A partir de mediados de mayo, cuando el sol despunta en Saratoga Springs amanece un día idílico para montar en bici. Una de estas mañanas, Adam Marino, dándose cuenta de que se celebra el Bike to Work Day, decide acudir a su escuela a pedales. Los padres de Adam, ciclistas impertérritos, siempre le han remarcado que el colegio era como el trabajo para él por lo que la reivindicación del joven les deleitó. Adam tiene 12 años, un cuerpo delgado y diabetes tipo 1. Debido a esta enfermedad, sufrió una drástica pérdida de visión que, gracias a una rápida intervención y una terapia constante, logró relegar al grado leve. Adam juega al fútbol, practica ski y toca la trompeta en un grupo de jazz. “Tiene problemas para leer las señales de tráfico a una cierta distancia pero se las arregla”, cuenta su madre en una entrevista.
Janette y Clem, los padres de Adam, han luchado contra la enfermedad de su hijo educándole en la independencia. Esa fue una de las razones por las que se mudaron a Saratoga Springs, a unos 350 km de Nueva York. Esa mañana, Janette decidió pedalear con Adam al colegio. Arrancaron su trayecto en la tranquila North Broadway y continuaron por Glen Mitchell Road. Tras el recorrido, mucho más placentero de lo que esperaban, se encontraron con un grave obstáculo: Maple Avenue, la avenida principal que vertebra el acceso al centro educativo. Cada mañana, 1650 alumnos acceden a la escuela por esta avenida. Se bajan de uno de los 39 autobuses escolares que pasan por ahí o descienden rápidamente de decenas de brillantes coches con los cuatro intermitentes encendidos.
“No esta permitido llegar en bici a Maple Avenue”. Con esta frase recibió el director adjunto del colegio, Robert Loggins, a la familia Marino. Tras explicarle a Janette que guardarían la bicicleta de su hijo hasta que ella se acercara con su coche a recogerla, le aclaró que nunca nadie había tenido una idea tan extravagante como acudir a la escuela en bicicleta. En 1969, la mitad de los niños estadounidenses acudían a la escuela en bici o a pie, según un estudio de Departamento de Transporte. Cuarenta años después, solo un 13% lo hace. Dos factores intervienen en este cambio. Por un lado, las escuelas están muy alejadas de los hogares. Maple Avenue Middle School es el único centro de enseñanza media de Saratoga. Durante la década de los noventas los centros urbanos se abandonaron. El modelo suburbio salió de Estados Unidos y se extendió por el mundo: se vive en casas en las afueras, la compra y el ocio se realiza en centros comerciales y a la escuela se llega motorizado. Pero no solo la lejanía interfiere. En 2009, en EE UU solo un 38% de los estudiantes que vivían a menos de 1,5 kilómetros de la escuela caminaban o pedaleaban hasta su centro de estudios. En 1969 la cifra era del 88%. Se ha acostumbrado a los niños a ser transportados.
La seguridad fue el principal motivo que llevo a la dirección del centro a prohibir las bicicletas en Maple Avenue. “Obviamente que es saludable usar la bicicleta pero en los últimos 18 años, el tráfico ha crecido muchísimo en esta zona”, se justifica el director Byrne. Aunque las estadísticas de tráfico no apoyan la percepción del director -en 2009, en Estados Unidos murieron 85 menores de 16 años en bicicleta; en coche lo hicieron 1.314-, la excusa de la seguridad es recurrente. “De alguna manera, los padres se han convencido de que cualquier actividad fuera de casa implica peligro para sus hijos”, escribe Lenore Skenazy, autora de Free Range Kids, libro que habla sobre la importancia de educar en libertad y responsabilidad. Los padres han perdido confianza en todo lo que les rodea: su vecindario, sus hijos e incluso en su propia capacidad para educarles sobre cómo moverse por el mundo. Un estudio británico evidencia este temor. Escogiendo a una familia de Sheffield , un grupo de investigadores estudió el área de juego permitida a un chaval de ocho años. Mientras el bisabuelo George podía, en 1926, jugar a unos 9 kilómetros de casa, su hijo Jack, en 1950, solo tenía permitido dos kilómetros. El doble que Vicky, la nieta de George, que, en la actualidad, solo permite a su primogénito Ed alejarse 300 metros de su jardín.
Foto de Nathaniel Welch
Ese supuesto peligro no fue suficiente para los Marino. Tras la reacción de la escuela, madre e hijo decidieron saltarse a diario las reglas del centro y pedalear por Maple Avenue. Poco a poco, su causa fue ganando adeptos. Cada mañana, multitud de familias reivindicaban su derecho a ir en bici al colegio por lo que el tema llegó al equipo directivo. Durante la presentación de la problemática, varios padres hablaron sobre los cambios de movilidad que se estaban produciendo en sus barrios y les pareció interesante formar un comité al respecto. Acabó el curso, el verano pasó y cuando a Adam Marino le tocó volver al colegio su madre le hizo una pregunta: “¿Cómo quieres ir?” “En bici”, contestó el chico. Cuando Adam y su madre, con sus mochilas, gafas de sol en sus respectivas bicicleta, llegaron a Maple Avenue no se encontraron con el comité de movilidad sino con el de bienvenida: el director y un agente que les impedían el paso. La noticia apareció en un periódico local, continuó en la prensa de las regiones aledañas y Fox News les dedicó un reportaje cargado de esencias liberales: una escuela no tiene derecho a obligar a los padres a llevar a sus hijos en un determinado medio de transporte al colegio. Tuvo tanta repercusión que hasta Newt Gingrich, precandidato republicano perteneciente a la ultraconservadora y liberal facción del Tea Party, les mandó una carta mostrando su apoyo a la causa de la familia.

Hay 6 Comentarios
Muy buenoo!!!
Publicado por: Nautica | 31/10/2012 18:38:02
perdón por el off topic, para los gatos: el sábado 9 a las 12:00 en la cibeles ciclonudista!
Publicado por: currywurst | 06/06/2012 19:33:33
A esto es a lo que hemos llegado, a considerar que es más seguro el coche que la bicicleta, cuando es peligrosísimo el movimiento que se produce a diario de decenas de coches aparcados en doble fila y maniobrando entre los niños que descienden de ellos y corren hacia el colegio entre el caos del atasco que se produce. Porque es el coche el que mata, y no la bici, ya vayas dentro de él o seas atropellado por él. Peligrosa práctica admitida por todas las autoridades.
A ver qué ocurre en la segunda parte del artículo...
Publicado por: Bicilenta | 06/06/2012 8:01:09
Nos estamos volviendo un poco tiquismiquis, ¿no?
Publicado por: lorito | 05/06/2012 17:06:06
Gracias! Ha sido una confusión. Según Vía Michelin la distancia entre Nueva York y Saratoga es de 350 kilómetros.
Publicado por: Pablo León | 05/06/2012 16:04:38
Actualmente, Saratoga Springs es 295 kilometros de la cuidad de Nueva York.
Publicado por: chris fales | 05/06/2012 15:40:37