Lluis Bassets

Aporía, desfiladero, atzucac...

Por: | 17 de diciembre de 2012

Estamos ante una aporía. Es una palabra profesoral, de origen griego, que significa dificultad para el paso. Es el desfiladero que da título al último libro de Jordi Pujol, El caminant davant del congost (El caminante ante el desfiladero en su versión castellana). O incluso más, porque en el desfiladero hay la esperanza de que el estrechamiento termine con un punto de luz que permite cruzar la cordillera. La aporía es una paradoja, una contradicción irresoluble. Es el callejón sin salida, el cul-de-sac francés o el catalán atzucac, palabra de origen árabe documentada desde 1238 según Joan Corominas, que se ha mantenido sobre todo en tierras valencianas. No hay camino por donde avanzar y la única vía expedita es el retroceso, regresar al pasado.

I ara què fem? ¿Y ahora qué hacemos?, se preguntó uno de los asistentes. El profesor Francisco Rubio Llorente fue quien dio el diagnóstico. El eminente constitucionalista tiene la fórmula jurídica para salir del paso, pero el jueves quedó claro, por si no lo estaba suficientemente, que no hay gobierno español ni mayoría parlamentaria que acepten la mera hipótesis de la consulta a los catalanes sobre su futuro que Rubio Llorente quisiera facilitar. Una parte, la catalana ahora mayoritaria, considera que no hay solución al conflicto sin consulta a los catalanes, y la otra, que cualquier solución que pueda encontrarse debe excluir de principio la posibilidad de la consulta, al menos solo a los catalanes. Es una aporía.

El historiador José Álvarez Junco describió la situación como dos discursos paralelos que no terminan de encontrarse y se quedó corto. Son discursos divergentes que van distanciándose cada vez más. El debate que nos ocupa se celebró con dos fondos que inquietan, cada uno a un lado distinto: la reforma de la educación y de la inmersión lingüística que propone el ministro de Educación, José Ignacio Wert, y la negociación entre CiU y Esquerra para la investidura y el gobierno. Es decir, dos líneas divergentes, que además se retroalimentan.

La iniciativa de Wert eclipsa el debate sobre el significado de los resultados electorales para el nacionalismo, revigoriza a un presidente Mas afectado por el incumplimiento de sus altísimas expectativas y confirma al bloque soberanista en la necesidad de cerrar filas alrededor del Gobierno. Solo desde el punto de vista de la correlación de fuerzas, Artur Mas tiene ahora a su lado a 107 diputados catalanes, mientras que Wert tiene a 28. El pacto de investidura entre CiU y ERC, que incluye el compromiso de tener todo listo para la consulta en enero de 2014, produce el efecto contrario en las filas del PP y en buena parte del PSOE.

España no es la FAES. Cataluña tampoco es Convergència. Todos de acuerdo en ambas cuestiones, tras no poco trasiego conceptual, habitual en estos casos; sobre el significado de los pronombres: nosotros, vosotros, ellos; sobre las identidades colectivas y el derecho a tomar la palabra en su nombre; o sobre la voz colectiva e intemporal que permite que alguien hable en nombre de los catalanes de 1640 o de 1714 o de los españoles de 1492 o de 1812. Esas identificaciones esencialistas, en las que incurren con mucha facilidad los nacionalistas de más largo aliento, no son gratuitas y hacen un buen servicio a la hora de agrupar adhesiones y separar el grano de la paja, es decir, a los tibios y los críticos de los entusiastas y creyentes.

Pero lo peor que tienen es que hay un momento, como el actual, en que se acercan peligrosamente a una verdad política: entre las ideas de la FAES sobre España y los proyectos de independencia del soberanismo catalán queda muy poco espacio o no queda nada. Así lo percibe Jordi Pujol: la FAES no es España pero es quien cuenta en España. Faltaba decir, pero se le entendía perfectamente: y no ustedes los socialistas. Y así lo percibe el PP, que tampoco ve por ningún lado otro proyecto para Cataluña que no sea, en el mejor de los casos, dejar las cosas como están o, en el peor, recuperar competencias centrales como quiere Wert.

Todo esto quedó demostrado en el debate, en todas y cada una de las mesas sobre economía, lengua y política, y también en el diálogo entre Pujol y González. El único punto de acuerdo sin fisuras es que hay que seguir hablando. Toda solución, si acaso hay solución, pasa por el diálogo y el pacto. Incluso la peor solución, también esta pasa por el diálogo. No puede haber ni siquiera independencia si no hay finalmente diálogo y pacto con España.

Hay otra paradoja, otro atzucac, en la cuestión del pacto. Se entiende que Cataluña ha recibido desde las instituciones del Estado tres negativas tajantes a sus propuestas: no al Estatuto de 2006 tal como fue aprobado por las Cortes y por los catalanes, no al pacto fiscal que cuenta con una mayoría social y política, y no al derecho a decidir que ahora ha polarizado las elecciones catalanas. Esta triple y gradual negativa suscita dos interrogantes de muy distinto orden. ¿Alguien tiene una propuesta interesante para Cataluña o solo hay una máquina que dice no a todo? ¿Cómo pueden esperar los nacionalistas catalanes que el Gobierno español hable y al final pacte lo más, la independencia, sino hay disposición para hablar y pactar para lo menos?

El optimismo antropológico no clausuró su ciclo con Zapatero. Lo hay en los dos campos polarizados, en el soberanismo o independentismo y en el inmovilismo o regresismo españolista. Pero el común de los políticos, empresarios e intelectuales que asistieron al debate viven la aporía como lo que es, una angustiante paradoja o un nudo gordiano que solo podrán deshacer la determinación y el coraje de los gigantes políticos. Puede que fueran estas virtudes heroicas, hoy tan ausentes, las que permitieron el éxito de la Transición.

Ahí estaban Pujol y González para evocar los viejos buenos tiempos en que había confianza, proyecto común y conexión emocional, objetos todos ellos hoy ausentes según la cartesiana descripción del presidente Mas. Pero también había líderes capaces de convencer en vez de vencer y derribar al adversario, como lo fueron Pujol y González. ¿Hay que esperar a que aparezcan unos nuevos gigantes que nos ayuden a pasar el desfiladero?

El tiempo juega en favor de la divergencia, pero el resultado de las elecciones catalanas y la fragilidad de la nueva mayoría de Gobierno van a dar un pequeño respiro, una ventana de uno o dos años. Desde Barcelona está muy claro quien tiene que mover ficha. Después de tres negativas a las propuestas que salieron de Cataluña toca hacer propuestas constructivas desde el Gobierno de España. Si lo que entra en la ventana de oportunidad está en la línea de Wert, en las próximas elecciones, en dos años quizás, habrá una mayor polarización y puede que las mayorías soberanistas se ensanchen y radicalicen.

No es el caso de la propuesta de reforma federal de la Constitución de Alfredo Pérez Rubalcaba, a pesar de su explícita exclusión del derecho a decidir. No vale ahora la respuesta estereotipada de cierto soberanismo: a buenas horas, mangas verdes. Es decir, ya es tarde. Josep Anton Duran i Lleida fue explícito. Mejor tarde que nunca. No sé si es tarde, pero es imprescindible dialogar.

Artur Mas finge que los resultados electorales del 25-N nada han cambiado en su hoja de ruta. Pero no es así. No tiene una legislatura entera ante sí. No ha conseguido el plebiscito personal a su plan y a su negociación de tú a tú con Rajoy, desde una mayoría absoluta frente a otra mayoría absoluta. La pluralidad de las urnas, lejos del plebiscito, es un mandato a los políticos para que hagan política, es decir, que hablen, que dialoguen, que pacten. Y también, por tanto, que se den una segunda oportunidad. Que abran de nuevo las puertas que habían dado por cerradas para siempre. Que no desdeñen las propuestas federalistas. No se convierte el callejón sin salida en un desfiladero hasta que no se consigue encontrar el paso que se abre al nuevo paisaje. Y esto requiere constancia, paciencia, obstinación incluso.

(Este artículo se publicó el domingo en el suplemento especial sobre el debate Cataluaña-España celebrado el jueves 13 de diciembre en el MACBA de Basrcelona, del que Joaquín Prieto rindió cuenta en esta crónica).

Hay 11 Comentarios

Pero cuál será el nombre final del bipartito, Convergencia con Esquerra, (CiER) Esquerra con Convergencia (ERiC). No lo sé, pero a la U le han dicho ambas tururú.

Reunidos para comerse el mundo, acabarán comiéndose entre ellos, para gozo del resto. Uno empezará comiéndose la cola del otro mientras éste le come la cabeza al uno, hasta confluir cabeza con cabeza. Este será el resultado de este 69 político. O eso espero. Seguro que sí, tanto engaño mutuo no puede acabar bien.

Tengo entendido/oído que la última fase que preveían los terroristas para consumar su escalada violenta era la del enfrentamiento civil. Parece que estos independentistas, bisoños y avezados, se ven ya preparados para acelerar la fractura civil.

De CiU a ERiC hay un salto, un pequeño salto para el gigante y un gran paso para el enano. ERC gobierna en minoría excepcional, al menos un ratito, merced a la mayoría exigua de CiU.

Luego está Mas. Mas dice cosas increíbles. Tampoco creo que Cataluña sea nunca independiente de España, pero tampoco hay que descartarlo del todo. Pensar que España es indivisible es un error como lo fue la creencia de que el átomo era indivisible (de ahí su nombre), para tener que reconocer más tarde que no, que los átomos están compuestos por partículas subatómicas, lo leí el la wikipedia. Las palabras son pura contradicción en su significado. El lenguaje define los límites del mundo, y explora lo inexistente. Esta exploración puede que no se transforme en una realidad palpable, acaso no la esperada, pero puede que sí. El objetivo dije es la eficacia. Cataluña es un territorio más rico que buena parte del resto de España y no desea compartir con nadie el esfuerzo del clan. Esto no es ideología sino pura biología. Tras la retórica ideológica hueca (escuchen si no a Mas), están agazapadas las razones materiales. Everybody knows. Esto no quiere decir que esta apuesta fuera, si se cumple, fiel a la eficacia, la máxima que la alienta, o que lo fuere durante un tiempo razonable para poderla juzgar como tal. Los organismos también se equivocan en sus apuestas biológicas y muchas veces perecen en su intento. Su muerte será aprovechada por el resto de la comunidad biológica. Las naciones tienen fronteras como el idioma o las montañas. Las fronteras catalanas no son lo suficientemente altas, se me antoja. España se parece más a Bélgica que a la Alemania de los länder. Hasta no hace mucho tiempo, y aunque nos hayan hecho creer lo contrario, los españoles no tenían conciencia de serlo, ni los franceses, ni lo alemanes tampoco. Este concepto de la nación-estado (Mas), es muy moderno. En la edad media y mucho antes con la república y luego el imperio romano, el sentimiento de pertenencia apenas alcanzaba al clan familiar o acaso de territorios muy pequeños. El tamaño los hacía frágiles frente a los ejércitos romanos, que decidieron en un momento dotar de ciudadanía romana a comunidades muy alejadas del poder de Roma, con la intención de acogerlas en su seno, y censarlas para obtener los impuestos derivados y los recursos humanos necesarios para mantener la lucha. Las naciones estado modernas apenas si tienen dos siglos de vida. Los últimos estados nación fueron proclamados en los Balcanes. El próximo puede ser Palestina, o Cataluña. Se admiten apuestas.

La controversia Cataluña-España es una controversia ideológica; ideológica en el sentido de que se trata de una disputa política, e ideológica en el sentido de que responde a los intereses de determinados grupos sociales, grupos que son menos transversales de los que muchos parecen opinar, tanto en Cataluña como en el conjunto de España. Lo malo de las ideologías es que acaban construyendo un "relato" de la realidad encaminado no a describirla, sino a modificarla y uno acaba discutiendo sobre el encaje de Cataluña en España como si estuviéramos hablando de una realidad cuando tan solo es una metáfora. Un tipo dice:Cataluña así no puede seguir. Otro dice: el camino al que llevan a Cataluña no conduce a ninguna parte. Y yo me pregunto ¿Pero qué es Cataluña? ¿Está vertebrada o invertebrada? ¿Tiene una lengua o dos? ¿Acaba en Gerona o en el Rosellón? ¿Si quiero hablar con Cataluña qué teléfono tengo que marcar?

Vamos a buscar la solución entre todos al encaje de Cataluña en España y el de España en Cataluña, a ser posible sin faltar al respeto, que ya nos conocemos de antiguo. Que es la falta de respeto, me parece, la causa de todo este lío, al margen de que haya también independentistas de antaño. Tanta broma a costa del prójimo, tanta exacerbación dialéctica para ganarse a los propios como si el resto fueran ajenos, tanto boicot y tanta gaita, solo puede llevarnos al enquistamiento del conflicto. En lugar de que el paso del tiempo haya creado el poso de nuestra conjunción como país unido, uy, qué bonito suena, cada día que pasa se aprovecha para ahondar más en la diferencia, pensando, desde un lado, que se está a un paso de la separación a poco que se apriete un poco más el acelerador de la secesión, al tiempo que en el otro nunca faltan toros bravos que trata de aprovechar la mínima debilidad para imponer el castigo de la unión por las bravas. Viva una Cataluña española y una España catalana, vivan una España y una Cataluña europeas en esta Europa unida en formación. Madre mía, esto de los vivas es que te hacen parecer un coronel de infantería.

Que bien se nos da explicar los problemas de los demás. Si algo importante ha conseguido el nacionalismo catalán ha sido inocular el agente de la pertenencia. Para que un ser pueda sentirse perteneciente a un clan, debe existir al mismo tiempo otro sentimiento de exclusión. Este mecanismo biológico, ha sido hábilmente explotado por los gobernantes desde hace mucho tiempo, pero sobre todo desde el reciente nacimiento de las naciones modernas. En este mecanismo el idioma materno ha jugado un papel preponderante. La relación de nuestro organismo con el idioma materno es particular, y va más allá del mero aprendizaje mecánico de una disciplina intelectual. El lenguaje modela y da forma a nuestra manera de entender y explicarnos el mundo que nos rodea. Muchos de estros próceres nacionalistas han tenido, sin embargo, que aprender los idiomas instrumentos del nacionalismo, de mayores. Podemos asegurar por tanto que el aprendizaje a posteriori de estos idiomas son para ellos herramientas, o instrumentos culturales secundarios, que alojan en un lugar diferente de su cerebro, de donde se aloja el idioma materno. La agrupación del clan por idiomas es ya un clásico. Más allá del interesantísimo debate antropológico sobre los orígenes del nacionalismo, lo que a mi más me interesa es encontrar una explicación biológica aceptable, al porqué de la explotación de este mecanismo, y su desarrollo en el organismo. Que interés tiene el agente para que sea utilizado por los organismos. La explicación la encontramos en la eficacia. Una vez el organismo convencido de pertenencia a algo, y con un potente vínculo como es el lenguaje, es fácil reconducir el impulso energético biológico hacia un fin común. Estos organismos son en realidad engañados por el agente inoculado que opera en ellos de manera tiránica. Para reforzar el sentimiento de pertenencia, se explota a su vez el de exclusión. Si nos sentimos pertenecientes a demasiadas cosas, sobre todo si son del mismo género, la eficacia de nuestro esfuerzo y la intensidad de nuestro deseo disminuye y se diluye, debilitando a la comunidad, y haciéndola vulnerable frente al otro.

En el fondo, la idea del tarro de las esencias ya está caduca. Hoy una persona, ante la apertura de los medios de comunicacion digitales y la red, tiene una vasta ventana desde la cual mirar y comparar. A los jovenes, buscad la libertad con vuestro esfuerzo, no espereis a los cantamañanas de uno u otro lado. Son cantares ya viejos, ideas acumuladas bajo años de molicie. Haced vuestro ese futuro, empoderaos y apartadlos y escribid con sudor y alegria un nuevo camino. Es la hora.

Hay tres principios elementales de orden sistémico que, si no se respetan, llevan al conflicto: 1) Pertenencia, 2) Orden de Jerarquía, 3) Equilibrio entre dar y tomar. ¿Quién no los respeta? ¿Dónde están los bloqueos? ¿Cómo desbloquearlos?
Dichos bloqueos suelen ser emocionales e inconscientes. Se sabe que existen por los síntomas, por las evidencias de que hay algo que no funciona. ¿Hasta cuando vamos a estar enganchados en nuestras emociones que nos impiden avanzar? ¿Estamos dispuestos, usted y yo, a trabajarlas y a soltarlas? ¿Estamos dispuestos a fluir y dedicar así todas nuestras energías a la consecución de objetivos buenos para nosotros, las generaciones que nos siguen y para otros que nos necesitan? ¿Tenemos miedo a ser poderosos?
Identidad ¿Cuál es mi identidad? ¿Cuáles son los verdaderos elementos esenciales constitutivos de ella? Si algunos de ellos me llevan a conflictos irresolubles ¿Merecen formar parte de mi esencia, de mi identidad?
En la vida y en la naturaleza hay muchos caminos por recorrer. ¿Qué nos hace elegir unos y no otros? ¿Qué nos inmoviliza o nos lleva al pasado, mientras otros fluyen hacia un buen futuro?

¡Atzucac! Y todos a bailar al ritmo del chachachá de ERC.

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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