De mamas & de papas

De mamas & de papas

De la comedia más almibarada al thriller más terrorífico, todo es posible en un día con hijos. En este espacio, padres y madres que a la vez son periodistas, y los lectores, comparten información y experiencias para sobrevivir a estos años apasionantes pero agotadores. Participa en los comentarios o a través de nuestro correo

Niños de campo, niños de ciudad; juegos de campo, juegos de ciudad

Por: | 14 de marzo de 2011

TractorAterrizamos en Barcelona después de unos días en un caserío en Navarra. Al shock de la vuelta al curro se suma la sacudida de conciencia que me provocan siempre los niños de campo. Lo distinta que es su vida de la de mis enanas urbanitas. Cómo pasan el día entero en el campo y con el ganado: entero literalmente, porque también allí los críos acaban de tener una semana de vacaciones. Cómo su juguete favorito son los tractores. Tienen de varios tamaños, el de la foto es el más grande y deseado. Cómo les construyen todo tipo de aperos con madera o lo que pillen. Cómo pasan horas y horas reproduciendo campos en miniatura y jugando a imitar las tareas que ven hacer a padres, tíos y abuelos: empacan hierba, recogen helecho para las cuadras de vacas y los corderos, pasan la pala quitanieves… Cómo llegan a la escuela y cuentan el trabajo que les da tal cordero que nació antes de tiempo o si hay una vaca enferma.

Si lo comparo con mi realidad de casa, me da casi apuro decirlo: la de cuatro años se divierte pintando y recortando, juega a disfrazarse, a peluqueras, a hablar con el móvil con sus amigas y ahora empieza con los juegos de mesa. La de once meses juega a jugar con la mayor, que pasa bastante. Básicamente, sus juegos están limitados por los 80 metros cuadrados de casa, el patio de la escuela o el parque. Vale, hay fines de semana de campo y playa, pero repito: básicamente, casa, cole y parque. Y nuestras preocupaciones nada tienen que ver con las de las familias del campo.

Si a todo esto sumo que acabo de empezar a leer La ciudad de los niños, del pedagogo italiano Francesco Tonucci, mi agobio crece. No lo he terminado, pero ya que éste no es un texto científico, creo que las 40 páginas leídas valen para explicar que Tonucci reivindica una ciudad pensada a partir de los niños. Una revolución que el pedagogo defiende que supondría una vida mejor para todos. Tonucci parte de una idea tan gráfica como real: antes nos daba miedo el bosque y nos sentíamos seguros en la ciudad, lugar de encuentro e intercambio. De unas décadas a esta parte, la realidad se ha invertido y el bosque se ha convertido en algo “bonito, luminoso, objeto de sueños y de deseo”, mientras la ciudad se ha convertido en algo “feo, gris, agresivo, peligroso y monstruoso”.

El espacio urbano se ha convertido en objeto de valor comercial, se ha optado por los criterios de separación y especialización como criterio de desarrollo, ha perdido su vida, ha cedido espacio al coche y los servicios se han pensado desde el punto de vista de los adultos. Y para su comodidad. Tonucci, por ejemplo, cuestiona los parques infantiles: están alejados de las casas, de forma que los niños tienen que ir acompañados de adultos que tienen que vigilarles: “y bajo vigilancia no se puede jugar”. Critica que se trate de espacios allanados, sin lugares donde esconderse “uno de los componentes más importantes del juego infantil”, que se predetermine el juego con “instalaciones pensadas para actividades repetitivas y poco motivadoras, como columpiarse, como si un niño tuviera más que ver con un hámster que con un explorador, un investigador o un inventor”.

El veterano pedagogo italiano, que firma como Frato cuando ejerce de ilustrador, habla de niños que están más solos que nunca –cuando oficialmente sus derechos están reconocidos como nunca-, de que los accidentes domésticos han aumentado en paralelo a la presencia de niños en las casas –convertidas en fortalezas- o de las negativas consecuencias que tiene llevar a los pequeños en coche a todos lados -a la escuela, a las extraescolares-, por la pérdida de referentes de proximidad.

Tonucci creó un laboratorio en la ciudad italiana de Fano en 1991, La ciudad de los niños, en la que se da voz a los más pequeños. Un proyecto al que se sumaron más ciudades y del que desconozco el resultado, porque la edición que estoy leyendo es de sólo cinco años después. Sí llego a comparar las ideas de Tonucci, la realidad del caserío y la mía para ver que los niños de campo pasan todo su tiempo de ocio jugando en un monte que es todo menos llano, donde nadie les vigila y se entregan a la imaginación y el invento. No lo idealizo, la vida en el caserío también es muy dura. Tiene sus pros y contras, como de la ciudad. Pero a veces me gustaría que estuvieran más repartidos.

Hay 30 Comentarios

A MI ME PARECE MALO BOTAR A LOS NIÑOS A LA CALLE Y HACERLE TRABAJAR

Varios comentariastas utilizan la famosa regla: SI NO LOS CONVENCES AL MENOS CONFUNDELOS...

La ciudad solo nos enseña a ser insecto. Deberian prohibirlas.

A mi me da la impresión de que la mayoría de personas que han comentado este artículo y se han atrevido a comparar la vida de los niños en el campo y en la ciudad, y dan a entender que no hay niguna diferencia, es porque realmente no saben lo que es vivir en el campo. Yo crecí en la afueras de Vigo, jugaba en las montañas y jugaba en la playa. La sensación de libertad que se siente es indescriptible.Comíamos cerdo de mi abuela, o pollo, y pescado de la ría. Primero por estudios, y luego por trabajo he tenido que vivir en grandes ciudades. Pero tengo claro que quiero que mis hijos, cuando los tenga, no tengan que jugar en una calle o en un parque de ciudad. Esos primeros años de crecimiento marcan mucho a una persona y si puedo evitarlo lo haré. Ellos podrán decidir cuando crezcan donde quieren vivir.

es más, a mi me llama la atención que los niños de campo, o de pueblo, son mucho más abiertos, menos miedosos, más espontáneos...
es una sensación que tb he tenido en países como Cuba o Marruecos, es como que los niños "son más niños"
gracias por la referencia, correré a buscar ese libro

no sé, no sé, con lo miedica que soy ni en el campo le dejaría que se fuese a su bola (que tiene 3 años y medio!!!). El principal inconveniente que le veo a Madrid es que te pida ver una vaca, como nos pidió el fin de semana, y a ver donde encuentras una vaca a una distancia razonable JAJAJA

Hola Bea B, es verdad que estar en la ciudad no es sinonimo de estar encerrado en casa todo el dia, pero no tiene comparacion con vivir en el campo en donde sin necesidad de supervision por parte de un adulto te podias ir a jugar 20 minutos antes de ir a comer sin ningun problema, yo me acuerdo que vivia en la calle y ahora mis niñas por muchos planes que hagamos no tienen esa libertad ni parecido.

no entiendo por qué algunos equiparan vivir en ciudad con pasarse las tardes en el sofá, viendo la tele y/o jugando con la consola. En mi caso concreto os puedo asegurar que mi hija hay días que apenas tiene tiempo para jugar con sus juguetes, porque empalmamos cole con parque, y de ahí de cabeza al baño, a cenar y a dormir. Por eso, cuando toca estar en casa, coge con ganas sus juguetes, y para cuando se cansa de los juguetes que tiene al alcance de su mano recurrimos a la plastilina, o a la pintura con témpera, pero esto sólo pasa cuando llueve y no se puede salir a la calle, porque si hace bueno no paramos en casa. Y ojo, que no vivo en una ciudad pequeña, que vivo en Madrid capital

Hola, sinceramente creo que para el presente de los niños no hay color, creo que todos preferirían vivir en el campo, pueden correr, jugar, gritar, hay miles de distracciones, tormentas en vivo, animales, insectos, hay sitios para esconderse, para trepar, arboles, puedes jugar al futbol a pillarse, al escondite. No hay color con la tele y el salón o el cuarto y el salón. Quizás sin embargo pueda ser una pequeña limitación cuando son mas mayores, al final depende de lo que quieras estudiar o de lo que quieras trabajar, es muy probable que tengas que abandonar el pueblo natal y tener que mudarte a la ciudad, en mi caso me crie en Menorca y ahora vivo en Madrid porque en Menorca no podría hacer lo que hago aquí. En fin yo creo que a partir de las 12 o 13 años un pueblo o una zona rural, se te queda pequeño, hasta esa edad es la mejor opción con diferencia.

Un inconveniente que veo de vivir con críos en un pueblo pequeño (como el mío, de 200 habitantes) es el no poder evitar a las otras familias con niños de la edad del tuyo. Si no te llevas bien con las dos madres de turno, apaga y vámonos. En cambio en la ciudad, si no te gusta, no le hablas y asunto acabado. Además, hasta los 16, perfecto, porque la enseñanza obligatoria es gratuíta y se te proporciona transporte escolar, pero a partir de ahí, tienes que ser de millonario para arriba (alojamiento, comida, transporte y otros gastos propios de un adolescente...) lo que viene significando tener que comprar segunda vivienda para los hijos en la ciudad, o pagar residencia, o piso compartido: si tienes más de dos, puede ser la ruina para un agricultor-ganadero.

Buen artículo!. Y ademas me siento totalmente identificado, y eso que no tengo crios/as. Cada vez que vamos de visita a la granja de unos colegas de Gales, al volver nos preguntamos, que hacemos 'atrapados' en nuestro (querido) piso en el (fabuloso) Brixton? La verdad es que todo tiene lo suyo de bueno y de malo, y quizas como muestra de ejemplos y de curiosidades, por aqui hay una serie de granjas urbanas esparcidas por la big smoke. Sales del metro, o te bajas del autobus, te metes en una de ellas y, al cabo de un rato, incluso pueden dar el pego. Aqui se pueden ver unas cuantas: http://www.london-footprints.co.uk/visitfarms.htm

Hombre, yo no sé si mi experiencia es un buen ejemplo porque ya tengo 27 añazos... Pero crecí en un pueblo minúsculo en Segovia (200 habitantes, ganadero, con una iglesia, un bar y poco más), y posiblemente los primeros 8 - 9 años viviese mejor que en la ciudad. Tenía libertad para salir y entrar, trepaba, bajaba, me caía, corría...

Pero luego el pueblo se me hizo pequeño. No sólo depender de mis padres para llevarme a tods lados; me gustaba leer y no había librerías; me gustaba la música y no había conservatorio; me gustaba patinar y no había pistas...

Aún recuerdo la sensación que me produjo irme a estudiar a Salamanca: vivir en una ciudad mediana, donde se podía ir a pie a todos lados, con sus bilbiotecas, sus cines, su vida cultural...

Ni Madrid ni Villarriba. Creo que una ciudad de provincia es la mejor opción para criar un niño.

Fantástico artículo y buenos comentarios. Ahora bien, "un niño que vive en el ámbito rural es igual que uno que vive en zona urbana". Eso es engañarse, hace 100 años, hace 20 y ahora. Hay una parte del carácter que lo conforma el entorno, y eso se nota. Para demostrarlo, simplemente hay que ir al primer curso de una universidad (18 años), y descubriremos claras pautas diferentes entre los chicos de ciudad y los de no ciudad. Incluso si afinamos, encontraremos los de "pueblo", los de "ciudad-pueblo" y los de "ciudad". A partir de ahí, podríamos valorar cada pauta...

Nosotros distribuimos estos tractores de juguete de la casa Berg y después de más de 10 años podemos afirmar que el 90% de estos tractores de juguetes se venden en las ciudades, en los pueblos pequeños, los niños y adolescentes juegan con los tractores de verdad, en cuanto un niño puede llegar a los pedales aprende a manejarlo. La vida en un pueblo siempre es más real.

Hola amigos,

Tengo el privilegio de vivir con mi hijo de 13 años en la costa de Tanger (Marruecos). Veo todos los días el mar, oigo los pájaros, el viento, el silencio de la noche... Mi hijo tambien tiene PSP y de vez en cuando vamos al Mc Donalds. También tengo modelos de amigos que sus hijos estan atrapados en medio de actividades extraescolares múltiples, ordenadores y maquinitas, pero tambien tengo amigos que los fines de semana se montan en la bici y se marchan a la sierra, intentan comer un poco más sano y procuran vivir el momento.
Yo creo que da igual donde estés. Lo importante es el cómo vivas y las ganas de vivir el momento. Es lo que creo.

"Cómo llegan a la escuela y cuentan el trabajo que les da tal cordero que nació antes de tiempo o si hay una vaca enferma."
No sé si se equivocará de siglo! Para bien o para mal la diferencia urbano-rural es cada vez mas pequeña.
Los niños llevan practicamente la misma vida en el rural que en el urbano, si son pequeños no se van solos por ahí, dependen del trabajo de sus padres (que no tiene que ser necesariamente hacer alpacas....) para poder salir, sino en casa con cuidadores (o abuelos...) o guardería como todo hijo de vecino.
Juegan a tractores porque los ven y a codigo lyoko porque lo ven. tienen PSP y demás.
En fin.......

Un niño que vive en el ámbito rural es igual que uno que vive en zona urbana, quiza que para ir al burguer king va en coche y un niño urbanita tiene transporte público........ pero este ya es otro tema

Pues yo creo que se puede llegar a un término medio.
Ciudad mediana con muchas zonas verdes, y naturaleza y vida campestre a diez minutos.

Gijón, Oviedo, Lugo, Vitoria, Burgos, Logroño, Pamplona, Huesca...

(No sé cómo se vive por el sur, por eso no lo pongo, pero me imagino que parecido y sin fríiiiio)

Yo daría lo que fuera por que mis hijos pasaran la infancia que yo pasé en el campo, aunque mi familia no tuviera animales ni tierra de labor, ya los tenían los vecinos. Claro que el campo no es el mismo ahora. De hecho, en mi mismo pueblo la situación ahora es mejor. Por ejemplo, hay transporte para ir y venir diariamente a la ciudad si vas a la universidad. Antes había que quedarse allí con el coste que eso suponía. Las distancias son menores, la ciudad está a un paso, para disfrutarla cuando se quiera, no para sufrirla a diario. No todos los pueblos son lugares remotos e incomunicados, ni aldeas de cuatro habitantes.

Mi mejor amiga de la infancia hace muchos años que abandonó Barcelona para instalarse en su pueblo natal, en la provincia de Huesca. Allí se casó con un ganadero y ha tenido a sus dos hijos. A menudo hablamos de nuestros estilos de vida, tan distintos. Sus hijos van a una escuela con una docena de niños de todas las edades. Corretean por el pueblo sin preocuparse por los coches ni por los extraños (allí todos se conocen). Cuando tienen ganas de urbe, se van a Huesca o Zaragoza. Yo estoy criando a mi hijo en Barcelona. Rodeado de contaminación y peligros, sí, pero en su guardería hay niños de varias nacionalidades. Sus posibilidades de hacer amigos son infinitas. Cuando tenemos ganas de campo, nos vamos al Prepirineo, donde su abuelo tiene una casa. Allí respiramos aire puro y escuchamos el silencio. Ni mi amiga ni yo cambiaríamos nuestro estilo de vida por nada del mundo. Y en el fondo creo que eso es lo que hará que nuestros hijos sean felices, independientemente de donde vivan.
Petons, Clara!

Soy una mujer de pueblo, aunque ahora vivo en la ciudad. Intento que mi hija de 3,5 años pase temporadas en el pueblo con los abuelos, porque muy pocos niños de hoy en día tienen el PRIVILEGIO de tener abuelos que crian gallinas, cerdos, conejos o corderos . A raíz de esto, la niña, cuando ve que vamos a comer pollo, me pregunta que cuándo lo he matado, porque en el pueblo, cuando hay pollo, es porque la abuela lo ha matado.

Vivir en el campo ofrece más calidad de vida a las familias. Por cierto, el tractor de pedales de la foto es un John Deere de la marca holandesa Berg Toys y el de detrás que es más pequeño es un Berg Rally. No me estraña que los niños se lo pasaran bien!

He vivido en el campo, ahora vivo en la ciudad y la experiencia es que hasta que tienen cierta edad (hasta 16/18 años) en el campo lo tienen todo; pero que pasa cuando quiere estudiar una carrera, formarse profesionalmente o necesita ir al médico; que todo pasa por la ciudad y cuanto más grande mejor.
El campo tiene sus ventajas, pero para todo el año, me quedo con Madrid a pesar de su contaminación, atascos y cabreos del personal.

Amo el campo, hace años deje Barcelona para establecerme en el lugar de mis antepasados, en Os Ancares de Lugo.
Me encanta el lugar, mi niño puede hacer lo que quiera, puede estar en contacto con la naturaleza, con los animales, respira aire fresco cada mañana... y como muchos niños del rural, juega con tractores, sueña con tener una pala escavadora, imita a su padre cuando está realizando trabajos de campo, le encanta ir a recojer los productos del campo...
Pero por contra, no tiene apenas niños de su edad con quien jugar, en su cole apenas son una docena de niños de toda la comarca, algunos viven a 30km...
http://www.airadeancares.es

lo mejor que puede hacer una persona es abandonar la ciudad cuanto antes, vivirá mejor y más tranquilo

se resume en una palabra lo que tienen los niños del campo: libertad! pueden ir a donde quieren solos, en la ciudad los niños estan prisioneros.. Lastima.. me gustaria poder ofrecer a mi hijo la infancia que tuve yo en el campo..

Publicar un comentario

Si tienes una cuenta en TypePad o TypeKey, por favor Inicia sesión.

¡Participa!

¿Tienes dudas sobre cuestiones pediátricas o de crianza para nuestro consultorio? ¿Quieres compartir alguna experiencia o proyecto interesante? ¿Conoces algún plan interesante para ir con niños? Escríbenos aquí

Eskup

Libros

Cosas que nadie te contó antes de tener hijos

Cosas que nadie te contó antes de tener hijos

por Cecilia Jan

Tener hijos está bien. En eso estamos todos de acuerdo. Es uno de los momentos más felices en la vida de una persona. Pero, como diría el maestro Yoda, tiene también un lado oscuro: falta de sueño, pechos caídos, poco sexo (y rapidito), gritos, llantos y discusiones... ¿Por qué nadie nos avisó antes de todo esto? Este libro no es una guía ni un manual de autoayuda, sino un recuento de todas esas cosas, recogidas con humor —la mejor forma de sobrevivir— por una madre reciente y que, pese a tener ya tres niños, se siente aún una primeriza.

Anécdotas de guardería

Anécdotas de guardería

por Javier Salvatierra

Veinte niños que no llegan al metro de estatura. Una habitación cerrada. Un solo adulto. Los enanos juegan, aprenden, comen (¡ellos solos y sin protestar!), duermen la siesta e incluso obedecen hasta que llega la hora de volver a casa. ¿Cómo es posible? Este libro abre la puerta de estas escuelas para contar todo lo que allí sucede. Por fin descubrirás cómo se las ingenia la profe de tu hijo para sobrevivir cada día cuando tú tienes serias dificultades para controlar a un solo niño en casa.

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal