Andrés Ortega

Sobre el autor

, europeo por nacimiento (padre español, madre francesa), convicción y profesión, ha sido corresponsal en Londres y Bruselas y columnista y editorialista de El País, director de Foreign Policy Edición Española y dos veces Director del Departamento de Estudios en La Moncloa. Le interesa casi todo. Ha publicado (con A. Pascual-Ramsay) ¿Qué nos ha pasado? El fallo de un país. Su primera novela se titula Sin alma.

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¿Es necesario un Gobierno de concentración?

Por: | 16 de julio de 2012

Handsh


Ante la crisis y las intervenciones, pocos son los países que han optado por gobiernos de concentración nacional. Ni Portugal ni Irlanda lo han hecho. Aunque ha dejado fuera a la izquierda y a la extrema derecha, que han crecido, Grecia sí, pero solo como solución de emergencia, después de que los dos partidos mayoritarios casi se destruyeran en el gobierno, y el socialista PASOK casi lo consigue plenamente. Italia se decantó por un gobierno de tecnócratas, presidido por un Mario Monti que, sin embargo, tiene un gran olfato político y se conoce mejor que muchos otros cómo navegar en las aguas bruselenses. Pero también en este caso Monti llegó al gobierno tras una presión inusual de Merkel y la intervención directa del respetado presidente Napolitano. La norma general es que los partidos en el gobierno prefieren afrontar crisis e intervenciones en solitario.


¿Y España? El paquete de ajuste, pese a su dureza, no será el último. No cabe excluir una plena intervención que exija mucho más. A pesar de la gravedad de la situación, la mayoría absoluta del PP puede llevar a este partido a considerar que se basta a sí mismo y que no necesita de un pacto o menos aún un gobierno de concentración nacional. Sin embargo se ve que el PP no va a bastar para afrontar las dificultades que vienen. El propio Rajoy,  no se sabe si convencido o de forma retórica,  lo reconoció en el debate en el Congreso del pasado miércoles. Es necesario buscar tal acuerdo, que no significa que los demás acepten sin más lo que los populares propongan, sino pactar.


¿Y quienes serían estos demás? En esta España el PSOE, CiU y el PNV como poco. Y luego a nivel institucional las Comunidades Autónomas, los sindicatos y la CEOE. Un problema es que puede hacer crecer a los de Rosa Díez si no se integra aunque lo deseable sería que se integrara. España tiene en UPyD un partido  populista que, a diferencia de otros en nuestro entorno europeo, acumula descontentos de uno y otro lado en el centro, no en los extremos, y los canaliza hacia la política, no hacia el discurso antipolítico. También crecería Izquierda Unida y asimilados, de los que no cabe esperar una integración, aunque habría que intentarla.  ¿Sindicatos y CEOE? Si hubiera un gran impulso de partidos políticos, se verían arrastrados. Además, habría que superar dos tipos de recelos: la confrontación entre el PP y el PSOE, y la desconfianza entre nacionalistas catalanes y vascos y los partidos de ámbito estatal.


Frente a un pacto, por amplio que éste fuera, un Gobierno de integración tendría la ventaja de obligar mucho más a todos sus participantes. Un Gobierno de concentración se justifica no sólo en la gravedad del momento, y en un programa para salir de ésta, sino también en las personalidades que lo conformen, para regenerar la confianza perdida. Tendría que ser un Gobierno de pesos pesados.  Y en estos momentos, con algunas excepciones, no se divisan suficientes pesos suficientemente pesados en esta España.


Pero además de los participantes, ¿qué programa? Lo que estaría de sobra sería un mero reparto de carteras a cambio de no crear problemas y un discurso de unidad nacional vacío de políticas reales. El pasado miércoles, en el debate, faltaron tres cosas: un debate sobre Europa a fondo que este país no ha tenido, políticas de crecimiento y no sólo de ajuste (la falta de perspectivas de crecimiento es realmente el mayor problema del país que socava toda confianza por parte de los inversores) y un proyecto de país. Son tres elementos no deseables, sino necesarios.


Otros países, es verdad que más pequeños y homogéneos, como Finlandia tras la catástrofe que supuso para su economía el hundimiento de la Unión Soviética  o Suecia en 2003 tras su crisis financiera, han salido adelante con grandes pactos nacionales. España misma ha salido delante de otras situaciones mucho peores, cuando éramos mucho más pobres. Esta España es mucho más compleja que la de 1977, cuando los Pactos de la Moncloa, o la dura reconversión industrial de los 80, pero aquellos ejemplos deben pesar. Salir de ésta nos va a llevar años y en parte hemos de reinventar el país. Es necesario un pacto nacional. E intentar un Gobierno de concentración más bien pronto que tarde.


Pero ante el mundo de 2012, muy distinto al de hace sólo cinco años, ¿tenemos en España los programas alternativos que puedan integrarse en un programa común nacional?, ¿están en la política los profesionales de altura capaces de reorientar nuestro país? Flota en el ambiente la sensación de que es preciso un acuerdo nacional, pero también de que hay un vacío de programas y de personas capaces de desarrollarlo.

El País

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