Lluis Bassets

Sobre el autor

es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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Mis libros

Cinc minuts abans de decidir

Cinc minuts abans de decidir

Enmig del vendaval independentista

Un llibre que explica, qüestiona i contextualitza com s’ha esdevingut, setmana a setmana, el canvi radical que els darrers quatre anys ha sotragat Catalunya. Des d’abans de la sentència del Tribunal Constitucional, fins avui, quan l’independentisme és en primer pla del debat polític i social.

L'any de la revolució

L'any de la revolució

Com els àrabs estan enderrocant els seus tirans

Crònica, anàlisi i atlas de les revoltes de la dignitat, que van conmocionar al món àrab durant 2011, amb referències i comentaris a tots els països on els joves van aixecar-se en protesta contra l'autoritarisme i les dictadures. Amb un nou epíleg per l'edició catalana.

El último que apague la luz

El último que apague la luz

Sobre la extinción del periodismo

Una reflexión sobre los últimos años de la industria de la prensa escrita, las dificultades para seguir haciendo periodismo de calidad y la indisoluble relación entre periodismo y democracia.

El año de la Revolución

El año de la Revolución

Cómo los árabes están derrocando a sus tiranos

Balance, atlas político y análisis de las causas de las revueltas de 2011, que han derrocado a cuatro dictadores, encendido enfrentamientos civiles y provocado reformas y convulsiones políticas en la entera geografía árabe.

¿AUN PODEMOS ENTENDERNOS?

¿Aun podemos entendernos?

Conversaciones sobre Cataluña, España y Europa
REIVINDICACION DE LA POLÍTICA

Reivindicación de la política

Veinte años de relaciones internacionales
La oca del señor Bush

La oca del señor Bush

Como la Casa Blanca ha destruido el orden internacional

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La niebla de la guerra

Por: | 26 de noviembre de 2015

Es fácil declarar la guerra. Más difícil es librarla y ganarla. El llamamiento a las armas tiene un prestigio épico que la propaganda belicista aprovecha. Bate el tambor y los muchachos le siguen con entusiasmo. Siempre hay un comienzo exaltado antes de la tragedia.

Motivos para declararla no faltan: atacan nuestras capitales, persiguen y expulsan a millones de árabes de sus países en dirección a la tierra prometida europea, pretenden que restrinjamos nuestras libertades y cercenemos nuestras garantías individuales, arruinan los destinos turísticos del área mediterránea, destruyen fronteras y se proclaman soberanos sobre un territorio donde declaran un califato terrorista. ¿Hace falta algo más?


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El tiempo que nos queda

Por: | 24 de noviembre de 2015

El valor de Artur Mas como político se mide ahora mismo en el tiempo limitado que le queda, un período entre cero y 18 meses, de los que por cierto ya han transcurrido dos. Lleva casi 30 años metido en política y cinco como presidente de la Generalitat, pero su tiempo político se ha terminado o, para ser más precisos, ha sido tasado y limitado. Entre el cero, si la CUP consigue imponer su designio sobre el quién —alguien sin estigmas de la corrupción y de los recortes sociales—, y el período máximo de un año y medio, que el propio Mas ha ofrecido reducir a la mitad en caso de obtener el apoyo cupaire mediante una moción de confianza que permitiera descabalgarle.

El todavía presidente ha hecho todo lo que se puede hacer para llegar hasta aquí. Todos los políticos cometen errores, pero Mas los ha cometido en cadena, como si nunca se cansara de equivocarse. Eso sí, siempre aplaudidos como heroicidades por su fiel garde rappochée, más tozuda que el mismo líder.

Desde 2012, cada vez que ha dado un paso decisivo ha cometido un error de los que se pagan. Lo fue pasar de la reivindicación del pacto fiscal al derecho a decidir en un santiamén: se acercó a La Moncloa con el claro propósito de que se lo rechazaran para poder pasar a la siguiente página. El pacto fiscal recogía amplios consensos, incluso en territorio del PP, y contaba con un fuerte respaldo del mundo económico catalán. También lo fue pasar con la misma velocidad del derecho a decidir a la independencia, dejando en la cuneta los 400.000 votantes del proceso participativo del 9N que no habían optado por el doble Si.

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Errores y terrores

Por: | 23 de noviembre de 2015

Todo lo que ahora sucede ha ocurrido ya antes. Como si estuviera leyendo un guion escrito por otro, François Hollande parece seguir los mismos pasos que George W. Bush hace 14 años. Y no solo el presidente de la República, sino Francia entera, incluso Europa y el mundo, se enfrentan a una película de horror que ya habíamos visto, a una pesadilla que ya conocemos e, incluso, a unos errores que nos arriesgamos a repetir.

La primera analogía la ofrece la dimensión y el carácter del ataque. El enemigo ha escogido lugares significativos de cada uno de los países. Para destruirlos o perpetrar en ellos el mayor daño posible. En el 11-S fueron las Torres Gemelas, como símbolo de la arrogancia capitalista, en Nueva York; y el centro de mando militar de la primera potencia, el Pentágono, en Washington, aunque los terroristas querían también lanzar un avión contra el Capitolio. En el 13-N, la noche del París multicultural y desinhibido, los bistrós y boîtes del barrio entre Bastille y République, y el palco presidencial del estadio de Francia donde se hallaba François Hollande para presenciar un partido de fútbol, el deporte más popular, entre las selecciones de Alemania y Francia. Todo un símbolo de Europa.

Tras la semejanza en el objetivo de los terroristas, la semejanza de las reacciones, estimuladas por el carácter presidencialista de ambos sistemas políticos. En ambos casos, el presidente y comandante en jefe se dirige a sus compatriotas, reúne a los parlamentarios y responde a la guerra con la guerra. Idéntica es la respuesta de los ciudadanos, arremolinados alrededor del presidente y de la bandera nacional. Una oleada de simpatía y solidaridad con el país amigo atacado transporta a sus aliados y vecinos. Todos somos americanos entonces, todos somos París ahora.

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¿Hacia dónde va Cataluña?

Por: | 22 de noviembre de 2015

Con el título de ¿Hacia dónde va Cataluña? pronuncié el pasado jueves una conferencia en el salón de actos de Foment de Terrassa, invitado conjuntamente por el Ayuntamiento de la ciudad y la Fundación Olof Palme. Quien desee leer la transcripción de la conferencia en el idioma catalán original en el que la pronuncié, podrá acceder aquí en el enlace con elpais.cat, la edición digital catalana de EL PAÍS. Aquí en el blog la publico a continuación en su traducción castellana:

"¿Hacia dónde va Cataluña? Digámoslo bien claro y de buen principio. Ahora mismo no sabemos dónde estamos ni hacia dónde vamos. Todo el mundo sabe y son muchos los que no se atreven a decirlo, pero hay un lugar hacia el que seguro no vamos, y este es la independencia.

Esto es duro de digerir y será duro de digerir. Habían fijado fechas exactas, que han sido sobradamente superadas. Unos querían que fuera el 11 de septiembre de 2014, coincidiendo con el tercer centenario. Otros apostaban porque fuera el 23 de abril de 2015. El último de las numerosas hojas de ruta la había fijado para la primavera de 2017, más o menos a 18 meses de las elecciones del 27S.

Recordemos que se trataba de un camino sin retorno, que teníamos que dar pasos irreversibles y no habría posibilidad de echarse atrás. Habíamos desconectado definitivamente, se nos decía, y sólo había que dejar constancia, levantar acta legal de ello. Lo había hecho, como mínimo, una parte sustancial del país, tal vez la mayoría, y nadie les iría a parar ni a convencerles que retrocedieran a partir de ahora.

Para avanzar hasta aquí, había sido necesario trabajar mucho, hacer muchos esfuerzos y hojas de ruta, consumir miles de horas y de energías, escribir miles de páginas y de libros, por parte de autores individuales y colectivos, privados y oficiales , incluidos los 18 interminables informes del Consejo de la Transición Nacional, donde se nos dan las instrucciones y los caminos para lograrlo, casi todos ellos destinados a demostrar el carácter ineluctable, definitivo, indiscutible, de la vía catalana.

Nunca tantos habían trabajado tanto y escrito tanto en tan poco tiempo sobre el mismo tema, el monotema que nos ha ocupado y preocupado, y que nos sigue preocupando, olvidando quizás a la vez que en el mundo había muchos otros temas y quizás mucho más trascendentes.

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Ni Estado ni Islámico

Por: | 19 de noviembre de 2015

En el desorden de las palabras se refleja el desorden del mundo. Los acontecimientos que no conseguimos comprender se traducen en inseguridades sobre el uso del lenguaje. ¿Estamos en guerra? ¿Es una contienda contra los musulmanes? ¿O es contra un fascismo de nuevo cuño y de raíz religiosa? ¿Es el islam la gran amenaza totalitaria del siglo XXI? Si hay guerra, también es una guerra que incluye las palabras. Y de ahí que convenga, ante todo, aclararnos sobre su significado, empezando por el nombre.

El Estado Islámico (ISIS) no es un Estado ni es Islámico, y si adopta tal denominación es precisamente como parte de su propaganda para conseguir adhesiones y amedrentar a sus enemigos. Dice que es un Estado porque se ha hecho con el poder de varias ciudades en Irak y en Siria, cuenta con un territorio en el que puede haber unos seis millones de personas y ejerce sobre ellas el monopolio de una violencia.

Dice que es islámico porque sigue la sharía o ley islámica, en su acepción más literal y primitiva, como única y obligada norma de la vida social e individual; algo que comparte, por cierto, con buen número de Estados reconocidos e incluso amigos que sí lo son, como Arabia Saudí, tan islámico en su legislación como el ISIS.

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Conllevancia europea

Por: | 12 de noviembre de 2015

David Cameron quiere la cuadratura del círculo. No le basta una relación especial como la que ya tiene el Reino Unido con la Unión Europea --los opting-outs o claúsulas de exención, que aplican para el euro, Schengen, la carta de derechos fundamentales y los asuntos de Justicia e Interior-- sino que quiere una UE acomodada a los euroescépticos y solo así se ve capaz de evitar la salida de su país, que es lo que significaría la derrota en el referéndum que se ha comprometido a celebrar antes de que termine 2017.

Todos y cada uno de los socios europeos han incorporado su propio bagaje a la unión, pero nadie ha impuesto unilateralmente hasta ahora su idea de Europa al conjunto, que es lo que quiere hacer Cameron. Lo hace al menos en dos de las cuatro reformas que ha exigido en su discurso del martes y simultáneamente en una carta dirigida al presidente del Consejo Europeo, el polaco Donald Tusk. Quiere que el euro deje de ser la moneda europea para convertirse en una moneda más, con lo que su adopción dejaría de ser el horizonte para todos los socios, quedando así desvirtuada la Unión Económica y Monetaria. Y quiere también limitar la libre circulación de las personas dentro de la UE, una de las cuatro libertades del Mercado Único, reducido en su concepto a una mera zona de libre circulación de capitales, mercancías y servicios.

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El Seis de Octubre de Carme Forcadell

Por: | 10 de noviembre de 2015

Como todos sabemos, Cataluña tiene de todo. Incluso un mito insurreccional, fraguado sobre la historia de un momento trágico y excepcional, en que tropas armadas a las órdenes del gobierno catalán se enfrentaron breve pero cruentamente con tropas a las órdenes del gobierno de la República Española. Fue en 1934, el 6 de octubre, cuando el presidente Lluís Companys proclamó el Estado Catalán de la República Federal Española desde el balcón de la Generalitat en la plaza de Sant Jaume.

La intentona duró apenas unas diez horas, que arrojaron un terrible balance, solo disminuido por las dimensiones de la carnicería que se avecinaba apenas a dos años vista con la guerra civil. Fueron 74 los muertos y 252 los heridos, entre cuatro y siete millares los detenidos, entre ellos el gobierno catalán en pleno con su presidente a la cabeza, así como el alcalde de Barcelona, numerosos funcionarios, diputados, cargos públicos y dirigentes políticos y sindicales. La autonomía fue intervenida, el Parlamento quedó suspendido, fueron prohibidos los principales periódicos catalanistas, se reinstauró la censura sobre los otros y dos militares se hicieron cargo de la presidencia accidental de la Generalitat y de la comisaría de Orden Público.

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Debate sin límites

Por: | 09 de noviembre de 2015

En dos ocasiones el Tribunal Constitucional ha tenido la oportunidad de pronunciarse de forma directa sobre los límites del debate político respecto a la independencia de Cataluña. La primera, en marzo de 2014 con motivo del recurso presentado por el Gobierno contra la declaración soberanista; la segunda, esta pasada semana, en relación a la petición de suspensión del debate previsto para hoy sobre la declaración de independencia presentada por C's y PP. En ambas, el TC ha decidido por unanimidad que la cámara catalana tiene reconocido el derecho a debatir sin límite alguno sobre las propuestas encaminadas a convertir a Cataluña en un Estado independiente.

El tópico del argumentario independentista descalifica al TC como un instrumento político en manos de los partidos mayoritarios españoles y más específicamente del PP, pero no hay nada que permita deducirlo de las dos decisiones, ni de la sentencia sobre la declaración soberanista, ni de las providencias que rechazan la suspensión del primer pleno del nuevo parlamento programado para hoy lunes, perfectamente imaginables en un tribunal que no respondiera a las características y vicios que se le achacan desde el movimiento soberanista.

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Turismo y terror

Por: | 08 de noviembre de 2015

Es una cuestión estadística. Diariamente levantan el vuelo más de 100.000 aviones en todo el mundo. De los 7.300 millones de habitantes que tiene el planeta, cada día se suben al avión 4,5 millones. Pocos, comparativamente, pero suficientes para la aparición de riesgos y novedades inquietantes. Podemos imaginar, a ojo de buen cubero, que en cualquier momento hay al menos un millón de terrícolas sentados a nueve mil metros de altura, en estado de sobrevuelo, una novedad radical en la historia de la humanidad que introduce factores hasta ahora imprevisibles, sobre todo en el capítulo de la seguridad. Nada más natural que las grandes crisis, sobre todo cuando adquieren forma violenta, en vez de afectar exclusivamente a los humanos en su estado natural, pie en tierra, conciernan también a esta población volante y sobre todo a los vehículos aéreos en los que se desplazan, convertidos en armas de ataque o en objetivos militares.

El caso más reciente ha sido el del vuelo de la compañía rusa Metrojet que trasladaba el pasado 31 de octubre a 224 pasajeros rusos desde la localidad balnearia egipcia de Sharm el Sheij hasta San Petersburgo, interrumpido por una explosión de origen todavía desconocido sobre el Sinaí. La tesis más plausible es la del ataque terrorista, mediante un artefacto explosivo introducido antes de partir. Lo abona la peligrosidad de esta península egipcia en la que el yihadismo luce sus enseñas como si fuera una provincia o wilaya del Estado Islámico (ISIS en sus siglas en inglés).

Reino Unido ha suspendido todos los vuelos a Sharm el Sheij y está repatriando a los 20.000 turistas británicos que estaban en la zona, actitud en la que le están siguiendo otros países europeos. Rusia y Egipto, en cambio, rechazan la teoría del atentado por razones muy comprensibles. Si es obra del ISIS significa un revés militar y político para Putin, pues se trataría de la respuesta exitosa a los bombardeos sobre Siria en apoyo del dictador Bachar El Asad. También para el presidente egipcio Al Sisi es una pésima noticia que ataca una de las mayores fuentes de ingresos como es el turismo y precisamente en la localidad más conocida y prestigiada que es Sharm el Sheij, a orillas del mar Rojo.

La explosión de una crisis en el aire no es una novedad. La guerra global contra el terror, declarada por Bush, empezó propiamente en 2011, como respuesta a los atentados del 11-S, cuando cuatro aviones secuestrados por militantes de Al Qaeda fueron utilizados para atacar las Torres Gemelas y el Pentágono. Tampoco es una novedad la aparición de relatos contradictorios y manipulados, que a veces no terminan nunca de aclararse, sobre la autoría de los atentados o incluso sobre su carácter, como sucedió el 11-M con los atentados de los trenes de Atocha, en los días anteriores a las elecciones generales de 2004.

En la administración de Bush hubo todo un intento de vincular la autoría del 11-S con Sadam Husein mediante la fabricación de pruebas falsas sobre la vinculación del dictador iraquí con Al Qaeda y hoy todavía circulan versiones delirantes que atribuyen los atentados a la CIA e incluso a Israel. Veremos si ahora también se instalan dos versiones de los hechos, al estilo de lo sucedido con el avión de Malaysia Airlines en sobrevuelo sobre Ucrania alcanzado por un misil el 17 de julio de 2014, cuyo disparo Moscú atribuye al Gobierno de Kiev y el gobierno de Kiev a los rebeldes apoyados por Moscú; algo que no se puede descartar, visto que las nuevas guerras, asimétricas, híbridas, con profusión de medios electrónicos y gran protagonismo de la propaganda y de los medios, también generan nuevos y dispares relatos, que terminan convirtiéndose en parte de la contienda misma.

Guerra y turismo nunca han rimado y menos cuando se solapan incluso territorialmente gracias a las facilidades de comunicaciones y transportes. Quienes más habían sufrido hasta ahora esta sangrienta incompatibilidad eran los turistas europeos y americanos, pero ahora alcanza a los rusos, justo en el momento en que Moscú se compromete, por primera vez desde la guerra de Afganistán (1979) en una intervención armada de apoyo al régimen dictatorial de Bachar el Asad, enemigo acérrimo del ISIS. El califato yihadista no tan solo elimina o margina a las minorías religiosas y destruye el patrimonio arqueológico que atrae al turismo internacional, sino que concibe el espacio donde domina como una tierra sagrada y prohibida a todos los extranjeros que no sean musulmanes sunitas. Combatir al ISIS es probablemente incompatible con mantener abierta una plaza turística como Sharm el Sheij.

Rusia se está embarrando en una guerra en Siria que se funde con las anteriores lanzadas por Estados Unidos en Irak y Afganistán. Cada golpe que reciba, y el avión puede ser el primero y más doloroso, suscitará una reminiscencia de la derrota sufrida en Afganistán. Moscú tuvo allí su Vietnam, como Estados Unidos ha tenido su doble repetición del síndrome de la derrota en Irak y Afganistán que le conduce a evitar ahora el enfrentamiento en Siria con una especie de antiterrorismo con mando a distancia. De ahí que el avión accidentado o abatido sobre el Sinaí sea un símbolo muy exacto de la avería en la globalidad que significa la crisis de dimensiones todavía desconocidas abierta en Oriente Próximo y que tiene su epicentro en Siria e Irak, una especie de Vietnam global, donde los combatientes califales pretenden la victoria definitiva sobre Occidente.

Sueños de unidad y riqueza

Por: | 05 de noviembre de 2015

A Xi Jinping le quedan seis años para hincar el diente al bocado más difícil que tiene ante sí el comunismo chino. En 2012 se convirtió en el quinto sucesor de Mao Zedong, el Gran Timonel, y si las reglas de juego actualmente vigentes no cambian y todo funciona como un reloj, en 2022 debería ser sustituido por el líder de la sexta generación, tras diez años en principio improrrogables como máximo responsable del partido y del Estado.

Dos son las tareas que han dejado encima de su mesa las anteriores generaciones de dirigentes comunistas con la esperanza de verlas completadas nada menos que en 2021, cuando se cumpla el centenario de la fundación del Partido Comunista de China, el emperador colectivo que arrancó al país de la dependencia extranjera, le incorporó al mapa de la globalización económica y le convirtió en una superpotencia emergente con una vocación de liderazgo más disimulada que reprimida.

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El País

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