba con carbón. Suministraba también agua caliente, que en muchas casas también la proporcionaban las cocinas económicas alimentadas con hulla. Había pocos ascensores. Ninguna cancela eléctrica. Había velas e incluso lámparas de petróleo en todas las casas. Empezaban a entrar los primeros frigoríficos, pero lo normal eran las neveras de hielo y las fresqueras, unos armarios de tela metálica colgados en los patios interiores que mantenían en invierno la comida en buen estado. Con el recuerdo de la guerra civil y del racionamiento todavía vivo, en las despensas solía haber comida para unos cuantos días, papatas, legumbres y conservas caseras sobre todo. Nadie había ni siquiera imaginado los ordenadores personales o los teléfonos móviles recargables. Algún autor de novelas de ciencia ficción pudo barruntar quizás la casa domótica, sin soñar que, 50 años más tarde, ese tipo de hogar se convertiría en el cacharro más inservible durante la nevada del siglo XXI.

En las calles de Caldes de Malavella, localidad de la comarca de La Selva bloqueada por el apagón, alguien ha pegado un irónico y cívico panfleto que termina diciendo Visca Caldes, visca el Tercer Món. Está bien, pero que nadie se equivoque, no vivimos en el Tercer Mundo ni lo que nos ha pasado estos días es tercermundista. La ineptitud de nuestras autoridades y la desvergüenza de las empresas eléctricas no son propias de los países africanos más pobres del planeta, al contrario. Nuestro mal es de país rico, o como mínimo nuevo rico, y corresponde a una sociedad hipertecnológica que ha cometido el error garrafal de dejar por hacer algunos deberes en el capítulo de la seguridad energética. Lo que hemos vivido estos días han sido meramente unas involuntarias maniobras de invierno, en las que la meteorología y el azar han demostrado cómo son las catástrofes y los conflictos, bélicos incluso, del siglo XXI, que ya no es el futuro sino puro presente. Primero se corta la luz, quizás sin necesidad de derribar las torres de transporte, meramente a través de un ataque informático en regla. Y luego apenas hace falta nada más: se colapsan los transportes, también la economía, las autoridades quedan aisladas e incomunicadas —a veces incluso con unas orejas de burro que les ponen los ciudadanos—, lo mismo sucede con policía y bomberos, la población regresa a la edad de piedra atrapada en sus gélidos e inservibles hogares, y sólo hace falta coger las llaves para hacerse con el poder.

Hay 8 Comentarios

En California terminaron sin electricidad porque los neocomunistas protectores del mundo con fiebre se rehusaron a construir centrales termoeléctricas y nucleares. Al igual que España prefirieron comprarle electricidad a los estados vecinos. Cuándo los vecinos necesitaron su electricidad, dejaron a los bobos neocomunistas californianos a obscuras.

Pide regulación y más regulación y te quedarás sin electricidad pasado mañana, y pagarás 15 euros por KWH. Como si los políticos fueran dioses, o supieran de electricidad. ¿Cuando entenderán los progres que el estado no es Dios?

Por favor que alguien regule a las electricas o no necesitaremos nevadas para que haya apagones. Nos pasara como a California, recien elegido Terminator y el mercado liberalizado: llamada a central pidiendo parada de 4 horas, observar como suben las acciones y otra llamadita para que se reestablezca.

Eres el primero que haces sentido. Aquí eso es cosa rara. Se critica por amor al criticar.

Pero solo imagina que este año nevó en MIAMI, Florida, y no se armó ningún lío. ¿Qué le pasa a Barcelona? ¿Qué nadie se dio cuenta de que la tormenta azotaría? Eso es par con la ex gobernadora de Louisiana que no pidió soporte federal para el Katrina, y con el alcalde de Nueva Orleans que hizo su Fiesta de Huracán en el Hotel Monteleone y dejó ahogar los buses que pudieron haber evacuado a los que no tenían transporte (ancianos) si la gobernadora o el alcalde hubiesen dado orden de evacuación. Pero lo más delicioso es que tanto el alcalde Nagin como la Sra. Blanco son neocomunistas como el gobierno de Catalunya, y unos abyectos inútiles. Y esta vez hasta mi estimado amigo Lluís está de acuerdo conmigo. Way to go Lluís... dentro de poco serás neocón, pro-Israel y hasta pro-Bush y pro- Berlusconi.

(De vez en cuando es delicioso hacer a los criticones comerse sus propias palabras.)

En Barcelona con 90 euros, se hubiese solucionado el gran atasco de tráfico producido por menos de 10 cm de nieve. Es el precio de unas cadenas de tela para nieve. Con està lucida solución, las máquinas quitanieves no las llegariamos a usar en siglos. Si todas las responsabilidades se las damos a los demás, (políticos), posiblemente no acabaremos de crecer nunca. Y para los amigos americanos, no es comparable lo que no se puede comparar. Un abrazo.

No somos tan avanzados como creemos. Con qué poco se puede paralizar una región!
http://enclaveinternacional.wordpress.com/

Perdón, Lluís, fui a echar otro tronco (de parafina, claro está) a la chimenea. Es para emergencias de suministro eléctrico (ya ves, nosotros si estamos preparados) pero la uso de vez en cuando porque me gusta ver las llamas. Calienta muy bien, ¿eh?

Esos fallos, estimado Lluís, son de tercer mundo, no te engañes. El Primero sabe las limitaciones de la tecnología, y donde tiene su tendón de aquiles.

Espera, tengo que abrir el portón eléctrico manualmente (para no perder la practica, después de todo, ya viene la temporada de huracanes.) Ah, y es primavera, hora de arrancar el moto-generador de emergencia.

Ah, como me gusta el invierno y la primavera...

Estimado Lluís:

Veo por tus protestas que la "nevadita" infima que le cayó a BCN te ha molestado mucho. Lo que yo no comprendo es que en una ciudad avanzada de un país avanzado, que está tan al norte como la ciudad de New York le nieve unas 2 pulgadas y hay catástrofe. Para NY, NY 2 pulgadas de nievo pasan desapercibidas. A Atlanta, GA le nieva más y no pasa nada y está a más de mil Km al sur de BCN.

¿Qué pasa con la infraestructura de España? ¿No sirve? ¿El o los gobiernos no están preparados? ¿La gente no sabe que hacer?

Me hace sonreír, Lluís, porque recuerdo las críticas e insultos cuando el desastre de Katrina en la Costa del Golfo de México unos años atrás. En aquél entonces Europa entera, especialmente los españoles bañaron de insultos a USA por ser retrógrados, incompetentes, estúpidos, incapaces, presidente pasmado, etc. y eso que era un huracán enorme, con lluvias de más de 500 litros por metro, vientos de más 200 Km/h. Hasta recomendaron que USA tomara ejemplo de Holanda (quién defiende una costa miniatura contra vientos de 100 Kph y 3 metros de marea.) Pero ahora veo un par de pulgadas de nieve y España se va a la época de piedra.

Lo siento por las dificultades catalanas, Lluís. Ojalá que en el futuro más frío (como la ciencia nos viene notificando) Catalunya no termine como un tazón de gelato de diésel.

Muy descriptivo el título, pero de toda maniobra se sacan conclusiones y aqui ha quedado meridianamente claro que las empresas eléctricas no cumplen con sus deberes. Depender de una sola línea de A.T. por lo demás obsoleta conlleva estas debacles.
Ahora viene el capítulo de las indemnizaciones que mucho me temo serán asumidas por el consorcio, osea por todos nosotros...... Pais.

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Sobre el autor

es periodista. Director adjunto de EL PAÍS. Se ocupa de las páginas y artículos de Opinión. Escribe una columna semanal sobre temas de política internacional.

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