Mario Draghi, el presidente del Banco Central Europeo, se está resistiendo a que su institución compre masivamente deuda española e italiana en el mercado secundario para calmar la situación. El otro Mario, Monti, dice que no hay prisa.
Pero en la entrevista a Le Monde, publicada por EL PAÍS, Draghi dice dos cosas muy importantes para nuestro país. En primer lugar que los contribuyentes españoles "ya han pagado mucho" el salvamento de la Banca, por los que deben ser ahora los acreedores, lo que incluye a los accionistas, no a los ahorradores, los que paguen. Estas palabras constituyenn también un aviso encubierto a que no se suban más los impuestos, pues se puede asfixiar a la economía.
En segundo lugar, en lo que ha pasado más desapercibido, señala: "demasiadas veces nos centramos en la reforma del mercado laboral, que no se traduce siempre en una mejora de la competitividad, ya que hay empresas que se aprovechan de monopolios o de dominios de posición. También hay que tener en cuenta los mercados de productos y servicios y liberalizarlos cuando resulte necesario. Políticamente son decisiones que cuesta tomar".
No está hablando de España, pero es perfectamente aplicable a España.Por una parte, la reforma laboral es solo una de las reformas. Y, por sí sola no garantiza una mayor competitividad.
Ya lo hemos señalado en repetidas ocasiones. La economía española necesita liberar su capacidad de innovación. Demasiado a menudo hay sectores copados por grandes empresas en los que resulta casi imposible que los pequeños y medianos innovadores se hagan un hueco. Pero, claro, esto implica liberalizar, no solo privatizar (en este país se hicieron en los 90 las cosas al revés). Y para ello hay que pìsar callos, y romper intereses creados. Es decir, acabar con ese mercantilismo plutocrátrico que nos domina. Draghi prefiere hablar de "monopolios o dominios de posición".
Políticamente, en efecto, son decisiones que cuesta tomar. Uno tras otro los Gobiernos chocan contra estos intereses, a veces de grandes empresas, otros de corporativismos. Se hacen recortes, se suben impuestos. De estas reformas, nada. Y sin estas reformas, Draghi no quiere perder el dinero del BCE (que es el de los Estados de la Eurozona, no lo olvidemos). Aunque ahora se trata de una cuestión de supervivencia de la economía de España y del euro. El aviso de Moody's a Alemania, Holanda y Luxemburgo, el corazón del euro, es significativo.
Pero en España hay que liberar esas energía creativas. De otro modo, no habrá crecimiento. Y sin perspectivas de crecimiento, la crisis seguirá o se agravará.