¿A quien le gusta el G8?
La reunión de los jefes de Estado y de Gobierno de los ocho países más industrializados parece fruto de una mente perversa. No se puede reunir a los ocho hombres y mujeres (una sola en este caso) con mayor capacidad de decisión del planeta en balde. Si una reunión así no tiene resultados, o mejor dicho, muy buenos resultados, es inevitable que se generen frustraciones y enconamientos. Y ésta es la condena que pesa sobre este tipo de reuniones anuales en la cumbre: la incapacidad para resolver los múltiples problemas del planeta que ellos mismos se proponen resolver. De ahí que, al final, sea una excusa perfecta para quienes protestan o incluso quieren comportarse violentamente.
