Hoy es mi último día de vacaciones. De segundas vacaciones, más bien, porque tras las de agosto, volví una semana de trabajo, y después, otra vez de vacaciones. ¿Un viajecito extemporáneo, una escapada tardía? ¡Qué va! Es que a algunos padres, antes del alivio por la vuelta a la organización y a la rutina, como contó mi compañera Clara Blanchar, la vuelta al cole nos depara una traca final de caos y locura: el periodo de adaptación.
Para empezar, que conste que filosóficamente estoy de acuerdo con que exista un periodo de adaptación para los niños que van por primera vez al cole. Niños de tres años, algunos de los cuales no han ido antes a la escuela infantil, y que se encuentran en otro entorno, normalmente mucho más grande, ruidoso, con profesores y compañeros nuevos. Impresiona. Parece razonable que se acostumbren poco a poco, aunque cada niño es un mundo (David lloró casi todo el mes, Natalia estuvo tan tranquila, como si fuera la jefa del cole, desde el primer día). Siempre me han parecido un poco salvajes los coles en los que de buenas a primeras, entran desde el primer día de nueve a cinco, que los hay.