Andrés Ortega

Sobre el autor

, europeo por nacimiento (padre español, madre francesa), convicción y profesión, ha sido corresponsal en Londres y Bruselas y columnista y editorialista de El País, director de Foreign Policy Edición Española y dos veces Director del Departamento de Estudios en La Moncloa. Le interesa casi todo. Ha publicado (con A. Pascual-Ramsay) ¿Qué nos ha pasado? El fallo de un país. Su primera novela se titula Sin alma.

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Permiso para leer a Maquiavelo y Nietzsche

Por: | 28 de julio de 2012

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El protagonista de la novela Sin alma es un neurólogo cuyo libro La hipótesis innecesaria (la hipótesis es la de la existencia de una vida después de la muerte) había sido incluido antes de la Guerra Civil en el Índice de Libros Prohibidos del Vaticano, lo que le acarrea problemas con la Iglesia y con el régimen de Franco para publicar otras obras.

El personaje es ficticio. El libro también. Pero aquellos tiempos y el Índice -el Index Librorum Prohibitorum- fueron muy reales. Para leer un título incluido en esa lista de obras prohibidas era, en principio, necesario un permiso, so pena de excomunión. Tras la lectura de Sin alma, mi cuñado Jordi Sobrequés i Callicó ha recuperado de sus archivos un borrador de solicitud. En 1957 cursaba bachillerato en el Instituto de Girona. De cara a un "trabajo de síntesis literaria", tuvo que solicitar permiso al obispo local para poder leer El Príncipe de Maquiavelo y Así hablaba Zaratustra de Nietzsche, libros que estaban en su propia casa, en la biblioteca de su padre, el historiador Santiago Sobrequés. Como se indica, "lectura siempre tutelada" por Mnsgr. Puigverd, Consiliario Diocesano de la Agrupación Diocesana San Narciso, antiguo requeté.

La última edición del Índice data de 1948. En 1966, el Papa Pablo VI mandó abandonar la oficialidad de esa lista y la excomunión que implicaba leer esos libros sin el debido permiso. Pero otros siguen vigentes, como el del Opus Dei.

A algunos puede servirles este documento gráfico para recordar aquellos tiempos; a otros para no olvidarlos; y a los que no los vivieron para conocer algo más. Son luces largas traseras. Disculpe el lector/a si esto ha tenido un toque personal.

 

 

El País

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