El G-20 es el hijo de las crisis económicas y del desplazamiento de poder económico en el mundo. Lo es en su mismo origen, como reunión de ministros de Finanzas y gobernadores de bancos centrales ante la necesidad de responder a la crisis financiera asiática de 1999 con los nuevos efectivos de los países emergentes. Y lo es también en su versión más política, la que hemos visto reunida estos lunes y martes en Los Cabos, en la mexicana península de Baja California, en su formato de cumbres regulares de jefes de Estado y de Gobierno, inaugurado en noviembre de 2008, dos meses después del hundimiento de Lehman Brothers, al que se incorporan ya de forma definitiva las potencias ascendentes, que es para quien se ha organizado la fiesta.





