Internacionalizar. Esta es la palabra. ¿El conflicto? No, por favor. Eso pertenece a un campo semántico ajeno, exactamente el del entorno de ETA. En Cataluña no hay exactamente conflicto, al menos de momento, pero sí hay que internacionalizar. Estoy transcribiendo lo que oigo en Barcelona en los medios soberanistas más al caso. Intentemos ver, entonces, en qué consiste la internacionalización de la reivindicación o del caso catalán.
Hay una internacionalización elemental que ya se ha producido. Consiste en colocar a Cataluña con su reivindicación en el mapa. Se ha hecho con muy escasos medios y buenos resultados propagandísticos. Y en buena parte a caballo de una fácil ecuación: desprestigio de España, fulgor de Cataluña. Gusta mucho, es cierto, a quienes han entendido siempre que la prueba del nueve de la pureza catalanista es el daño que se inflige a España. El propio Artur Mas ha jugado esta baza: ante una España debilitada Cataluña ofrece al mundo su propuesta ilusionante. La teoría del expolio fiscal, de la España ladrona tan próxima a la Lega Nord, funciona muy bien en la internacionalización mediática. El hundimiento de la economía española es el argumento de enganche de esta historia que reclama primeras páginas.





