No es una anécdota. Mao Zedong es un doble símbolo. De lo viejo, el comunismo embalsamado en Tiananmen, y de lo nuevo, la cultura pop que acompaña al capitalismo y a la sociedad de consumo. Fundido con la imagen de Obama, adquiere un significado nuevo e inquietante para las estrechas mentalidades, alérgicas a la ironía, que gobiernan el Imperio del Centro. De ahí la retirada de las camisetas y carteles con esta imagen durante la visita de Barack Obama a Shanghai y Pekín. Por si acaso. Para evitar que unas chispas incontroladas puedan prender en una sociedad en plena efervescencia.
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¡Vaya mirada la del viejo emperador jubilado! Deng Xiaoping mantuvo la primacía sobre cualquier otro dirigente hasta su muerte en 1997, cuando tenía 93 años de edad, sin necesidad de ostentar el último cargo del poder fáctico, que es la presidencia de la Comisión Militar del Partido Comunista Chino (PCCh). Jiang Zemin, el de la foto, en cambio, ha quedado condenado a deambular por el congreso y a devorar con su mirada rijosa a las jóvenes azafatas. El paso de la segunda a la tercera generación fue largo y desordenado, aunque más pacífico que la sucesión de Mao Zedong, pero Jiang Zemin, el sucesor de Deng, en cambio, se ha visto obligado a soltar el poder entre congreso y congreso como quien baja una escalera, un peldaño por año: en 2002 pasó a Hu Jintao la secretaría general del Partido Comunista, que venía ejerciendo desde la matanza de Tiananmen en 1989; luego, al año siguiente, le cedió la presidencia de la República; en 2004 la presidencia de la Comisión Militar del partido, y finalmente, en 2005, la presidencia de la Comisión Militar de la República Popular de China.
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