Andrés Ortega

Sobre el autor

, europeo por nacimiento (padre español, madre francesa), convicción y profesión, ha sido corresponsal en Londres y Bruselas y columnista y editorialista de El País, director de Foreign Policy Edición Española y dos veces Director del Departamento de Estudios en La Moncloa. Le interesa casi todo. Ha publicado (con A. Pascual-Ramsay) ¿Qué nos ha pasado? El fallo de un país. Su primera novela se titula Sin alma.

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Frenazo global en el peor momento

Por: | 04 de junio de 2012

RecesionLa primera parte de la crisis, la Gran Recesión que empezó en 2007-2008, fue esencialmente occidental, de Estados Unidos y de Europa. Las economías emergentes siguieron creciendo y parecía que se habían separado de esta dinámica. Era el famoso decoupling. Ya no es así. Y era previsible que no fuera así, desde que en agosto pasado se empezó a barruntar en algunas economías europeas la recaída en la recesión, la famosa W, sin que EE UU lograra realmente recuperarse. Pero el cambio llega en el peor momento para Europa y puede dificultar gravemente la recuperación de las economías europeas, incluida la española, la alemana que anda renqueante, y la británica que se contrae.

EE UU, con un crecimiento bajo, ha generado en abril menos de la mitad del empleo que se esperaba. Entre las emergentes, en China, tras rebajar sus perspectivas de crecimiento a 6-6,5%, le ha llegado el turno a las expectativas empresariales. El crecimiento de la economía de India cayó en el primer trimestre de este año de 6,1% a 5,3%, el nivel más bajo en una década. Las exportaciones están cayendo en Asia, en particular las de Corea del Sur.  Y la economía de Brasil creció en el primer trimestre de este año un mero 0,2%, a pesar de las medidas de estímulo.

La globalización significa interdependencia. Aunque cuentan otros factores, prueba del frenazo global es que el precio del petróleo, por vez primera desde octubre pasado, ha pasado por debajo de los $ 100 para el barril de Brent de referencia. Tanto el Financial Times como The New York Times han empezado a hacer sonar las alarmas

Los bancos centrales de los emergentes están dejando de invertir en euros y en algunas deudas europeas. Es más, están vendiendo euros para reforzar sus propias monedas. Algunos bonos refugio en la Eurozona, como el alemán o el holandés, generan intereses negativos, camino que desde fuera del euro ha comenzado a emprender Dinamarca.

La crisis del euro (con Grecia, España e Italia como factores ahora centrales) está dañando a buena parte del mundo, lo que a su vez ahonda la gravedad de las economías (con algunas excepciones) de la UE. El frenazo global supone menos mercado para la exportaciones europeas, especialmente las alemanas. Los BRICS están demostrando que no tienen aún la capacidad para ser los nuevos motores de la economía mundial.

El crecimiento chino está al límite del nivel necesario para crear suficiente empleo, lo que puede alimentar los desordenes sociales y dificultar el relevo en noviembre de la cúpula del régimen, generando incertidumbres sobre el rumbo que va a tomar. La destitución de Bo Xilai ha puesto en evidencia una lucha sobre el camino a seguir. El cambio de liderazgo en noviembre, pese a que se conozcan algunos de los grandes nombres, es una de las grandes incertidumbres políticas que pesan sobre la economía mundial, aunque China no sea una democracia. La otra, esta vez en democracia, es lo que ocurrirá en noviembre en las elecciones de EE UU. A Obama la crisis europea y el cambio de rumbo en la economía global se lo están poniendo muy dificil, generando otra incertidumbre sobre el rumbo de la política económica de Estados Unidos en los próximos años.

Y sin embargo él, con Gordon Brown fue el que logró, evitar que una recesión se convirtiera en una depresión (aunque en política, haber evitado males no es algo apreciado). Ellos convencieron al G-20 de un impulso coordinado a las economías. Duró lo que duró. Alemania poco después giró e hizo girar hacia la austeridad, y el G-20, con intereses enfrentados en su seno, dejó de ser operativo. Y luego pasó lo que pasó y sigue pasando. Sería necesaria otra respuesta global como la de 2009.

El País

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