Exactamente como termina. Un atentado suicida en Bagdad, los disturbios en Kenia, la zozobra en Paquistán, los sangrientos enfrentamientos entre Hamas y Al Fatah en Gaza, todo como en 2007. Y en cuanto a los valses de la familia Strauss desde la Musikverein de Viena y el campeonato de saltos sobre esquíes en Garmisch Partenkirchen, o a los mensajes de año nuevo de los jefes de Estado y del Papa, todo no ya como en 2007 sino como siempre. Ritos sobre ritos que construyen la ficción del comienzo. Y sin embargo, motivos hay para pensar que hay comienzos en gestación desde el año viejo, que explotarán en el año recién empezado: en Paquistán, sin duda alguna, pues el magnicidio que se ha llevado al líder más carismático viene a confirmar la solidez de la dinastía de los Bhutto; en Estados Unidos, donde las elecciones presidenciales culminarán la larga decadencia de Bush y sus neocons; en Kosovo, donde Europa se juega su hasta ahora inigualada capacidad para mantenerse como fábrica de paz, estabilidad y prosperidad; o en Francia, donde éste será de verdad el año decisivo de Sarkozy (por cierto, qué prematuro y presuntuoso declararle personaje de 2007: no lo fue en absoluto; más lo fue Putin, en negativo, como reconoció Time; o Angela Merkel, para mi gusto la auténtica gobernante de talla, responsable y demócrata, a quien se debe el nuevo impulso a la construcción europea y lo mejor de lo que se ha conseguido respecto a políticas medioambientales en Heiligendamm y en Bali; o el Rey de España con su cortante réplica a Hugo Chávez, opción por la que apostó mi periódico y que, naturalmente, me parece sensata y justificada).