El nudo ha ido creciendo con los años. Es lógico el pesimismo, porque cada vez que alguien ha intentado desanudarlo lo único que ha conseguido es embrollarlo más todavía. Si observamos con atención veremos que no es un nudo, sino tres. Cuando uno se afloja los otros quedan más firmes.
Así es Oriente Próximo. El mayor nudo aparentemente es el que ata a israelíes y palestinos en una confrontación casi siempre violenta desde hace unas siete décadas. Aunque los israelíes apelen a una historia de tres milenios, es el nudo más joven, hijo directo del siglo XX. Conocemos la fórmula para desanudarlo y es la que aprobó la Asamblea General de Naciones Unidas hace 65 años adjudicando una parte del territorio entre el Jordán y el Mediterráneo a los judíos y la otra a los palestinos, es decir, los dos Estados en paz y seguridad conviviendo uno al lado del otro. Entonces no la admitían las autoridades árabes y ahora no la quieren las autoridades israelíes.





