A Domiciano su padre no le compraba una bici. “Tanto mi
hermano como yo éramos unos cafres”, recuerda este artista y diseñador gráfico las palabras de su progenitor.
Por eso, se veía obligado a pedírsela a sus amigos. “Déjame la bici, porfa”,
les decía a unos y a otros. En alguno de estos prestados paseos, la bicicleta
hacía aguas y el joven, en compensación, reparaba las bicicletas de sus colegas. De
eso han pasado más de 30 años, pero a Domiciano Brezmes, maquetador y artista de 49 años, lo de los pedales se le
quedó en la cabeza. Diseña por la mañana; el resto del
tiempo, crea. Es un artista plástico que hace unos años empezó a atesorar
cuadros, sillines y manillares que, herramientas en mano, ha transformado en su
propia marca de bicicletas: Domibrez. Pero las bicis de Domi no son nada
comunes: las hay raras y oxidadas; sofisticadas con un
cuadro de carbono o vintage con
décadas en sus rodamientos. Todas tienen su nombre y las vende pero también las expone. “No son solo un
objeto, son una obra”, añade.
