Estamos ante una aporía. Es una palabra profesoral, de origen griego, que significa dificultad para el paso. Es el desfiladero que da título al último libro de Jordi Pujol, El caminant davant del congost (El caminante ante el desfiladero en su versión castellana). O incluso más, porque en el desfiladero hay la esperanza de que el estrechamiento termine con un punto de luz que permite cruzar la cordillera. La aporía es una paradoja, una contradicción irresoluble. Es el callejón sin salida, el cul-de-sac francés o el catalán atzucac, palabra de origen árabe documentada desde 1238 según Joan Corominas, que se ha mantenido sobre todo en tierras valencianas. No hay camino por donde avanzar y la única vía expedita es el retroceso, regresar al pasado.
I ara què fem? ¿Y ahora qué hacemos?, se preguntó uno de los asistentes. El profesor Francisco Rubio Llorente fue quien dio el diagnóstico. El eminente constitucionalista tiene la fórmula jurídica para salir del paso, pero el jueves quedó claro, por si no lo estaba suficientemente, que no hay gobierno español ni mayoría parlamentaria que acepten la mera hipótesis de la consulta a los catalanes sobre su futuro que Rubio Llorente quisiera facilitar. Una parte, la catalana ahora mayoritaria, considera que no hay solución al conflicto sin consulta a los catalanes, y la otra, que cualquier solución que pueda encontrarse debe excluir de principio la posibilidad de la consulta, al menos solo a los catalanes. Es una aporía.





