En estos momentos, mi casa es el caos (más de lo habitual incluso en un piso con tres niños pequeños). Estoy en pleno cambio de armario de los nenes, así que la imagen es esta: una cama llena de ropa de distintas temporadas y tamaños apilada en montones o metida en bolsas; cajones a rebosar porque está lo de verano que aún no he guardado, lo de entretiempo y lo de invierno que acabo de sacar y que aunque les quede cortito, tendrán que usar hasta que compremos ropa nueva; cajas de almacenamiento medio llenas-medio vacías en distintos cuartos a la espera de que sepa qué guardar en cada una. Y como es habitual, el fin de semana que decido emprender la tarea de guardar todo lo de manga corta y sacar los abrigos, entra el veranillo de San Miguel.
¿Y qué hago con todo lo que se les ha quedado pequeño?