Lluis Bassets

El casino de las transiciones árabes

Por: | 10 de octubre de 2011

Las transiciones a la democracia requieren pesadas inversiones. Los partidos no se crean o refundan de la noche a la mañana. Tampoco los futuros cuadros políticos. La preparación de las reformas y de las elecciones, con sus correspondientes campañas, tienen altos costes. Todo esto requiere muchas inversiones, una gran perspicacia en las apuestas y también un buen nivel de control público y de transparencia, si se desea evitar la corrupción y asegurar unos sólidos cimientos de estos futuros sistemas políticos.

En la financiación de las transiciones se juega en parte la orientación geoestratégica de los países en proceso de cambio. Los países excomunistas recibieron una copiosa financiación de fundaciones, partidos y 'think tanks' americanos. En la transición española destacó notablemente la financiación de los dos grandes partidos alemanes. Y ahora, con las transiciones de los países árabes, se abre un auténtico casino político en el que van a apostar y competir fuerzas, partidos y países en muchos casos rivales e, incluso, enemigos a muerte.

Las apuestas no van a esperar a las citas electorales, sino que funcionan desde el primer momento en la actitud de los medios de comunicación, en la ayuda a los organizadores de las revueltas y a los partidos ya constituidos, e incluso en la participación en operaciones militares en apoyo de los rebeldes, como es el caso de Libia.

Casi todos los países con vocación de potencia regional, como Turquía, Arabia Saudí o Irán, participan en la enorme ronda de apuestas que han abierto las revoluciones árabes. Pero hay también países pequeños que juegan con bazas y desenvoltura de potencias, como es el caso de Qatar. La televisión catarí Al Yazira basta para definir el enorme radio de acción y la influencia del emirato en esta crisis.

La cadena panárabe ha tenido tanta o mayor influencia que las redes sociales en la organización de las protestas en Túnez y Egipto, pero con su canal en inglés ha obtenido credibilidad incluso en Estados Unidos. Pero Qatar, además, ha desempeñado un papel primordial en Libia, con la participación de su aviación en el dispositivo de la OTAN, duplicada militarmente por la ayuda, entrenamiento y quizás la intervención directa de sus fuerzas especiales.

Puede que también pujen europeos o americanos en esta mesa de juego sobre el futuro, pero esta no es su ruleta. Lo que en buena parte se dilucida en esta partida es cómo serán estas sociedades que quieren ser a la vez democráticas e islámicas. Dos de los tres modelos que compiten, el iraní y el saudí, son abiertamente autoritarios, y solo el turco permanece abierto, a pesar de todas las dudas que suscite. Pero el mejor y más democrático de los modelos será el que sean capaces de construir los ciudadanos de cada país despegándose de las inversiones e intereses exteriores.

Hay 7 Comentarios

Al señor Shimson: sobre los problemas que tienen los coptos de Egipto, hay un par de páginas en el Pais. Eun una de ellas se comenta que el problema no tiene unas raíces religiosas (estoy de acuerdo) sino más bien soicopolíticas desde los tiempos en que el Reino Unido se hizo con la propiedad del canal de Suez.

Sr Bassets: En algun articulo en los proximos dias, puede Ud. relacionarse a los problemas con los cuales se enfrentan actualmente los Cristianos en el M.Arabe?

Nos olvidamos de otra faceta, la militar, que ha marcado el tipo de poder en el mundo árabe desde los movimientos de las independencias tras la Primera Guerra Mundial. Nos centramos en la sencillez de las transformaciones sociales y en los cambios de estados y de sus sistemas en el poder y cómo entenderlos. Igualmente observamos con la inocencia infantil lo que podrían llevar las manifestaciones, las revueltas o las intifadas populares árabes de cambios necesarios en la estructura social y estatal. Olvidamos que en el mundo árabe los militares son la base y el cimiento que sostienen los estados desde más de medio siglo. Tanto en Túnez como en Egipto los militares son los que forman actualmente los gobiernos de transición, lo fueron antes ayudados por los aparatos policiales que son el principal apoyo del orden de los gobiernos. No hay certeza de que los futuros regímenes dejan de ser militares. En los demás países, (Yemen, Siria, Bahréin, por ahora), donde las revueltas no han tomado aún su meta final, el ejército está también tomando la batuta de la contrarrevolución, se arrastró consciente, o inconscientemente, a proteger a los gobiernos y en contra de la voluntad popular. Lamentablemente la democracia tal y como se entiende en el resto del mundo, la sociedad árabes, aunque quisiéramos decir lo contrario, aún no está preparada para ejercerla. Su democracia debe ser algo especial, que tome en consideración el carácter del tejido social, su tribalismo, su sectarismo religioso, y la lo más importante, el nivel cultural de buena proporción de esta sociedad.

Resulta enternecedor escuchar como los españoles hablan de las transiciones a la Democracia como si ellos la hubieran hecho ya con éxito y pudieran dar las fórmulas a los demás para acabar con la corrupción (ó tráfico de influencias legal) con las oligarquías (las viejas y las nuevas) y otras tradiciones tan arraigadas al espírituo nacional hispano.

En Sudáfrica hubo una transición del apartheid abominable de los blancos a la democracia iniciada por Mandela, que con media docena de personas más, una sola idea y la suficiente inteligencia emocional colectiva como ser humano, supo aunar a un pueblo con el corazón, lo que le valió el premio Novel de la Paz. Ciertamente no pudo culminar su labor como había pensado inicialmente por la edad, la falta de preparación y baja cualificación de la población negra, pero es posible que algún día, alcancen el ideal sembrado por Mandela.


Este ejemplo y otros, evidencian que el dinero o el casino de intereses, no suele constituir una sólida sociedad cohesionada y más justa socialmente, independiente de sus raíces culturales. El conocimiento, la preparación de los ciudadanos y, unos gobernantes y dirigentes entregados al supremo interés general de mejora de calidad de vida de sus ciudadanos, incitando y aunando lo mejor de los seres humanos, parece determinante en conformar una sociedad más equitativa de progreso con leyes justas sin discriminación. Suecia, Finlandia, Noruega, y otros países en curso, son un buen referente a seguir, integrando lo mejor que les ha servido para mejorar en todos los aspectos en libertad y libre elección.


Así, los dogmas de fe de la Democracia y demás ingredientes asociados del sistema capitalista, la cultura consumista y aparente progreso, no suponen garantía alguna de mejora, bienestar y calidad de vida para los pueblos y sus ciudadanos, sino se cuenta con el suficiente conocimiento y preparación, además de respeto de su cultura y una gobernanza en interés general. La felicidad y bienestar de los seres humanos, se conforma con muy pocas cosas, ajenas todas ellas a esta cultura dominadora, supuestamente liberadora que se pretende imponer con multitud de argucias y trampas saduceas.

Más que los estados, quienes empiezan a ser verdaderamente independientes son los ciudadanos, interconectados con el resto del planeta y retroaliméntandose para defender su libertad. Quizá algún día habrá una única nación que englobe a todos los ciudadan@s, sin más fronteras que su disponibilidad.

En Rhodesia hubo una transición hace mucho; ganaron las elecciones los de Robert Mugabe y nadie ayudó nada a Zimbabwe democrático y así están y encima les echan la culpa.

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es periodista. Director adjunto de EL PAÍS. Se ocupa de las páginas y artículos de Opinión. Escribe una columna semanal sobre temas de política internacional.

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