Andrés Ortega

Sobre el autor

, europeo por nacimiento (padre español, madre francesa), convicción y profesión, ha sido corresponsal en Londres y Bruselas y columnista y editorialista de El País, director de Foreign Policy Edición Española y dos veces Director del Departamento de Estudios en La Moncloa. Le interesa casi todo. Ha publicado (con A. Pascual-Ramsay) ¿Qué nos ha pasado? El fallo de un país. Su primera novela se titula Sin alma.

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Axiomas de la buena vida

Por: | 20 de agosto de 2012

Aristoteles

Los Skidelsky, padre e hijo, que, como señalaba en el blog anterior abogan por una economía que nos aleje de la insaciabilidad consumista y del crecimiento económico a toda costa, definen en el mismo libro esa idea que se origina en Aristóteles: nada más y menos que proponer en qué consiste la buena vida.

Para ello, definen unos “bienes básicos”. Se parecen a las diez capacidades centrales que ha propuesto Martha Nussbaum, o , a los “bienes primarios” que propusiera Rawl como necesarios para lo que llamó un “plan de vida racional”.


El biógrafo de Keynes y el filósofo avanzan en la precisión y en las exigencias que plantean para que un bien sea básico, lo que de hecho los convierten en el equivalente a axiomas. Para empezar, no puede ser parte de otro bien. Tiene que ser sui generis. Tiene que ser universal, es decir, compartido en todas las culturas. E indispensable. Y además, finales lo que significa que no deben servir para otro bien. Lo que recuerda la famosa frase de Fernando de los Ríos a Stalin cuando éste le preguntó: “¿Libertad para qué?”. “Libertad para ser libres”, le contestó el socialista español.
Los bienes básicos que proponen los Skidelsky son los siguientes:

  • Salud (pero no se trata de convertir al mundo en un vasto hospital en el que cada cual cuide de todos los demás).
  • Seguridad. Lo que incluye la seguridad física pero también el trabajo bien remunerado. Claro que, como recuerdan, el pleno empleo como política macroeconómica se abandonó durante la era Reagan/Thatcher y nadie la ha recuperado. También advierten contra la caída en la “esclavitud del salario” en otro sentido que el habitual: En el sentido de que a más salario, más gastos, como el personaje de Sherrman McCoy, el “amo del universo” de la novela de Tom Wolfe La hoguera de las vanidades, que consume su elevado salario en costosos alquileres, coches c y escuela, con lo que entra en bancarrota en cuanto pierde el empleo. .
  • Respeto. Algunos lo llaman “dignidad”, especialmente en discusiones religiosas, un  término muy utilizado en las revueltas árabes.
  • Personalidad. Lo que incluye la propiedad.
  • Armonía con la naturaleza (pero ellos no se declaran ecologistas)
  • Amistad. Incluida la familia y eso que se llama “capital social” (una terminología que rechazan). Podría incorporar también la pertenencia a una o varias “comunidades”. En cuanto a la amistad propiamente dicha, recogen la diferencia que marcó Aristóteles amistad-utilitaria (basada en una coincidencia de intereses) y amistad de placer (basada en distracciones compartidas), aunque la verdadera amistad se da cuando cada parte abraza el bien del otro como propio.
  • Ocio. No es falta de actividad, sino lo que hace para beneficio en sí, no como medio para otra cosa. El tiempo dedicado al trabajo no ha disminuido  en 20 años, e incluso puede estar aumentando si se toma en cuenta el dedicado a los desplazamientos para ir a trabajar. Menos horas trabajadas no tienen por qué implicar menos ingresos (como demuestra el caso de los holandeses frente a los británicos)

Para estos autores, los bienes básicos no son solo medios para una buena vida. Son la buena vida. Y, en estos términos, pueden que hayamos retrocedidos. Ellos no lo dudan respecto a un Reino Unido cuyos ciudadanos gozan de menos bienes básicos que en 1974.

Occidente tenía su concepto de la buena vida. Tenía que tenerlo para contraponerlo al soviético y al atractivo del comunismo. Con el fin de la Guerra Fría, se acabó.

¿Hay otros elementos que definirían otra buena vida? Ellos consideran que no. Pero en esta lista y en su explicación y justificación, falta ese otro bien básico que ellos duscuten en profundidad, pero no incluyen como tal, a saber, la libertad, mucho más demandada en estos tiempos que la democracia. ¿Para qué? Para ser libres.

El País

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