Enrique Llaudet contrata un chófer negro

Por: | 13 de enero de 2013

En 1962 se prohibió en España la importación de jugadores extranjeros, que había estado abierta, dos por club, hasta el Mundial de ese año. El mal papel de la selección en ese Mundial, al que acudió con cuatro foráneos veteranos y altos de peso (Di Stéfano, que no llegó a jugar, Puskas, Eulogio Martínez y Santamaría) empujó a aquella decisión. Nuestro fútbol pasaba además por una crisis económica, que se tradujo en que en poco tiempo Barcelona, Real Madrid y Atlético tuvieran que vender respectivamente a Luis Suárez (Inter), Luis del Sol (Juventus) y Peiró (Torino). Nuestro fútbol se empobreció.

Madrid y Barça siempre estuvieron en contra de esa medida. Sin extranjeros, el mercado español se les encareció y además se veían privados de figuras internacionales que llenaran sus grandes estadios. Cuando España ganó la Eurocopa de 1964, la medida pareció acertada. Pero tras el mal Mundial de 1966, ambos volvieron a la carga. El Madrid, con duros artículos en su Boletín Oficial. El Barça, trabajándose directamente al barcelonés Juan Antonio Samaranch, a la sazón Delegado Nacional de Deportes. El Barça sentía más la necesidad que el Madrid, porque éste tenía al gran jugador español de la época, Amancio, y le había salido una interesante generación joven: Pirri, Sanchís, De Felipe, Serena, Velázquez, Grosso… Los cuatro últimos, de la cantera. Con ese equipo (el ye-yé) ganó la Copa de Europa de 1966.

RELA

Así que Enrique Llaudet, presidente del Barça, decidió cortar por lo sano. Era un hombre audaz, de decisiones firmes, aunque su puesta en escena no siempre fuese acertada. Con pajarita y perilla o bigote muy relamido, daba una imagen de currutaco. Había sido el encargado del baloncesto del club durante el periodo de Miró Sans (y lo hizo muy bien) y cuando llegó al puesto de presidente (1961) lo primero que hizo fue cerrarla para hacer economías. (Error: aunque la rehízo a los dos años, le dio en ese tiempo una ventaja al Madrid tremenda). Pero consiguió la recalificación y la venta de los terrenos del viejo campo de Les Corts, lo que dio vida económica al club. Y creó el Gamper. Y en el verano de 1966, tratando de presionar más a Samaranch y confiado en unas palabras vagas que este le dijo, del tipo lo vamos a considerar, bla, bla, bla… (más para que le dejara en paz que para otra cosa), decidió echarse a la contratación de Silva, Walter Machado da Silva por nombre completo, el nueve de Brasil en el Mundial. Antes de eso hizo un tanteo incluso por Pelé, al que encontró fuera de su alcance económico, y también entabló negociaciones con el argentino Óscar Pinino Mas, de River, que había hecho un gran Mundial, y que años más tarde pasaría sin éxito por el Madrid. Pero finalmente se centró en Silva.

La contratación tuvo su tira y afloja, largo tira y afloja que duró meses. El jugador era del Flamengo, pero cedido al Corinthians. Los trámites se alargaron semanas y semanas, en los que la polémica continuaba. Se acordó un precio de 180.000 dólares, bastante para la época. Para él, 20.000 dólares. Un contrato de un año (por si acaso) ampliable a cinco a voluntad del Barça. Mucha gente le decía a Llaudet que la operación era arriesgada, que quizá fuera dinero tirado en vano. En una de esas, dio una respuesta que se haría legendaria:

— Pues si no puede jugar, lo usaré como chófer. Siempre he querido tener un chófer negro.

Aunque aquellos eran otros tiempos, aquello levantó gran polvareda, hasta el punto de que Llaudet tuvo que rectificar en una posterior entrevista:

— Cuando venga Silva, seré yo quien gustosamente haga de chófer suyo.

Cerrada la operación, no venía. Esperaba un segundo hijo y no quería moverse hasta tenerlo. Se entró en 1967 y aún no estaba en Barcelona. Así que como Mahoma no iba a la Montaña, la Montaña fue a Mahoma. Aprovechando un parón de la Liga la última semana de enero, por fecha internacional, el Barça se contrató para la Pequeña Copa del Mundo en Caracas, donde esperaba estrenar al jugador. Pero este no apareció el día convenido, sino cuatro más tarde, ya después del torneo. Alegó que no le habían dado el visado oportunamente.

Pero de ahí ya voló con el Barça. En la Ciudad Condal se le esperaba con enorme interés. Al fin y al cabo, era el nueve de Brasil, un delantero de gran estampa, ágil, técnico, rematador y potente aunque no era muy alto. Un delantero estupendo y una atracción para la taquilla. Pero subsistía el problema: el plazo seguía cerrado. José Luis Costa sustituyó a Benito Pico como presidente de la Federación, lo que creó nuevas expectativas que no se cumplieron. El Barça hizo con el jugador un contrato privado para partidos amistosos y emprendió una campaña de contrataciones para exhibir a su nueva perla, el nuevo Pelé, como se le llamaba. Al fin debutó ante el Feyenoord el 28 de febrero, en el Camp Nou, y mostró notable falta de adaptación.

— “Reconozco que mi actuación pudo ser más brillante”, declaró al final. Falló un gol claro.

A ese amistoso siguieron otros 13, en los que la expectación fue decayendo, a medida que se le veía desilusionado y sin adaptación y que estaba cada vez más claro que las autoridades no cedían, que el mercado no se abría.

Finalmente Llaudet tiró la toalla, entre este asunto y la mala temporada del club decidió dimitir honorablemente. Primero lo cedió una temporada al Santos, por si acaso al final de la 67-68 se abrían las fronteras, pero no hubo tal. Entonces lo vendió al Bangú, por 100.000 dólares, 80.000 menos de lo que había costado. Fue una operación ruinosa. La última vez que se le vio por el Camp Nou fue en un Gamper, en el que estuvo estupendo. En la semifinal le marcó un golazo de tijera a Iribar, y en la final dos al Barça, que no obstante ganó 5-4. Un gran Gamper, que dejó la nostalgia de lo que Silva podría haber sido y no fue para el Barça. Para el recuerdo quedó lo del “chófer negro”, que perseguiría durante años a Llaudet.

Las fronteras no se abrirían hasta la 1973-74. Entonces el Barça fichó a Cruyff, nada menos. Y a Sotil. Pero esa es otra historia.

Hay 5 Comentarios

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No se porque no se adapto al futbol europeo, yo lo vi jugar en el Racing Club de Avellaneda en el 68. Era un goleador tremendo.

De hecho mi abuelo le hizo de chofer a Da Silva:

https://www.youtube.com/watch?v=3pqTosBJx_w&feature=youtube_gdata_player

Cosas de la cebolleta dictadura. Miserias de un tiempo demasiado cercano.

http://casaquerida.com/2013/01/13/al-trote-mas-inhumano/

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Sobre el blog

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Sobre el autor

Alfredo Relaño

es director de AS y antes de ello fue sucesivamente responsable de los deportes en El País, la SER y Canal +. No vio nacer el cine, como Alberti, pero sí llegó al mundo a tiempo de ver jugar a Di Stéfano y Kubala, escalar montañas a Bahamontes y ganar sus primeras carreras a Nieto. ¡Y ya no se morirá sin ver a España campeona del mundo de fútbol!

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