04 marzo, 2008 - 13:32
Alarma en Sabin Etxea
De pronto, el PNV se agita y multiplica actos electorales. Presentación de un libro sobre Ajuriaguerra; actos en Bilbao, San Sebastián, Vitoria, con toda la artillería: vicelehendakari, Urkullu, Beloki, Ortúzar, Olabarria… Sólo faltó el lehendakari, que inauguraba feria, y, lo más raro, Egibar, ausente desde que empezara la campaña. Va a actos pero no habla, y eso que le gusta.
Se explicó tal despliegue del PNV como un intento de contrarrestar el debate ZP-Rajoy y su efecto mediático. Quizás haya además otra razón: la publicación de la encuesta sobre los resultados electorales en el País Vasco, que le da unos resultados fatales. No sería el partido con más diputados, perdería uno en Vizcaya y bajaría votos por doquier. Tales datos son más que preocupantes para el PNV, acostumbrado a verse como la encarnación de un pueblo en marcha con los respaldos asegurados. Puede quedar desguarnecido justo en el envite más importante de su historia.
Urkullu aseguraba que estas elecciones generales son “las más trascendentales de nuestra reciente historia”, en carta dirigida a cada militante del PNV, y un desliz en la trascendencia adquiere unas dimensiones trascendentes. Llegados a este punto, se entiende la ubicuidad del PNV ayer, que ha de suponerse seguirá, y el sentido de algunas arengas. Sobre Ajuriaguerra, Urkullu aseguró que, de vivir, “estaría donde ahora está el partido”, justificación que parece dirigida a militantes sumidos en la duda sobre lo que hace el partido. Resulta chocante en el PNV, cuyas posiciones solían presentarse como una necesidad histórica, no discutible. También sorprende la afirmación de que no hay que caer en “la división, la inoperancia o la corrupción”, que suenan a reconvenciones internas, raras en plena campaña.
Por lo demás, balones fuera, con la tendencia del PNV al planteamiento antisistema cuando las cosas no van bien. De creerles, el debate a dos socava la democracia, la elimina. Las encuestas son “una trampa antidemocrática”. El PNV está “mediáticamente ilegalizado en la campaña”, se llega a decir con frivolidad. ¿Está poniéndose la venda antes de la herida? De producirse ésta – si tuviese pérdida de votos y de algún diputado – las explicaciones de que todo es por una campaña antidemocrática sonarán a excusas, sin capacidad de restañar la herida. El bipartidismo, la bipolarización o las encuestas no son novedad. Tampoco del todo los debates. Agarrarse a tales circunstancias parecen deseos de salvar los trastos.
