40 Aniversario
Andrés Ortega

Momentos gandhianos

Por: | 01 de enero de 2013

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Hay dos libros que hay que leer en paralelo, porque se complementan, y juntos sirven para explicar mejor los movimientos ciudadanos que hemos vivivido en el mundo los últimos dos años. Por una parte el del sociólogo Manuel Castells sobre las Redes de indignación y de esperanza. Por otro el del filósofo Ramin Jahanbegloo sobre La hora de Gandhi. Pues estos movimientos,desde las revueltas árabes –pese, tras la guerra de Irak, a la masacre en Siria,y a que los islamistas sean lo que hayan robado las revoluciones- a los indignados en España o Occupy Wall Street en Estados Unidos no se pueden entender sin la no violencia y ésta tampoco sin la referencia al gran líder indio.

Castells ha hecho un gran esfuerzo analítico en el estudio de esa “conexión entre redes sociales de Internet y redes sociales de la vida donde se forjó la protesta”. Pero al centrarse sobre las redes que suponen las conexiones tecnológicas, a veces parece olvidar no solo la no violencia que ha marcado estos movimientos (pese a algunos brotes de violencia) sino que otros similares se han dado en otros
momentos históricos y lugares geográficos con otros sistemas de comunicación. Ni Gandhi ni Martin Luther King y su campaña por los derechos civiles, ni Mandela frente al apartheid, contaron con Internet o con los móviles, sino con otros sistemas de difusión de las ideas y de la palabra.

Castells apunta acertadamente que estamos viviendo una “ocupación de espacios” que crean comunidad (basada en el compañerismo), están cargados con “el poder simbólico de loa invasión de los centros de poder del Estado o de las instituciones financieras”, y crean un espacio público.

La profunda reflexión sobre Gandhi de Janhanbegloo llega en un momento oportuno. Recuerda que el mahatma lanzó un sistema de acción política que no solo buscaba la independencia de la India del imperio británico, sino transformar a la propia sociedad india, transformar una civilización  aquejada de un sistema de castas que, desgraciadamente, aún perdura, y lograr asentarla sobre bases multi-religiosas. Gandhi no fue todo éxito. Venció sin armas a los británicos, pero en parte fracasó ante los suyos. Aunque algo importante ha dejado más allá de la resistencia pacífica y la no violencia: la idea de que el verdadero sujeto de la política es el ciudadano y no el Estado, con una idea de la democracia profundamente participativa, que también reclaman los quincemayistas, aunque Gandhi ideó un cocepto de democracia basado en el deber, tanto o más que en el derecho.

El de los indignados ha sido -es- un movimiento de ciudadanos, no antipolítico, sino por otra política, aunque sin objetivos definidos, sin organización y sin líderes. Es difícil ser gandhianos sin Gandhis, especialmente, como señala Castells, cuando se trata de“movimientos emocionales”, sin programa
ni estrategia política.

Pero “la hora gandhiana”, apunta Janhabegloo, “empieza en los corazones y las mentes de los individuos que están reorientando su relación con el Estado y abriéndose a las posibilidades de la no violencia y a un compromiso profundo con los otros”.¿Será 2013 otro año gandhiano?

Hay 4 Comentarios

Empezamos un Nuevo Año y por aquello de año nuevo, vida,nueva, esperemos de los políticos rectificación en las prioridades, que rectificar, dicen es de sabios. Ojalá sean capaces de ver que en un mundo globalizado no sirven viejas recetas, pensadas para comportamientos estancos. El sistema, basado, nos guste o no, en el consumo, se esclerotiza cuando las medidas que se toman van contra su propia esencia. De persistir en las políticas de recortes, sin fomento del crecimiento terminaran con tal parálisis del mismo que provocaran un caos traumático de incalculables consecuencias. Los intereses de unos pocos no pueden llevar a la desesperación de la mayoría de una población que, independientemente de su posicionamiento político personal, ve con cada vez mayor estupor como el deterioro de metas, conseguidas con mucho esfuerzo, son pisoteadas de forma regresiva y despiadada. Este modesto blog, iniciado hace un mes, intenta humildemente aportar otra visión del problema, cierra el año con 25.000 visitas, gracias por la paciencia en leerme. Estamos, aún, a tiempo de tener un FELIZ AÑO 2013. http://fraesma.blogspot.com

En la terminología actual estaríamos hablando del papel de la sociedad civil. Ante el desprestigio de la clase política, y en gran medida de las propias instituciones, la gran esperanza para muchos es que de eso que llamamos sociedad civil emerga una "fuerza" capaz de transformar nuestra sociedad y dar salida a la crisis que tenemos.

La crisis va para largo y es muy probable que en los próximos años asistamos a un derrumbamiento de la actual clase política y de los partidos clásicos. Ante ese vacío, el riesgo es que emergan líderes populistas que nos arrastren aún más por el lodazal.

Confiar en la sociedad civil es tanto como creer que, en este vacío, surjan grupos de opinión, movimientos con ideas, gente preparada y, sobre todo, un proceso de maduración e implicación por parte de amplios sectores de la sociedad que permita confiar, no solo en su capacidad de movilización (condición necesaria) si no también en su capacidad de definir alternativas viables.

Recomiendo la lectura de esta artículo: http://www.otraspoliticas.com/politica/%c2%bfjugamos-a-la-bolsa-o-a-la-sociedad-civil

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Sobre el autor

, europeo por nacimiento (padre español, madre francesa), convicción y profesión, ha sido corresponsal en Londres y Bruselas y columnista y editorialista de El País, director de Foreign Policy Edición Española y dos veces Director del Departamento de Estudios en La Moncloa. Le interesa casi todo. Ha publicado (con A. Pascual-Ramsay) ¿Qué nos ha pasado? El fallo de un país. Su primera novela se titula Sin alma.

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