Es una jugada triple. Tres monedas en el aire, tres dados que ruedan sobre la mesa o tres azarosas convocatorias electorales en el mismo día, cada una por su lado y sin relación alguna, salvo el mismo mar Mediterráneo que baña sus costas. Quizá sea esta la corriente profunda que une a esos tres países, Francia, Grecia y Egipto, donde hoy los ciudadanos acuden a las urnas: el terremoto que desplaza las placas tectónicas de la economía y de la política mundiales tiene su epicentro entre las dos orillas de la vieja cuenca mediterránea.





