Lluis Bassets

Para tomar nota

Por: | 22 de diciembre de 2012

Tomen nota del número: 2085. Corresponde a una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, aprobada por unanimidad el jueves. Autoriza el uso de la fuerza para que las autoridades de Malí recuperen los territorios ahora controlados por grupos rebeldes y restauren la unidad del país y comporta la creación de una fuerza internacional de 3.300 soldados, bautizada como AFISMA (African-led International Suport Mission in Mali) y aportada por los países africanos de la CEDEAO (Comunidad Económica de los Estados de África Occidental), cuyo despliegue está previsto para septiembre de 2013 y con un mandato de un año.

¿Por qué les digo que tomen nota? Por lo insólito del caso. La última resolución del Consejo de Seguridad que autorizó el uso de la fuerza fue la 1973, de marzo de 2011. Establecía la creación de una zona de prohibición de vuelos sobre Libia para proteger a la población civil de los ataques terrestres y aéreos del coronel Gadafi y se aprobó con diez votos a favor y cinco abstenciones, entre las que se contaron las de dos países con derecho de veto, como Rusia y China. La misión, dirigida por la OTAN, suscitó numerosas críticas, tanto por las víctimas civiles de los bombardeos aéreos como por el desbordamiento del mandato, inicialmente para proteger a los civiles pero pronto transformado en derrocamiento del régimen.

Después de la experiencia de Libia fueron numerosos los expertos que dieron por liquidada para muchos años la doctrina sobre la responsabilidad de proteger, que incluye el derecho de injerencia por parte de la comunidad internacional cuando hay una población amenazada. La prueba llegó antes de que terminara la misión en Libia, el 31 de octubre, con la represión de las revueltas en Siria, las acusaciones de genocidio contra su jefe de Estado Bachar el Assad y finalmente la abierta guerra civil de ahora. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ni siquiera ha podido ponerse de acuerdo en la imposición de sanciones al régimen, vetada por Rusia y China por temor a una escalada de resoluciones que pudiera llegar hasta la intervención exterior.

No ha sido el caso de la iniciativa francesa para conseguir la autorización del uso de la fuerza en Malí, votada sin problemas por Rusia y China. La facilidad con que esta resolución ha obtenido la unanimidad explica muchas cosas sobre la organización del nuevo mundo global y el comportamiento de las potencias emergentes. No hay aquí propósito alguno de proteger a la población civil, a pesar del infierno en que viven los malienses del norte bajo la dictadura de las milicias islamistas de Al Qaeda y de otros grupos radicales que aplican la sharia. El objetivo es ahogar el foco terrorista que ha aparecido en pleno Sahel y a la vez garantizar la integridad territorial y la soberanía de Malí, cuestiones que suscitan el consenso de todos. Para tomar nota.

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Aunque claro, igual ocurre, como se cita en un librito de Hannah Arendt, ('Eichman y el holocausto', - Editorial Taurus), recogiendo las palabras de Louis de Jong, en relación con la distinción entre judíos para su distinto tratamiento, en las que afirma que "es práctica generalmente observada reconocer ciertas excepciones, a fin de permitir el más fácil mantenimiento de la norma general". Legitimar la burrada general mediante la caricia excepcional.

¿Puede un estado observador de la ONU recabar el mismo permiso para defender su soberanía territorial o lo de observador solo sirve para ir a la justicia internacional? Si es que no, 'es una mierda', como dijo Susan Rice, la embajadora de EE.UU. ante la ONU, sobre este plan francés de permitir al ejercito de Malí la expulsión de los rebeldes que colonizaban por la fuerza terreno malinense.
Lo mejor sería recurrir a lo primero, a la justicia, y una vez enjuiciado el asunto, imponer por la fuerza la fuerza de las resoluciones judiciales. Ejemplo: Palestina denuncia a Israel por evidentes infracciones del derecho internacional. Y caso de no cumplir la sentencia, entonces la ONU decide, con respaldo judicial, la intervención para su expulsión. Este plan es todavía mejor que el francés. ¿Qué países se atreverían a no cumplir la legalidad internacional? Pues todos aquellos que no la reconocen, y que reconocen solo la fuerza, siempre, claro, que no sea ejercida contra aquellos países amigos que la ejercen fuera de la ley.

Ya sabemos todos como funciona esto la ONU es com eurosvision. En fin para que decir más

Si es que en la ONU se vota, no en función de la justicia del caso, sino de la cercanía del caso a los intereses propios de quienes votan, o vetan. Mali, o mejor, los rebeldes, es un caso claro de que cuando no hay amigos que sientan afectada su posición, se autoriza una escalada de fuerza que reprima sin contemplaciones. Dime de quién eres amigo y te diré si tienes bula para ocupar lo que haga falta. A Palestina, recientemente reconocido como estado observador de la ONU, no le faltan amigos, pero le sobran enemigos poderosos, enemigos poderosos que admiten a sus amigos lo que rechazan tan pronto dejan de existir vínculos. Que si, que no es nada del otro mundo lo que ocurre, pero quizás viviríamos en un mundo mejor de no ocurrir lo que ocurre. Y con ello no digo precisamente que la autorización de la fuerza sea el mejor remedio de los conflictos, pero menos aún lo es mirar para otro lado cuando la fuerza es en sentido contrario, cuando la fuerza es ofensiva y no defensiva.

No, si cualquier se adopta otra resolución autorizando el uso de la fuerza a las autoridades palestinas para expulsar a los colonos que ocupan franjas que no son suyas. Claro, que de qué le sirve un permiso a una autoridad cuando su fuerza es ínfima comparada con la del invasor.

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es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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