Con las elecciones municipales italianas el berlusconismo político llega a un punto de inflexión, probablemente irreversible. Il Cavaliere está sentenciado como presidente del Consejo de Ministros, y habrá que ver únicamente cuánto tiempo dura subido todavía en el pedestal y cómo se libra de la justicia después, cuando el manto del poder ya no le cubra. La derrota del berlusconismo político es sólo el aspecto más superficial y menor de un fenómeno mucho mayor y de signo contrario como es la victoria del berlusconismo cultural e ideológico. Este nefasto personaje ha pasado por la política italiana y europea como Atila y sus hunos: ha cambiado el paisaje de los medios y ha cambiado el paisaje político. Berlusconi ha ganado la partida, según precisa expresión de un buen italianista como es el escritor y columnista Antoni Puigverd. “La imago mundi de las clases populares”, señala en un artículo en La Vanguardia, “es la de Telecinco”.





