Lluis Bassets

El peso del boxeador

Por: | 10 de junio de 2013

En el peor momento, cuando más necesario era trazar el camino, Europa se ha quedado sin proyecto. Justo cuando entraba en vigor del Tratado de Lisboa, el 1 de diciembre de 2009, aterrizaba en Europa la crisis iniciada un año antes en Estados Unidos. Es verdad que desde entonces la Unión Europea ha avanzado mucho más en el camino de la unión económica, fiscal y bancaria que en todos los años en que el euro llevaba una vida tan feliz como inconsciente. Pero ha sido en una mera navegación a vista, justo para salir de una tormenta que amenaza con llevársela por delante, y de hacerlo con el menor coste para cada uno de los socios. Está sin proyecto, como España misma.

Así llevamos casi cinco años, los que han presenciado la plena emergencia de China, con las cifras del sorpasso en múltiples registros de su peso y actividad económica, y el giro exterior de Estados Unidos, la todavía primera superpotencia, que ha seguido alejándose de Europa, ha desplazado el pivote de su política global desde Oriente Próximo a Asia y ha emprendido una aproximación más modesta a su forma de liderar en el mundo.

En la nueva cancha de juego Washington pugna por mantener la fuerza de su protagonismo, adaptándose a los nuevos jugadores, empezando sobre todo por China. Los países ya emergidos saben que acaban de entrar en el ring junto a los pesos pesados pero todavía no tienen la medida de su capacidad para modificar un escenario y unas reglas de juego que ellos no establecieron. En el boxeo del siglo XXI solo los grandes de verdad harán cambiar las cosas porque estarán en la categoría superior. Estados Unidos y China, por supuesto. También Rusia, India y Brasil, los otros tres BRIC, a los que habrá que añadir un buen puñado de países con demografía, riqueza y geografía suficientes.

La Unión Europea debiera estar, pero no tiene proyecto y todo su enorme peso y riqueza resta en vez de sumar. Primero, porque su política exterior por unanimidad, que da derecho de veto a todos y cada uno de los 27 miembros (28 con Croacia dentro de muy pocos días), la paraliza incluso para mantener un embargo de armas a Siria. En segundo lugar, porque no hay entre sus gobiernos una voluntad política de reconstruir su proyecto y dotarse de la política exterior que necesita, y en cambio regresan los viejos reflejos soberanistas, que les hace ir cada uno por su lado.

El regreso del síndrome neonacionalista conduce a una pretensión inútil, como es la de actuar como agentes directamente globales, sin pasar por las instituciones europeas: este es el único y penoso proyecto que queda sobre la mesa. La tendencia centrífuga es bien clara en Londres, donde prospera el proyecto de salida de la UE. También en Berlín, donde Merkel puentea a la UE para tratar directamente con China e India. O en Francia, en este caso más en el terreno militar que en el económico.

Ningún país europeo tiene peso suficiente para boxear solo en el nuevo cuadrilátero multipolar o apolar. Han sido mal interpretadas las palabras de Mariano Rajoy acerca del tamaño. Iban dirigidas, naturalmente, a la limitada dimensión de una Cataluña independiente: los más pequeños son los que más van a sufrir en esta nueva cancha global. Pero todavía más se referían al mediocre tamaño y leve peso internacional al que quedaría reducida España sin Cataluña.

La cuestión del tamaño nada tiene que ver con la calidad de vida y el bienestar. Cataluña tiene mayor viabilidad que muchos países europeos de idéntica o incluso mayor dimensión. Pero no tendría peso alguno si combatiera sola en el ring global, y lo tendría muy escaso en Europa, como no lo tienen los socios pequeños y sí tiene todavía la España que incluye a Cataluña, a pesar de lo mucho que ya ha perdido.

La cuestión es saber si queremos tener peso para boxear en Europa y luego contar con una política exterior europea para boxear en la cancha global. Esa es la única política exterior que interesa a todos sin distinción. También es posible, e incluso legítimo, aunque dudosamente responsable, renunciar a este tipo de ambición y apostar por la irrelevancia, española y catalana, que es como quedarse encerrados en casa.

Hay 5 Comentarios

¡Cuánto silencio mientras el gobierno progre de Obi es querellado por anticonstitucional en un despliegue de escándalos a razón de uno diario! La izquierda siempre se pasa 25 pueblos en la persecución de la tiranización de los pueblos. Me imagino que el Sr. Bassets ha de estar en el hospital con terrible yeyo.

El problema es que no hay objetivos comunes, el boxeador quiere subir al ring para defender únicamente sus intereses particulares, lo cual supone dejarse ganar en determinados combates, y ello provoca que pierda el apoyo de aquellos cuyos intereses se ven afectados de forma negativa.

El exceso de centralización es tan negativo como el exceso de des-centralización. Ambos extremos conducen al desequilibrio político; por un lado, a un feroz nacionalismo (con tintes imperiales), y por otro lado, a una fragmentación estúpida que convierte a los pequeños países en meras moscas de la política global. ¿Qué es la ONU? Es una simple pantalla, un gigantesco circo de las grandes potencias. Los pequeños no cuentan y mucho menos los enanos.

Europa es un tren con "pasajeros de primera y de segunda clase", luego están los que no tienen dinero para viajar en tren e intentan subirse en el último momento, sin saber muy bien si lo conseguirán. Ahora la seguridad del viaje no está garantizada , pues su nuevo combustible "el euro ", no tiene fuerza y los pasajeros tienen miedo e intentan hacerse un seguro por su cuenta. Miran envidiosos otros trenes que ofrecen viajes más baratos, pero sus seguros no cubren todas las contingencias y sólo garantizan llegar al final, pero no en que condiciones. El combustible de siempre, el dólar, tiene sus bajadas y sus subidas, pero se mantiene fuerte y alimenta a la locomotora americana.

España en estos momentos tiene un billete de segunda que puede mantener a costa de no visitar el vagón restaurante y dejarse llevar por lo que indica la locomotora. Cataluña comparte ese billete, si se baja del vagón de España, deberá ponerse en último lugar e intententar colarse y España quizás ,no podrá seguir pagando su billete. Ambas perderán el tren.

España, peso pluma (con Cataluña); Cataluña, peso superpluma (sin España). España y Cataluña unidas jamás serán vencidas, no por separado, al menos. Que lo que la eñe ha unido no lo separe la y griega.

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Sobre el autor

es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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