En el reloj de los científicos atómicos -que mide a qué distancia estamos del fin del mundo por una catástrophe nuclear, mediambiental o biológica- estamos a las doce menos cinco. Si hubiera un reloj similar para la plena intervención de España por la troika (Comisión Europea, BCE y FMI), estaríamos mucho más cerca -de hecho, en este un reloj que se ha movido al albur de la prima de riesgo, nunca tan cerca- de la fatídica medianoche. pendientes de lo que pase el lunes. ¿Qué tiene que pasar el lunes? Hay un acuerdo amplio entre expertos en España y fuera de que si el Banco Central Europeo no empieza masivamente a comprar deuda española en el mercado secundario para bajar la prima de riesgo, ésta se disparará. Y entonces el Gobierno se podría ver forzado a suspender la subasta de deuda convocada para el martes. La perspectiva de que la caja del Estado se vaciará forzaría pedir una intervención. España ya no puede hacer nada. La decisión está en manos del presidente del BCE, Mario Draghi, y, por detrás, de la canciller alemana, Angela Merkel, una convencida de los valores terapéuticos de la prima de riesgo).
Ellos sabrán si la Eurozona puede digerir el rescate de una economía como la española. Hasta ahora había optado por un rescate con pinzas, es decir, sólo del sector financiero, aunque con condiciones sobre la política económica. En caso de que se cayera en la intervención, estaría por ver si España no es demasiado grande, y, si este país no arrastrará a Italia en la caída, iniciando una reacción en cadena que se puede llevar por delante el euro. Si el BCE no interviene puede estar sentenciando no solo a España, sino al euro.
Frankfurt, sede del BCE, y Berlín pueden estar forzando una intervención porque ya no se fían de España ni de su Gobierno. ¿Por qué?
- Porque el Gobierno retrasó la presentación de los Presupuestos para 2012 por razones políticas (las elecciones andaluzas).
- Porque tras aceptar que el déficit público verdadero de España estaba en un 8,5%, seis meses después, el déficit sigue en un 8% con lo que todos los recortes incluidos en los presupuestos de poco han servido.
- Porque el caso de Bankia, con cambios constantes en la valoración de lo que se necesitaba para rescatarla, sembró dudas sobre la fiabilidad de los datos españoles.
- Porque Montoro anunció que el Estado se estaba quedando sin dinero para pagar las nóminas de los fucionarios. ¿Está jugando al peligroso juego del gallina con el BCE?
- Porque las valoraciones del impacto en reducción del gasto público del último paquete de medidas han variado también entre unos documentos y otros.
- Porque la Comunidad Valenciada ha pedido el rescate al Estado central, y otras seis comunidades pueden seguir sus pasos, en un país en el que más de la mitad del gasto público están en manos de la CC AA y los entes locales, y el resto se lo reparte la seguridad social (más) y el Estado central (menos). Es decir que no hay confianza en cual es este agujero, ni en que los españoles vayamos a controlar estos gastos.
- Y, aunque habría, otras razones, también o sobre todo porque España no tiene perspectivas de crecimiento hasta, al menos, 2014, y no hay una estrategia al respecto.
Una intervención significa que la troika decidiría sobre los recortes (exigiendo más) y controlaría con microcoscopio las cuentas públicas, como lo va a hacer el BCE (y el Bnaco de España) con los bancos.
La respuesta está al llegar. Y la respuesta es básicamente a una pregunta: ¿Se fían o no? Y en consecuencia, ¿nos fían o no?