Andrés Ortega

Sobre el autor

, europeo por nacimiento (padre español, madre francesa), convicción y profesión, ha sido corresponsal en Londres y Bruselas y columnista y editorialista de El País, director de Foreign Policy Edición Española y dos veces Director del Departamento de Estudios en La Moncloa. Le interesa casi todo. Ha publicado (con A. Pascual-Ramsay) ¿Qué nos ha pasado? El fallo de un país. Su primera novela se titula Sin alma.

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Grecia no quiere suicidarse

Por: | 15 de junio de 2012

Grecia

En Alemania predomina el deseo, en la opinión pública (49% frente a 39% según un sondeo de Forsa), en los partidos del Gobierno de Angela Merkel y hasta en la oposición socialdemócrata, de que Grecia se vaya del euro. También el Gobierno de Cameron, desde fuera, desde Londres, empuja, como si la salida o expulsión de Grecia del euro fuera a resolver los problemas. Sin embargo, entre los griegos es ampliamente mayoritario (un 87%) el deseo de permanecer. Saben que la alternativa les resultaría mucho más gravosa y dolorosa. Grecia no quiere suicidarse. Gane quién gane las elecciones del próximo domingo, tendrá que pedir una renegociación de las condiciones del rescate, y a la vez poner en marcha verdaderas reformas del país. Pese al nerviosismo reinante, hay probabilidades que lo consiga. No obstante, un pánico bancario en Grecia el lunes, o una suspensión de pagos en las próximas semanas, podría echar por tierra estas esperanzas y forzar una catástrofe que podría llegar mucho más allá de Hellas.


Salvo por la extrema izquierda y la extrema derecha, los principales partidos griegos son abiertamente europeístas. La coalición Syriza, desde la izquierda radical, se presenta como tal, y lo que su líder, Alexis Tsipras, plantea es una renegociación del memorándum firmado en marzo con la troika a cambio del rescate y un “plan nacional de reconstrucción y crecimiento”. Incluso, Antonis Samaras, líder de la Nueva Democracia de centro derecha,  se ha tenido que manifestar dispuesto a una revisión de ese acuerdo incumplido por parte griega.


Sin duda una mayoría de Nueva Democracia y de los socialistas del Pasok calmaría la situación. Algunos lo llaman voto de la sensatez, otros del miedo. Pero puede que más griegos, hartos, opten por Syriza, justamente porque los otros dos partidos son percibidos como corruptos e incapaces desde hace lustros de llevar a cabo las reformas que Grecia necesita, para empezar un sistema de recaudación de impuestos que funcione.


El resto de la eurozona ha reducido su exposición a una eventual suspensión de pagos por parte de Grecia. Los bancos ya aceptaron una quita del 50% de la deuda griega y la banca alemana, más que ninguna otra, se ha deshecho en buena parte de sus activos griegos. Aunque el coste lo tendría en buena parte que asumir el BCE, es decir, a fin de cuentas, los Estados de la Unión Monetaria.


Muchos dirigentes europeos, incluido François Hollande, han alertado a los griegos de que no habrá renegociación. Es la presión para el voto del miedo. Pero según informaba el pasado miércoles el Financial Times Deutschland, en la UE, el BCE y el FMI se ha abierto paso la idea de que habrá que negociar con el nuevo Gobierno griego, sea el que sea. No obstante, negociar puede significar mantener el acuerdo como está, y ofrecer incentivos paralelos a Grecia, como hoy sugiere el Financial Times.


¿Realmente se arriesgarán Alemania yotros a poner en peligro el euro por la pequeña Grecia, que representa un  3% del PIB de esta Europa, que lleva apretándose brutalmente el cinturón desde hace dos años, y que, aunque no ha logrado poner en marcha las reformas esperadas o prometidas, sí ha conseguido rebajar el déficit primario (sin el coste de los intereses de la deuda) al 2%? Europa, sus dirigentes y sus instituciones, no han estado a la altura. Y tras el domingo, los problemas seguirán. De ahí, que el aviso para navegantes que lanzó ayer en el Bundestag -sí va al Parlamento a explicarse- Merkel no debe caer en saco roto: “La fortaleza de Alemania no es infinita”. Hay algo de realidad en sus palabras. Pero también de táctica. Merkel, apoyada solo por Finlandia, Holanda y Austria, está negociando con toda la Eurozona. Una negociación dura y arriesgada.


A España, desde luego, no le convendría nada que Grecia se saliera del euro, pues, con las intervenidas Irlanda y Portugal, se convertiría en la siguiente al borde de un precipicio al que se ha aproxximado demasiado. De hecho, Gerald P. O'Driscoll del muy conservador instituto Cato de EE UU, en un artículo sobre cómo llegará el fin del euro, señala que “la partida final se jugará en España”. Esta vez tiene razón el titular de Exteriores, García Margallo, al asegurar, ayer, que "el destino de la UE se juega en estos días, quizás en estas horas. El plazo de tres meses que dio Lagarde quizás es demasiado largo". Lo es.


Como ya hemos explicado en otras ocasiones, la creación de la Unión Monetaria no previó que ningún Estado se pudiera salir de ella. Tendría que abandonar –también con quebranto- la propia Unión Europea. Aunque si es necesario, el servicio jurídico de la UE puede ser muy creativo. Pero Grecia puede decir “me quedo”. Claro que, entonces, el BCE podría cortar el flujo de dinero hacia los bancos griegos y hacer entrar el país en un caos que le obligara a suspender pagos y anunciar la salida del euro.


Como dicen los anglosajones, shit happens.

 

El País

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