"Las bicis son para jipis o modernos". Reconozco que, a diferencia de Christina Rosenvinge, he pensado esa frase muchas veces. Para mí, como para mucha gente, montar en bicicleta tiene un aire a la infancia, a las calles sin coches de un pueblo pequeño, a carreras en BMX sin cambios, a saltar bordillos con aire de malote. Sensaciones contrarias de las que se tienen al vivir en Madrid, una ciudad con un tráfico salvaje y sin carriles para los ciclistas. ¿Quién podría desplazarse sobre dos ruedas por estas calles hostiles?
