De Obama a Obama no hay transición. Puede haber cambios: se rumorea que Hillary Clinton quiere dejar la secretaría de Estado, y habrá otros cambios en el gabinete e incluso en la orientación de algunos departamentos. Pero no hay transición, que solo se da cuando cambia el presidente, incluso aunque sean del mismo partido. Transición hubo de Clinton a Bush. Y de Bush a Obama. Y fueron todas transiciones complicadas: dentro y más todavía fuera, en el vasto e incontrolado mundo.
Una transición presidencial es por definición un momento de debilidad que los adversarios y a veces los amigos y aliados aprovecharán para sacar ventaja. No es un fenómeno americano, sucede en todas partes. Entre Carter y Reagan hubo la crisis de los rehenes americanos en el Teherán de los ayatolás. Entre Clinton y Bush empezó la segunda Intifada y el naufragio del proceso de paz, exactamente lo contrario de lo que pretendía el presidente con los últimos esfuerzos para un acuerdo. Entre Bush y Obama hubo la guerra de Gaza, que terminó en la víspera mismo de la toma de posesión presidencial o Inauguration. Y entre Obama y Romney, de haberse producido una transición, se hubiera abierto de par en par la ventana de oportunidad para el ataque isarelí a Irán.





