En política no hay cadáveres. Los mejores ejemplares triunfan incluso después de muertos. Por profundas que sean las heridas, incluso las auto infligidas como es el caso de Artur Mas, la resurrección siempre es posible. Es difícil, ciertamente, porque la fortuna, la oportunidad que debe saber aprovechar el Príncipe maquiavélico, no suele pasar muchas veces.
A algunos no les pasa nunca, a otros les pasa una sola y no saben sacarle partido alguno, y otros más saben aprovechar la última que les encumbra hasta la cima justo cuando estaban a apunto de tirar la toalla. Hay ejemplos a porrillo, pero cada uno puede buscar los suyos.





