Lluis Bassets

Los abismos de Obama

Por: | 20 de diciembre de 2012

Hay épocas de llanuras y valles plácidos y épocas accidentadas y abruptas, cuarteadas por abismos infranqueables. Los más difíciles de superar suelen ser fruto del esfuerzo humano, excavados voluntariamente, gracias a la obstinación y a veces la intolerancia. La política en Estados Unidos tiene la virtud poética de las buenas metáforas. Ahí está el fiscal cliff, el abismo fiscal para demostrar lo uno y lo otro: la creación artificiosa de un obstáculo que parece insalvable y la capacidad sintética de encapsularlo en una expresión redonda.

El abismo fiscal se abrirá bajo los pies de la administración de EE UU el primer día del año 2013, dentro de doce días, en caso de que previamente no se haya producido un acuerdo presupuestario entre la presidencia y el Congreso, en el que hay que conciliar la defensa del gasto social por los demócratas con la maldición contra los impuestos de los republicanos. Sucederá por designio del propio Congreso, que aprobó unos recortes lineales y automáticos del gasto público para dicha fecha, simultáneos a la expiración de los recortes de impuestos decretados por Bush en 2001 y prorrogados por Obama. Todo ello si no hay antes el ya mencionado acuerdo presupuestario entre la Casa Blanca y el Congreso que reduzca el déficit público a la mitad.

En el estado actual de las trepidantes negociaciones, encabezadas por Barack Obama y por el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner, este último ya ha accedido a incrementar la presión fiscal sobre los más ricos, en concreto quienes tienen unos ingresos anuales superiores a un millón de dólares, lejos del límite de 250.000 dólares que proponía el presidente y también de su última oferta de 400.000.

El abismo fiscal, con la amenaza que lo acompaña de una caída de la economía de EE UU y detrás la del resto del mundo, no es el único que se abre bajo los pies de los estadounidenses, para desgracia de quienes siguen cayéndose en ellos. Los niños y maestras del colegio Sandy Hook de Newtown son las últimas víctimas engullidas por el abismo excavado por la obsesiva identificación entre la libertad de los ciudadanos y la posesión de armas de fuego, derivada de una lectura de la Constitución que va más allá incluso de lo que dice literalmente su segunda enmienda.

Detrás de todo abismo se hallan agazapados grupos de intereses no siempre confesables. El abismo se franquea en el momento en que los multimillonarios dejan de aparecer como una delicada especie a la que hay que cuidar como si estuviera en peligro de extinción y no sobreprotegida como se encuentra; o cuando la sacrosanta libertad de portar armas para defenderse ya no se traduce en el derecho a acumular arsenales y pasear por los campus con subfusiles de asalto escondidos bajo la gabardina. Hay un momento en que la presión de los grupos especializados en ejercerla deja de ser efectiva y entonces puede revertirse de golpe toda su influencia.

El mejor ejemplo en la historia inmediata es la derrota de los amigos de Taiwan ante las necesidades de apertura estratégica ante la China de Mao, que llevó en 1971 y muy rápidamente a la expulsión de la isla nacionalista del Consejo de Seguridad y de Naciones Unidas para dejar libre la silla a la República Popular China. El lobby taiwanés estaba muy identificado con los republicanos y los guerreros fríos anticomunistas, pero fue precisamente su paladín, Richard Nixon, quien cometió la sacrílega reversión de posiciones. Algo similar podría decirse respecto a la resistencia de la industria tabaquera a las prohibiciones de fumar en espacios públicos, antes de que empezaran a llover sobre ella unas demandas millonarias que la pusieron contra las cuerdas.

Ahora estamos a punto de presenciar como los republicanos relativizan o dejan de obedecer a Grove Norquist, el patrono del lobby anti impuestos e inventor de un juramento que todos los republicanos electos han firmado, por el que se comprometen a rechazar su voto a cualquier incremento de la fiscalidad sin importar a quien afecte. Lo mismo puede suceder con la Asociación Nacional del Rifle, poderosísimo lobby de las armas, ahora levemente ablandado por la tragedia de Newtown y al parecer dispuesto a consentir con la limitación de las armas más peligrosas.

Algún día ocurrirá algo parecido con los colonos que ocupan los territorios palestinos de Cisjordania, actualmente muy apoyados en el partido republicano, en el electorado evangelista de los estados sureños y, destacadamente, en el AIPAC (American-Israeli Public Affairs Committee), el potente lobby conservador israelí. En todos estos casos se da una similar fabricación o invención de una tradición política, para justificar el mantenimiento de un statu quo mucho más reciente. Ni en la época más salvaje del Oeste americano había la permisividad con las armas que se ha instalado ahora, ni la aversión a los impuestos es inherente a la alma estadounidense, ni la relajación de cualquier exigencia a los gobiernos de Israel respecto a los derechos de los palestinos forma parte de un ADN en las relaciones internacionales que se remonta a los padres fundadores.

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"¿La virtud de no pedir?"
Contra el vicio de dar, la virtud de no pedir, ese parece el nuevo refrán al que se acoge Mariano Rajoy para rechazar el rescate. Personalmente, ya no sé a qué carta atenerme, si a la de quienes exigen que se pida el rescate de inmediato, o a la de nuestro presidente, empeñado en esperar y esperar. Son muchos, incluyendo a este periódico a través de sus editoriales, esos que tanto incordian a Montoro, son muchos, digo, entre partidos políticos diversos y empresarios, quienes advierten sobre la necesidad improrrogable de solicitar un segundo rescate, el de la deuda, y decidirlo ya. Mariano Rajoy ha respondido con sorna que no es cierto que no haya decisión al respecto. Él ha tomado ya una decisión: no pedirlo. Vale. Quienes se lo exigen, el rescate, esgrimen razones de peso que afectan al futuro y al crédito de España en el exterior. Y no parece que hablen a humo de pajas. En cambio, nada sabemos de cuáles son las razones que mantienen en sus trece al presidente español, fuera de que a Merkel no le interesa, aún, según confesó el propio Rajoy a los sindicatos. Dependemos, pues, del 'aún' foráneo. Eso sí que es cesión de soberanía y lo demás es tontería. Desde esta humilde tribuna, y sin ánimo de molestar, preguntaría a nuestro presidente lo siguiente: ¿qué ventajas obtiene, ha obtenido u obtendrá nuestro país con su decisión de retrasar el segundo rescate, o al revés, como gusta al gallego, cuáles son o habrían sido los perjuicios de adoptar la decisión contraria, la de formalizar el rescate hace unos meses? Al presidente anterior le costó un Potosí, y parte del otro, no reconocer la crisis, pese a tenerla a un palmo. ¿No estará tropezando en este asunto, señor Rajoy, en la misma condenada piedra de su predecesor, la de no querer ver para que no veamos, a riesgo de estamparnos otra vez? ¿Cuánto nos costará su obtuso brindis al sol? Porque sí, ya sabemos que el rescate agravará nuestra penosa situación (más recortes, menos derechos), pero, ¿cuánto más lo hará con su retraso? Usted suele decir que estamos como estamos por no haber llegado usted antes para tomar las medidas a tiempo, recordándonos una y otra vez que ahora las medidas son más dolorosas precisamente por esa demora. ¿Cuánto nos costará esta vez el retraso?Aclárese a ver si así nos aclaramos todos de una s... vez.

Entre tanta desaparición, ha nacido una estrella, digo, una revista: Alternativas Económicas. En los tiempos que corren, que no mueren más que proyectos en el mundo de la información, alguien se arranca por soleares y se atreve a publicar una revista en papel. Dirige la revista el periodista Andreu Missé.

2.1.2013 el destino (de los paises) de los necios,viles,malhechores...

Y ya que estoy aquí, hay otro libro de reciente aparición que recomiendo a todos que es "El dinero en The New Yorker", libro de viñetas de esta revista sobre la economía y el dinero. Hay chistes buenísimos, como ese en que un cliente de un banco exige pistola en mano: deme todo el dinero de mi cuenta.

Estoy leyendo un libro muy interesante de Chaves Nogales, como todos los de este periodista sevillano, sobre la aventura colonial en Ifni. Al hablar del régimen de gobierno, apunta lo siguiente: "en su sistema, el Ait el Arbain, el diputado a cortes, no lo es durante un determinado tiempo, sino que lo es concretamente para cada cosa y en cada instante puede ser desautorizado por su yemaa... Es decir, que en el momento en que el diputado no está siendo un mero ejecutor de la voluntad de sus electores, prescinden de él y le nombran sustituto. El que gobierna efectivamente es el pueblo en todo momento". Desde luego, en nuestro sistema esto no ocurre. Quizás lo más parecido a esto que conocemos son precisamente esos poderes oscuros, pero nada ocultos, que no admiten infidelidades de ningún tipo. Vamos, que los malos han imitado el sistema bueno y los buenos seguimos con el malo.

Todo son luchas de poder entre quienes lo ostentan y quienes lo detentan.

Acaba de volver a ser publicado hombre del año por la revista TIME, madre mia.

Lo que viene a ser, en pocas palabras, que la marea siempre cambia. "nothing is set in stone, but death to us all". De ahí que la realidad cambiante, tire de la alfombra que hay debajo de los pies del partidario más recalcitrante de una ideología, creencia o religión. Ya los filósofos sabían que sólo los valores personales de la ética tienden a la permanencia, pero aun éstos no aseguran nada.
Y en política, esto se sabe desde hace mucho. Miren, recuerdan ustedes el salvaje individualismo posmoderno de los 80? Ahora que vivimos la resaca, esas propuestas se resquebrajan. Se vuelve a la comunidad, a la reorganización, al trabajo y esfuerzo común. Quien viera hoy a Gordon Gekko en "Wall Street" sentiría ahora bullírsele la sangre, o como mínimo torcer el gesto. Nos cuesta reconocerlo, pero no sabemos controlar el capitalismo (de hecho, hay pendiente una perspectiva intrigante a largo plazo: cómo compatibilizarlo en un contexto de bajo consumo energético y bajo volumen de consumo, y peor aún si esta perspectiva la adoptarán los paises emergentes). Nos hemos dado cuenta que no es deseable un mercado sin regulación a largo plazo. Fíjaos que el propio ser humano establece reglas en sus sociedades, creando cauces para las relaciones humanas. Está en nuestra naturaleza social. La pulsión entre vivir entre un entorno estable y reconocible (el ser humano acomoda todo a su misma proporcion de su cuerpo, basta ver sus ciudades) y su pulsión individual. La respuesta, como siempre, está en el equilibrio de ambas tendencias. Y en la política, las mismas naciones que son enemigos mortales, a veces tienen que hacer encaje de bolillos en la globalidad internacional, cuando la marea se torna.

Por no hablar de Garoña, a la que han tenido que ser los impuestos los que la detengan. Como a Al Capone.

¿La alma?

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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