Israel celebra estos días sus 60 años. “Es un sueño hecho realidad”, escribió hace casi dos décadas Amos Oz. Pero añadió: “Y como tal condenado a tener fallos y defectos. La única forma de que un sueño se mantenga intacto es no hacerlo realidad”. Éste es el aniversario de la realización de este sueño y no puede ser acogido más que con simpatía por quienes defienden el derecho a soñarlo: que es el derecho de Israel a existir y a proyectarse en el futuro.
La satisfacción por las seis décadas increíbles de este sueño no tan sólo no es incompatible sino que para mí va ligada a la expresión de las mayores simpatías con el pueblo palestino y con su proyecto histórico, su sueño, al que tienen el mismo derecho que los israelíes, como es tener un estado propio en su tierra. Por eso es un aniversario ambivalente y doloroso, en el que nada hay de dulce que no se combine con lo amargo.
Son 60 años también de la Naqba, la catástrofe, que es la otra cara, no meramente palestina, de la celebración. También para los israelíes es un momento de aflicción comprobar cuánto ha costado llegar hasta aquí y percibir cuán incierto es el futuro. Yo estoy convencido de que no lo hay si no es compartido. No lo habrá para los palestinos sin Israel. Y no lo habrá para Israel sin los palestinos, por supuesto. Y si hay algo con exclusión de unos u otros es el horror.
Y si se celebran con tanto énfasis estos 60 años es precisamente porque hay miedo e inseguridad acerca del futuro. El déspota iraní Mahmud Ahmadinejad se encarga asiduamente de recordarlo, con palabras llenas de odio y rencor, pronunciadas con el objetivo de multiplicar odio y rencor en todas las direcciones.
Yo quiero celebrarlo leyendo a un colega periodista y bloguero israelí, del admirable diario Haaretz (El País, en hebreo), que ha expresado en su último post la dualidad de esta celebración. Y dando noticia de que en Estados Unidos acaba de crearse una nueva asociación, llamémosle otro lobby judío, si queremos, cuyo objetivo es precisamente conseguir que los palestinos puedan tener un Estado en su tierra, al lado del Israel que ahora celebra sus 60 años. También quiero manifestar aquí mi deseo de que celebre muchos más, en paz y buena compañía de todos, árabes y palestinos incluidos, e invito a mis lectores a que lean el mensaje que recibí de este amigo judío norteamericano de la asociación J Street.