No hay golpe de Estado. Ni duro, ni blando. No hay contrarrevolución. Ni siquiera involución. Hay lo que siempre ha habido. Lo que nunca cambia, el poder de fondo, las estructuras pétreas del Estado, las realidades de hecho que componen la estructura de dominación de la sociedad egipcia. Todo esto es el ejército, representado por el Consejo Superior de las Fuerzas Armadas, que recogieron en la calle la vara ejecutiva soltada por Mubarak ante el ímpetu de los revolucionarios de Tahrir y no la piensan soltar de ninguna forma.





