Hace medio siglo que Daniel Bell decretó el fin de las ideologías. En su visión de la sociedad posindustrial, organizada alrededor de los servicios y de las comunicaciones, se incluía la dilución de las diferencias entre derecha e izquierda y la aparición de alternativas tecnocráticas en los gobiernos. Aunque los años transcurridos desde la publicación de su libro parecían ir confirmando sus observaciones, lo que encontramos al final del camino es todo lo contrario: un mundo polarizado y extremista, dividido como nunca por ideologías y partidos.
Esta observación está documentada en Estados Unidos gracias a las encuestas realizadas por el Pew Research Center durante 25 años, pero fácilmente se puede extrapolar a otros países. Desmintiendo la profecía sociológica e incluso las primeras tendencias observadas al finalizar la guerra fría, en las dos últimas décadas el tradicional foso entre izquierda y derecha, progresistas y conservadores, o demócratas y republicanos si atendemos a los partidos estadounidenses, no tan solo se ha mantenido sino que incluso se ha ampliado en una sociedad cada vez más polarizada por los partidos mucho más que por la raza, la religión, la edad o el sexo. Y el mayor ensanchamiento del foso se ha producido, según el PRC, durante las presidencias de Bush y de Obama, y especialmente en esta última, con un presidente que se propuso, precisamente, combatir la polarización y buscar los consensos transversales, aunque haya conseguido exactamente lo contrario.





