No entiendo tanta alegría por la partida de Josep Piqué. Ya sé que el Partido Popular ha sido siempre en Cataluña algo especial. Pero fue un buen ministro de Asuntos Exteriores, que mantuvo a España en la línea de actuaciones que le han dado su mejor proyección internacional y le han permitido obtener los mejores beneficios para sí misma. Con Piqué puede hablarse todavía de consenso español en política exterior. Puede reprochársele, es verdad, un gesto premonitorio respecto a la evolución futura de quien le nombró, y como tal fue ampliamente criticado: aquella reverencia de vasallaje que le ofreció a George W. Bush. Pero en el resto, impecable, o casi.
