En algo más de 12 horas se acaba 2011 que será recordado por el baile de los países al ritmo de la Bolsa; por la primavera árabe; por la caída, natural o provocada, de recalcitrantes dicatores; por los indignados y por el concepto triple A. Y, como anticipa Lluis Bassets, parece que el año que empieza se repetirá el mismo patrón. Ante tanta incertidumbre, algunos citan a los mayas que predijeron, sin pestañear, un eclipse total de sol, el próximo 20 de mayo, y un apocalípsis. Así, todo junto. Va a ser un año movidito. Y para moverse; mejor, en bici. La incordiante crisis cuestiona tanto la realidad (económica, sobre todo) que nos rodea que pone en duda todo lo que el modelo ha generado: los bancos, los países, el euro, el estado de bienestar e incluso los coches. En tiempos de crisis la duda es normal. El mundo que conocemos comenzó después de la II Guerra Mundial, en 1945; 16 años después del crack del 29. En ese momento la bicicleta fue un vehículo de desarrollo y avance. Luego, en los sesenta, el coche sorprendió y desde entonces no ha cedido el papel protagonista en las ciudades.
Aunque en media Europa los pedales ha conseguido hacerse un hueco, en el resto del mundo no han terminado de consolidarse. Ahora asistimos a su redescubriendo y además está de moda. Tanto que Gucci ha hecho una bicicleta. El boom que generan las efímeras tendencias ayuda a la causa. No va a convencer a los que han conseguido acabar 2011 a pedales. Pero puede animar a los que no se han visto seducidos por las dos ruedas a comenzar 2012 sentados en el sillín. Esta noche, por ejemplo, es perfecta para llegar al cotillón con zapatazos, media etiqueta y gabán sentado en una bicicleta; a lo Cycle Chic. La vuelta es otra cosa. En realidad, no importa; basta recorrer un semivacio y calmado Madrid en busca de tu bicicleta con el concierto de año nuevo de fondo. Y ese no es un mal comienzo del año del fin del mundo.
