No tengo la menor idea de quién va a ganar el martes la elección presidencial. Encuestas y apuestas juegan en favor de Obama. Pero las cifras son todas muy ajustadas, de forma que al final puede jugarse en un bolsillo de votos en uno de los estados considerados indecisos (swing states). No tengo ninguna duda, sin embargo, si juzgo a partir del instrumento más impreciso y subjetivo, que es el de mi percepción directa de la imagen y la actuación de los candidatos en los mítines a los que he podido asistir estos días.





