Cuanto mayor es el marco más difícil es moverlo. Los que son modestos y sencillos también son fáciles de transportar e incluso de cambiar. Pero cuando tienen grandes dimensiones y están sobrecargados de molduras y adornos resulta muy difícil llevarlos de un sitio para otro e instalarlos en su emplazamiento definitivo. El riesgo de que den en una pared o se caigan es enorme.
Esto es lo que le ha ocurrido a Artur Mas. Había construido un marco colosal, de dimensiones históricas, en el que había conseguido enmarcar la entera política catalana durante los últimos meses y, gracias a un adelanto electoral que se ha revelado catastrófico, fruto de un mal cálculo, se le ha caído hasta hacérsele añicos.





