Hoy no es un día de elección sino de rechazo. Ganará quien tenga a menos votantes enfrente. Ninguno de los dos candidatos despierta ilusión. Nada que ver con 2008, cuando la esperanza era el eslogan. Ni el titular ni el aspirante han sido capaces de proponer un programa claro con propuestas efectivas, salvo las ideas genéricas que corresponden a cada partido: Estado mínimo, nada de subidas de impuestos y más gasto militar el republicano, y políticas sociales, impuestos para los más ricos y contención del presupuesto militar el demócrata.





