Bofetada en los morros de realidad, ayer, dos días después de acabado el reinado FIFA en Sudáfrica. Reunión comunitaria en Paarl, ciudad vinatera antigua, donde se han protagonizado ataques xenófobos desde el viernes. No en Paarl mismo, pero en el gueto de Paarl, en Mbekweni, donde los locales, jóvenes desempleados, han salido en grupos a amedrentar a somalíes, con pequeñas tiendas y a zimbabuenses, que trabajan como temporeros en los campos.
Muchos locales sienten que los extranjeros les quitan puestos de trabajo, bien escaso o inexistente en la Sudáfrica actual, competidores directos en un mercado laboral constreñido. La población está enfadada y duele, duele escuchar los gritos de “hamba!” (¡fuera!), duele la intensidad de la impotencia, preocupa la furia verbalizada, la solidaridad abandonada en un país donde el ubuntu (el humano yo soy porque tú eres) se torna objeto de lujo, producto sólo asequible a los que tienen.






