La historia ha entrado últimamente en una época muy mala. Nunca ha sabido a dónde iba, pero ahora ni siquiera está segura de su propia existencia. Su corporeidad, tan efectiva cuando era solo una rolliza musa del Parnaso, la memoriosa Clío, se desvanece en la época de instantaneidad digital. Es el momento glorioso en que ella lo es todo y, en consecuencia, se acerca a la nada. Un partido de fútbol o de tenis, un gol a lo Panenka, una noche de negociación sobre la salvación de bancos quebrados, un auto judicial sobre delitos comunes cometidos por ciudadanos nada comunes, hacen historia; mientras matanzas, invasiones y atrocidades de todo tipo se hunden en los bajos llenos de neblina de las páginas digitales y en las columnas de breves de los diarios en papel.
La historia ha tomado esta semana dimensiones colosales. Ocupada diariamente en la crepitación del instante, el tuiteo de un famoso, la consistencia narrativa de un político o una supermarca deportiva, de pronto se adentra en las oscuras explicaciones de los orígenes del universo. La prensa con reputación ha sacado sus titulares mayores para anunciar el descubrimiento de una partícula subatómica que encierra la cohesión de la materia y la clave de los orígenes.
Una maravillosa jerga digna de la mejor imaginación literaria o teológica adorna estas primeras páginas como si fuera una broma contra el periodismo y su oportunista trivialización de la historia: hadrones, bosón, partícula de Higgs, acelerador de partículas. Sobre las explicaciones, mejor no entrar en detalles. Basta con atender a los futuros descubrimientos que se seguirán del feliz hallazgo. Sandro Bertolucci, el director del CERN (Laboratorio Europeo de Física de Partículas), nos lo cuenta con palabras calcadas a las que usaba Donald Rumsfeld, secretario de Estado de Defensa de Estados Unidos cuando Bush, para hablar de las armas de destrucción masiva: hay hechos desconocidos cuya existencia conocemos y hechos desconocidos que no sabemos que no conocemos. Estos últimos, a la vista del bosón, son el 96 por ciento del universo. No es Bankia, pero es noticia. Primera página. Abriendo. La historia nos habla, con voz potente, a través de una partícula invisible, una sólida conjetura científica que hace saltar las lágrimas de los físicos.






Hay 5 Comentarios
"Su corporeidad ... se desvanece en la época de instantaneidad digital."
El mal del periodista europeo del siglo XXI es creerse centro del mundo. Y está tan extendido que ya nadie lo ve.
Publicado por: Uno que estuvo allí | 08/07/2012 4:09:42
Como suele ser habitual, escrito en un estilo pretencioso y con atisbos de pedantería.
Publicado por: Noch ein Bier, bitte! | 08/07/2012 2:13:03
Y ya metidos en la arena de los avances científicos que no miran más que hacia atrás, ya podrían idear un acelerador de partículas ortopédicas que mire para adelante e intente desentrañar, si frenar no puede, cuánto tiempo nos queda para llegar al final, siquiera al del luctuoso más cercano. No sé, coño, si se acaban de estrenar los ojos de halcón hasta en el fútbol para evitar los goles fantasmas, y que tanto daño han hecho, bien podrían implantar otros ojos de lince, aunque sea en cautividad, para saber a qué atenernos de una s... vez con tanto abuso público como el que nos regalan nuestros gobernantes, sean quienes sean nuestros gobernantes, bien que con cargo a nuestro extinto bienestar. Hemos encontrado el Bosón, sea lo que sea el Bosón, pero nos sobra un Abusón. Sin apellido, por ahora.
Publicado por: Ciro2 | 07/07/2012 23:55:42
Acabo de llegar de Burgos y vengo empapado de nuestros antecesores de Atapuerca. Y si ya los miles de millones de años a que se remontan nuestros antepasados se me hacen tan ininteligibles como las distancias estelares en una noche despejada, ni les cuento cuando me entero de que millones de partículas se aceleran a toda mecha para tratar de ir todavía más atrás y calcular nuestro peso y tensión en el Universo. Seguramente es importante saber de dónde venimos, pero más lo es saber a dónde vamos, y para lo segundo, pan y vino. Por cierto, que bien he comido en un restaurante llamado Fábula y que hace honor a su nombre. Y está cerca, a un tiro de piedra, con o sin honda. Y puede tocarse y catarse sin acelerar demasiado.
Publicado por: Ciro | 07/07/2012 23:37:03
El artículo de Lluis Bassets es interesante por su parecido a un laser mental. Tiene una clara visión del desajuste ético de la actual civilización. La faltó un poco de optimismo. La referencia a "hay hechos desconocidos cuya existencia conocemos" sacadas de contexto, alimenta ese pesimismo que aflora en su comentario. Se le pasó por alto añadir que los poderes políticos y económicos compiten con el gran Pinocho de los comics.
Publicado por: RAMÓN | 07/07/2012 13:56:24