Lluis Bassets

Sobre el autor

es periodista. Director adjunto y columnista de EL PAÍS. Tiene a su cargo la edición de Cataluña.

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Mis libros

Cinc minuts abans de decidir

Cinc minuts abans de decidir

Enmig del vendaval independentista

Un llibre que explica, qüestiona i contextualitza com s’ha esdevingut, setmana a setmana, el canvi radical que els darrers quatre anys ha sotragat Catalunya. Des d’abans de la sentència del Tribunal Constitucional, fins avui, quan l’independentisme és en primer pla del debat polític i social.

L'any de la revolució

L'any de la revolució

Com els àrabs estan enderrocant els seus tirans

Crònica, anàlisi i atlas de les revoltes de la dignitat, que van conmocionar al món àrab durant 2011, amb referències i comentaris a tots els països on els joves van aixecar-se en protesta contra l'autoritarisme i les dictadures. Amb un nou epíleg per l'edició catalana.

El último que apague la luz

El último que apague la luz

Sobre la extinción del periodismo

Una reflexión sobre los últimos años de la industria de la prensa escrita, las dificultades para seguir haciendo periodismo de calidad y la indisoluble relación entre periodismo y democracia.

El año de la Revolución

El año de la Revolución

Cómo los árabes están derrocando a sus tiranos

Balance, atlas político y análisis de las causas de las revueltas de 2011, que han derrocado a cuatro dictadores, encendido enfrentamientos civiles y provocado reformas y convulsiones políticas en la entera geografía árabe.

¿AUN PODEMOS ENTENDERNOS?

¿Aun podemos entendernos?

Conversaciones sobre Cataluña, España y Europa
REIVINDICACION DE LA POLÍTICA

Reivindicación de la política

Veinte años de relaciones internacionales
La oca del señor Bush

La oca del señor Bush

Como la Casa Blanca ha destruido el orden internacional

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Últimas entradas

El tiempo, ese gran jugador

Por: | 02 de marzo de 2015

En política el tiempo es una materia preciosa. El arte de la política es en buena parte el de la gestión del tiempo. Todo tiene su tiempo y no hay mayor virtud política que saber encontrar el momento exacto, es decir, el punto de madurez de las cosas.

Hay ocasiones en que el tiempo aún no ha llegado y el político que se precipita lo pierde todo y se pierde a sí mismo. Sucede también el caso contrario, en que dejamos pasar el punto preciso sin tomar la decisión trascendental y, cuando la voluntad dicta el momento, ya no sirve porque el tiempo ha cerrado sus puertas.

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Hitler o Stalin

Por: | 28 de febrero de 2015

El único enemigo que de verdad cuenta es el que amenaza directamente a nuestras vidas. Para los ucranios europeístas, los polacos o los bálticos, no hay peor enemigo que los rebeldes prorrusos, apoyados, organizados y pertrechados por Putin y sus servicios secretos. Para los cristianos de Oriente o los chiitas de Irak, no hay más enemigo que el Estado Islámico, que asesina a los hombres, esclaviza y viola a mujeres y niños, y pretende dejar la geografía árabe como la palma de la mano, ocupada solo por los sangrientos imitadores de los piadosos ancestros compañeros de Mahoma.

Las víctimas no pueden escoger. Quienes tienen responsabilidades a la hora de parar las matanzas son los que no tienen más remedio que hacerlo. Y a la hora de establecer las prioridades no deben dejarse engañar por la retórica, las apariencias o los sectarismos ideológicos.

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El genocidio está en marcha

Por: | 26 de febrero de 2015

Dos espesas cortinas de palabrería y de imágenes manipuladas ocultan o al menos difuminan el genocidio que están sufriendo las minorías étnicas y religiosas y muy específicamente los cristianos de Oriente en manos del Estado Islámico.

La primera es la cortina de los malos usos del lenguaje, cuestión en la que es grande la responsabilidad de quienes tienen voz pública, dirigentes políticos y religiosos, periodistas e intelectuales: cuando cualquier enemigo intolerante y brutal es un nazi y un fascista y cualquier actuación violenta de una dictadura o de un grupo armado es un genocidio, entonces el nazismo, el fascismo y el genocidio se convierten en términos totalmente irrelevantes.

La segunda la forman los señuelos que ocultan y desvían la atención bajo la forma de una violencia audiovisual extrema la violencia mucho más brutal y masiva del exterminio de grupos humanos enteros por el mero hecho de ser lo que colectivamente son. Esa es la función, específicamente terrorista, de los videos con las ejecuciones por decapitación o por el fuego de los prisioneros del califato terrorista o Estado Islámico, sean trabajadores cristianos coptos en Libia, rehenes occidentales y japoneses en Siria o prisioneros kurdos en Irak.

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Sin conductor

Por: | 21 de febrero de 2015

En este nuevo tipo de guerras sigilosas las treguas son un instrumento bélico más. Pueden serlo incluso los acuerdos nominalmente de paz. Es lo que ha sucedido con Minsk II, obtenido tras una larga reunión de 17 horas en una auténtica cumbre con los cuatro jefes de los Ejecutivos de Francia, Alemania, Ucrania y Rusia para terminar con la guerra en Donetsk y Lugansk. La prueba de que incluso la paz sirve para la guerra, ya no en la inversión de las palabras como sucedía en la novela de Orwell 1984, sino en los hechos, es la resonante victoria de Debáltsevo, obtenida por los rebeldes prorrusos sobre el Ejército de Ucrania una semana después de la tregua.

Ya fue muy sospechoso que la tregua no entrara en vigor hasta las cero horas del pasado domingo y los rebeldes tuvieran casi tres días de barra libre para machacar el enclave. Putin sabía lo que hacía. Al final, la tregua dependía de la rendición o retirada desordenada ucrania, que se ha producido de malas maneras a mitad de semana y es una humillación para Kiev y también para Hollande y Merkel y una exhibición de la maestría del Kremlin en el engaño táctico.

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Al asalto de Roma

Por: | 19 de febrero de 2015

Los errores se pagan. Pero no suelen pagarlos quienes los cometen. La primera dificultad está en la identificación del error y de sus responsables. Con frecuencia no se consigue ni lo uno ni lo otro. Y si se consigue, hay que ver si es posible evitar que carguemos todos con la factura y si alguien tiene el poder para pasársela, al menos en parte, a quien de verdad debe pagarla.

Esto es lo que está pasando con la intervención de la OTAN en Libia, ahora hace cuatro años, al amparo de dos resoluciones del Consejo de Seguridad (1970 y 1973) que autorizaron la creación de una zona de exclusión de vuelos y la protección de la población civil incluso con el uso de la fuerza, dando pie así a la primera y de hecho última intervención militar occidental en las revueltas contra los dictadores árabes que se produjeron a lo largo de 2011.

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Añoranza de días históricos

Por: | 16 de febrero de 2015

Cuatro meses ya sin el ampuloso revoloteo del péplum de Clío, la señora musa de la Historia. Bien difícil de llevar cuando uno se ha acostumbrado un día tras otro a sus sobresaltos y tiene la nube llena de fotos de familia e incluso de selfies con fondo épico, banderas al viento y muchedumbres como testimonio de los días que todo lo cambiaron. Y más todavía cuando al mono de la historia le acompaña de nuevo la incertidumbre sobre qué va a ocurrir a continuación, si es que acaso ocurre algo.

Había prisa; había mucha resolución; había una idea de irreversibilidad obtenida por la técnica de la insistencia, del mantra para atraer la lluvia; y ahora todo ha quedado seco, sin pulso, en una nueva espera desconcertante. Será difícil que se repita aquella trepidación, entre el 11 de septiembre y el 9 de noviembre de 2014, cuando un día tras otro el proceso manchaba las primeras páginas de la prensa española e incluso de la internacional. Ni siquiera el actual marcaje obsesivo desde el Gobierno Rajoy consigue levantar el débil latido soberanista.

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Noches europeas

Por: | 15 de febrero de 2015

Negociaciones interminables, noches en blanco incluso, momentos al borde la ruptura, comunicados confusos, declaraciones de madrugada ante periodistas ojerosos... Eso es Europa. Así se ha construido la Unión Europea desde el primer día. El objetivo no era una idílica unión política en la que las viejas naciones se fundirían en una entidad nueva y resplandeciente. Las ideas quiméricas llegarían más tarde. Al principio y en el origen, era evitar la guerra. Eso es exactamente lo que han intentado el presidente francés, François Hollande, y la canciller alemana, Angela Merkel, en Minsk, donde les ha acogido Aleksander Lukashenko, dictador de Bielorrusia, en el poder desde hace 20 años, para sentarse con el presidente ucranio, Petró Poroshenko, y el ruso, Vladimir Putin.

Sin el acuerdo de Minsk, el segundo en cinco meses, todo conducía a la guerra entre Rusia y Ucrania, la primera confrontación abierta en territorio europeo después de las guerras balcánicas de la década de los 90. Nada asegura que funcione ni siquiera el alto el fuego que entra en vigor esta madrugada, pero es seguro que a la actual guerra encubierta, o la descarada que pueda declararse si Minsk falla de nuevo, solo la podrá frenar la diplomacia con un acuerdo político. Es decir, un proyecto europeo capaz de interesar e incluir a Rusia en vez de dejarla en la soledad de su enorme centralidad geopolítica euroasiática.

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El escorpión ruso

Por: | 14 de febrero de 2015

Poco se puede decir hasta la próxima medianoche. Si el alto el fuego no se respeta, sabremos que Merkel y Hollande estuvieron reunidos inútilmente durante 16 horas con Poroshenko y Putin. Hay estímulos para su aplicación: la Unión Europea aplazó precisamente hasta el próximo lunes la entrada en vigor de nuevas sanciones contra Rusia; prospera la idea, letal para Moscú, de cortar su participación en Swift, el sistema internacional de información bancaria; y queda la amenaza de suministrar armas y equipamiento a Kiev.

No importa. El escorpión de la fábula termina picando a la rana a la que pide que le ayude a cruzar el río, aun a costa de ahogarse él mismo y desmentir así a los optimistas que descartan los males que puedan venir por el prejuicio que causen a quien los provoca. El sueño geopolítico de Putin, al que no renunciará fácilmente, es recuperar parte del territorio perdido con la desaparición de la Unión Soviética y crear Novarossiya bajo su zona de influencia. Solo por la guerra más o menos encubierta podrá conseguirlo.

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Antes de cantar victoria

Por: | 12 de febrero de 2015

Bachar El Asad es el vencedor de la guerra de Siria. La aparición del Estado Islámico ha convertido al presidente sirio en un aliado ineludible para quienes querían inicialmente derrocarle. Su régimen ha conseguido sobrevivir a las revueltas populares que estallaron en marzo de 2011 y a la guerra civil --en gran parte guerra civil islámica entre chiíes y suníes-- en la que fueron transformándose las protestas, gracias a la ayuda de Turquía, Qatar y Arabia Saudí principalmente. Cuatro años y 200.000 mil muertos después --además de un millón de heridos y tres de desplazados-- y con los yihadistas campando a sus anchas por Siria e Irak, nadie pide ahora su dimisión, hasta hace poco condición previa a cualquier negociación de paz.

Quienes bombardean al alimón al Estado Islámico son la aviación de El Asad y los de la coalición internacional que lidera Estados Unidos, mientras por tierra le ataca el ejército sirio. No hay coordinación directa entre los estados mayores de ambas fuerzas, pero sí un flujo de información muy precisa y funcional “a través de terceros países”, según se complace en admitir el propio El Asad.

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Infiernos digitales

Por: | 07 de febrero de 2015

El infierno está en la red. Nunca sus puertas habían sido tan anchas. Hay naturalmente unos infiernos personales, en los que se ejerce incluso la violencia, pero eran ya conocidos en la época de los teléfonos de baquelita, cuando Jean-Paul Sartre declaró que "el infierno son los demás". La novedad son los grandes infiernos digitales que nos llegan precisamente de la mano de quienes desean reconstruir el remoto califato del islam, con sus amenazas terribles, sus prédicas demenciales y, lo que es peor, esos vídeos insoportables producidos como armas de destrucción masiva que difunden las imágenes de las ejecuciones.

Son tan evidentes sus objetivos militares que se hace ocioso cualquier debate sobre la oportunidad de su difusión: quien lo hace sabe que contribuye a amplificar el efecto letal de esta nueva arma tan diestramente manejada por los terroristas. Con su violencia sin límites, los guerreros del califato buscan amedrentar a las poblaciones a las que atacan, disuadir a los países que quieren frenarles y acrecentar sus filas con la convocatoria a los asesinos vocacionales de todo el mundo.

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El País

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