Lluis Bassets

Sobre el autor

es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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Mis libros

Cinc minuts abans de decidir

Cinc minuts abans de decidir

Enmig del vendaval independentista

Un llibre que explica, qüestiona i contextualitza com s’ha esdevingut, setmana a setmana, el canvi radical que els darrers quatre anys ha sotragat Catalunya. Des d’abans de la sentència del Tribunal Constitucional, fins avui, quan l’independentisme és en primer pla del debat polític i social.

L'any de la revolució

L'any de la revolució

Com els àrabs estan enderrocant els seus tirans

Crònica, anàlisi i atlas de les revoltes de la dignitat, que van conmocionar al món àrab durant 2011, amb referències i comentaris a tots els països on els joves van aixecar-se en protesta contra l'autoritarisme i les dictadures. Amb un nou epíleg per l'edició catalana.

El último que apague la luz

El último que apague la luz

Sobre la extinción del periodismo

Una reflexión sobre los últimos años de la industria de la prensa escrita, las dificultades para seguir haciendo periodismo de calidad y la indisoluble relación entre periodismo y democracia.

El año de la Revolución

El año de la Revolución

Cómo los árabes están derrocando a sus tiranos

Balance, atlas político y análisis de las causas de las revueltas de 2011, que han derrocado a cuatro dictadores, encendido enfrentamientos civiles y provocado reformas y convulsiones políticas en la entera geografía árabe.

¿AUN PODEMOS ENTENDERNOS?

¿Aun podemos entendernos?

Conversaciones sobre Cataluña, España y Europa
REIVINDICACION DE LA POLÍTICA

Reivindicación de la política

Veinte años de relaciones internacionales
La oca del señor Bush

La oca del señor Bush

Como la Casa Blanca ha destruido el orden internacional

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El estado del presidente

Por: | 30 de enero de 2014

No es un discurso sobre el estado del mundo, aunque a veces pueda parecerlo. Así fue con George W. Bush en 2002, cuando la superpotencia definía su voluntad de cambiar el orden geopolítico y situaba a tres países, Corea del Norte, Irak e Irán, en la diana de su poderío, activado tras el 11-S, bajo el rótulo del Eje del Mal. No es el caso este año, en el quinto Estado de la Nación de Obama, perfectamente adaptado al carácter doméstico —balance del año transcurrido, perspectivas del entrante— que tiene la sesión solemne anual en la que las dos cámaras reunidas escuchan y aplauden las palabras que lee el presidente.

La ceremonia debe conducir siempre a la misma conclusión: la unión se encuentra en buen estado, es fuerte. Obama ha podido exhibir buenas cifras de crecimiento, empleo e inversiones, las mejores de su presidencia: puede ser ya el año del despegue para “el país mejor situado en el siglo XXI que cualquier otra nación en el planeta”. Con un severo pasivo: el crecimiento de las desigualdades y de la pobreza y la paralización de los ascensores sociales.

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La cabeza del tirano

Por: | 25 de enero de 2014

La negociación no siempre es lo contrario del enfrentamiento. A veces es su complemento. Eso es lo que sucede en la conferencia de paz que ha empezado esta semana en Suiza con el objetivo de terminar la guerra civil en Siria bajo los auspicios de Naciones Unidas y la presencia de representantes tanto del régimen de Bachar el Asad como de parte de la oposición armada.

El régimen nada espera de esta negociación, a excepción de la compra de tiempo. Lo compró cuando usó las armas químicas con el efecto de una resolución de Naciones Unidas para su destrucción que ha bloqueado la eventualidad de un ataque como el que terminó con Gadafi. Y lo compra ahora cuando va a sentarse con la oposición para rechazar la idea de un Gobierno de transición con la presencia del propio asesino en jefe que es Asad.

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Parias de la tierra

Por: | 23 de enero de 2014

El común de los mortales cumple con las reglas de juego, que se establecen en el ámbito de los Estados: ahí pagan impuestos o ejercen sus derechos ciudadanos, cuando los tienen, o acaso son castigados en caso de infracción. El puñado de los privilegiados, en cambio, solo se somete a las leyes de la naturaleza que funcionan en su ámbito habitual, el mundo global, donde no hay impuestos, no se rinden cuentas y cabe incluso condicionar e imponer la propia voluntad a los ámbitos inferiores.

Cuando se producen desequilibrios, léase una crisis, las facturas llegan al ámbito donde hay reglas de juego, pero se escapan donde se juega sin ellas, en función meramente de la fuerza, es decir, el poder económico. Los recortes del Estado de bienestar, la pérdida de derechos y el empobrecimiento solo afectan a las mal llamadas clases medias, mientras que los más ricos se escapan enteros de las crisis e incluso las utilizan para incrementar su riqueza.

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Asuntos exteriores

Por: | 20 de enero de 2014

La internacionalización del conflicto catalán está funcionando al menos en cuatro planos con resultados muy desiguales. En el plano más visible y a la vez volátil, el mediático, Artur Mas ha conseguido buenos efectos, como evidencian sus artículos y entrevistas en los grandes medios internacionales, y más concretamente su capacidad para situar a Cataluña en el mapa y a la consulta en la agenda mediática. Nadie bien informado en el mundo desconoce que Cataluña existe y que su Gobierno ha citado a los ciudadanos a las urnas para el 9 de noviembre para que decidan si quieren independizarse de España, convocatoria que rechaza de plano el Gobierno español.

El reconocimiento mediático no tiene correspondencia con el institucional. Nadie ha hecho ni un gesto de complicidad, a excepción de Algirdas Butkevicius y Vladis Dombrovskum, los primeros ministros de Lituania y Letonia, que expresaron su simpatía poco después del 11 de septiembre de 2013, aunque rectificaron inmediatamente a petición de las autoridades españolas. No sirve la abierta complicidad de Roberto Maroni, presidente de la región de Lombardía. Unas palabras crípticas de Ban Ki-moon o una frase elíptica de David Cameron acerca de Gibraltar han hecho depaliativo ante el vacío; como el silencio de Obama ante la pregunta a Rajoy en la Sala Oval, interpretado por los portavoces soberanistas como una forma de tácita aquiescencia. Quien no se contenta es porque no quiere. La arquitectura de las instituciones internacionales entera es propiedad y obra de los Estados nacionales, socios que se protegen entre sí cuando se trata de la soberanía. Aun más lo es la arquitectura europea, en la que las instituciones comunes, como la Comisión, no pueden hacer paso alguno porque no tienen competencias.

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Basta de excusas

Por: | 18 de enero de 2014

Triste aniversario el de la apertura del campo de detención de Guantánamo. Se produjo hace 12 años, en plena guerra contra el terror, para mantener en detención indefinida y sin juicio a los combatientes enemigos que supuestamente combatían contra EE UU en aquella contienda sin frentes. El 11 de enero de 2002 ingresó el primer detenido en este campo inventado por George W. Bush con el objetivo declarado de eludir las convenciones de Ginebra sobre derechos de los prisioneros de guerra, pero también para evitar juzgarlos bajo la legalidad garantista de EE UU. El resultado es la actual institución monstruosa, que sigue funcionando incluso más allá de la voluntad de los gobernantes estadounidenses. De los 12 años de vida de Guantánamo, los cinco últimos han transcurrido ya bajo responsabilidad de Obama, el presidente que prometió cerrar el campo y que incluso firmó una orden ejecutiva a los dos días de tomar posesión, pero ha terminado asumiendo su existencia, hasta el punto de que a él se debe la reinstalación de comisiones militares o consejos de guerra secretos y sin garantías para juzgar a los detenidos.

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Egipto no es Túnez

Por: | 16 de enero de 2014

Túnez y Egipto fueron las dos primeras piezas de dominó de la misma hilera de dictaduras que iban a caer una detrás de otra. Tres años después, Túnez sigue siendo la primera, en cabeza solitaria de las transiciones árabes a la democracia, pero Egipto se ha convertido en la última, la que ha regresado a la casilla dictatorial de partida.

Acaba de cumplirse el tercer aniversario de aquel 14 de enero, cuando Ben Ali salía en avión a refugiarse en Arabia Saudí y, dentro de muy pocos días será el tercer aniversario de la primera manifestación multitudinaria en la plaza Tahrir en contra de Mubarak. En Túnez está casi listo el borrador de su nueva Constitución como Estado civil, sin referencia a la sharía o ley islámica, que protege la libertad de conciencia y de culto, la igualdad de los ciudadanos ante la ley y la paridad entre hombre y mujeres en las listas electorales. En Egipto, en cambio, la nueva Constitución, tercera que se pone a votación, consolida el poder de los militares que se instalaron en el golpe de 1952 y que nunca han tirado la toalla, ni siquiera en los doce meses de la presidencia del islamista Mohamed Morsi.

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Desconexión global

Por: | 11 de enero de 2014

La mayor orgía anual del consumo ha terminado ya en las calles de Europa y América. En los mismos días navideños han terminado también las protestas y las huelgas en las factorías de un pequeño y olvidado país asiático como es Camboya que aprovisionan las tiendas occidentales. Y ha terminado como suelen terminar allí las cosas: mal, a tiros, con cuatro muertos, decenas de heridos y centenares de detenidos.

Aunque en realidad no ha terminado nada. Eso no ha hecho más que empezar. Las protestas y las huelgas continuarán. Hay razones por partida doble. El textil ocupa a casi la mitad de la mano de obra industrial: 600.000 trabajadores, más del 90 por ciento de ellos mujeres jóvenes, en unas 700 factorías, que proporcionan el 16 por ciento del PIB y representan el 85 por ciento de las exportaciones. Y esa clase obrera camboyana tiene dos motivos para la protesta: sus bajos sueldos y los 28 años que lleva el primer ministro Hu Sen en el poder, ganando una elección detrás de otra como solo saben ganarlas los dictadores, mediante la burda combinación de la cárcel y el palo para la oposición y la debida recompensa a los propios seguidores.

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El último tranvía

Por: | 09 de enero de 2014

John Kerry quería ser presidente y no lo consiguió. Pero también quería ser lo que esa ahora: secretario de Estado, el cargo más poderoso del país más poderoso después del presidente. Y ya lo es desde hace once meses.

Quizás no es el mejor momento para lucir en la escena internacional. Su presidente se halla ensimismado en el desgaste de la política interior. Y su país, cansado por las dos guerras del anterior presidente, intenta desplazar su preocupación estratégica allí donde se juega el futuro, que es en Asia.

No importa. Para John Kerry es una oportunidad, y en su caso la última oportunidad. No habrá más. Tiene 70 años y una larguísima carrera política a sus espaldas que, como todos, quiere terminar bien, o muy bien si es posible.

Cuenta con títulos para ingresar en el cuadro de honor de los grandes secretarios de Estado que dejaron impronta en la historia, como Kissinger con el fin de la guerra de Vietnam y la apertura a China o James Baker con la victoria en la guerra fría y los acuerdos de Oslo. El más destacado, su experiencia durante casi tres décadas en la Comisión de Exteriores del Senado.

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El malentendido

Por: | 06 de enero de 2014

Hay un malentendido que urge aclarar. Me he dado cuenta al leer el documento titulado 'Las relaciones de cooperación entre Cataluña y el Estado español', redactado y difundido por el Consell Assessor per la Transició Nacional a finales de este pasado año. Vean esta frase contenida en la justificación del informe del grupo de expertos nombrado por Artur Mas: "Sería absurdo concebir esta independencia como una vía de ruptura con España". Y a continuación, este argumento que sirve para sostenerla, junto al ya muy conocido de la interdependencia dentro de la globalización: "Tal como se desprenden de las manifestaciones explícitas y mayoritarias de los actores públicos y privados que intervienen en el proceso, hay un voluntad explícita de fortalecer los vínculos históricos y actuales, colectivos y personales que existen entre los dos territorios".

No hagan caso, por favor, a las ideas, iniciativas y eslóganes difundidas desde el propio gabinete de la presidencia; al simposio de historia titulado España contra Cataluña; a la consigna sobre política fiscal de que España nos roba; o a la celebración de 1714 en el Born, declarado 'Zona cero' de los catalanes, con ese 'Vivir libres' que señala indefectiblemente el estado de sometimiento y opresión nacional, la falta de libertad y el sufrimiento de tres siglos bajo la bota hispánica que ahora terminará con el doble o triple sí propugnado por Artur Mas. Tampoco a la solemne carta de queja a los países europeos, a fin de cuentas parte de la gestualidad retórica destinada a calentar el ambiente. El presidente catalán y el líder de ERC Oriol Junqueras dijeron hace unos meses que amaban a España, aunque no tanto al Estado español, y no se entiende muy bien por qué nadie, ni siquiera sus partidarios, les hacen caso y todos seguimos tan convencidos de que detestan a ambos, a España y al Estado.

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La política de la chequera

Por: | 04 de enero de 2014

El tirano sabe cómo deben hacerse las cosas. Con un sable en una mano y una chequera en la otra. No admite negativa al soborno. La hoja afilada atenderá a quien lo rechace. Así ha venido comportándose la monarquía saudí desde que encontró en el árido subsuelo de la península arábiga el mayor depósito de riqueza mineral del mundo, los hidrocarburos que la han convertido en una potencia regional y un aliado hasta ahora indispensable de los Estados Unidos de América.

La política del sable y la chequera fue fundamental para la estabilidad de Arabia Saudí durante la primavera árabe de 2011. Centenares de jóvenes fueron a las cárceles y multitud de manifestaciones por las redes sociales fueron desarticuladas antes de que reunieran a más de cien personas. Pero un chorro de dinero para vivienda, subsidio de paro y pagas extras para los funcionarios, por valor de 130.000 millones de dólares, fue el líquido más disolvente de manifestantes que podía imaginarse.

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El País

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