Cuando El Pingüino venció al Águila

Por: | 19 de mayo de 2013

El Giro de 1956 tenía, a cuatro etapas del final, muy buenas trazas para el equipo español, el España-Girardengo. Poblet había ganado cuatro etapas (llegaría a ganar 20 a lo largo de sus participaciones en el Giro, su prueba favorita) y Bahamontes se había impuesto en la primera de las tres partes en que estaba dividido el Gran Premio de la Montaña: los Apeninos, en pugna con el luxemburgués Charly Gaul. Las otras dos partes serían el Stelvio y los Dolomitas. Bahamontes era la estrella emergente del ciclismo español, un escalador único al que la rivalidad con Loroño se le empezaba a quedar pequeña. Este Giro podía ser su gran campanada. Con el Stelvio y los Dolomitas por delante, marchaba cuarto en la general, a 1:55 del líder, Fornara.

Todo se le torció un poco en la etapa del jueves 7 de junio, la del Stelvio. Sondrio-Merano, de 163 kilómetros, con el mítico monte (2.757 metros) hacia la mitad del recorrido. Lo coronó en cabeza un italiano modesto, Aurelio del Rio, gracias a la ventaja adquirida en una escapada consentida que le permitió llegar a la base con 10 minutos de ventaja. Bahamontes y Gaul, que subieron codo a codo, tuvieron la desgracia de sufrir pinchazos en la bajada: dos Bahamontes, tres Gaul. El primer coche de apoyo del equipo se había averiado a pie del Stelvio. Puig y Girardengo, los jefes del equipo, pasaron el material al coche de repuesto, pero éste a su vez se averió en la cima. Todos los compañeros de Bahamontes iban lo bastante atrás como para no poderle ofrecer la rueda, así que tuvo que reparar solo los dos pinchazos (llevaba dos tubulares de repuesto, como era habitual en la época), con lo que perdió 5:55 en la meta. Eso le retrasó al duodécimo de la general, a 7:50. Gaul, por su parte, tomará la salida de la siguiente etapa en el puesto 22, a más de 16 minutos de Fornara. Descartado en la práctica. Pero…

El día 9 amaneció con lluvias y claros en Merano, tiempo aceptable. Había por delante una larga cabalgada por los Dolomitas, 245 kilómetros, con los puertos de Costalunga, Passo Rolle, Brocon y finalmente el Bondone, a cuyo pie está Trento. La salida se adelantó una hora, por presagios de mal tiempo hacia el final del recorrido. La etapa empieza con las sacudidas propias entre los que aspiran a ser héroes de un día y los que tienen en juego algo gordo: Fornara la general, Gaul la montaña, Bahamontes, con un ojo en ambas cosas. Gaul tiene la iniciativa siempre, Bahamontes le acompaña. Pasan Costalunga en cabeza ellos dos y Dotto; en el descenso hay un reagrupamiento de 32, entre los que sigue Fornara. En el Rolle, Gaul se escapa y pasa a 2:35 de Monti y 2:55 de Bahamontes, que regula. Su idea es dar la gran sacudida en el Brocon y rematar a Fornara y a los demás favoritos en el Bondone.

Pero el frío empieza a hacerse presente. Una ola de frío polar que irrumpe justo entonces, según se temían los meteorólogos. El frío no le va a Bahamontes, que rinde mejor con el calor. El frío a quien sí le va es a Charly Gaul, El Ángel Volador para la prensa y el gran público, El Pingüino para sus compañeros de profesión. Gaul sigue por delante al coronar el Brocon, donde ya se ha desencadenado un fuerte aguanieve alternado con granizo, viento tremendo y una temperatura de 10 grados bajo cero. En el ascenso se bajan de la bici Poblet y Galdeano, que no pueden más. Fornara resiste como gato panza arriba, a distancia prudencial de Bahamontes.

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Gaul, tras acabar la infernal etapa con final en el Bondone, del Giro de 1956.

En la bajada hacia Trento, donde se iniciará la subida final al Bondone, se desata definitivamente la catástrofe. La nieve se derrumba de las laderas, la temperatura llega a los 20 bajo cero según la prensa del día siguiente, no se ve a tres pasos, el barrillo inunda los rostros. El descenso es más duro que la subida en casos de frío, por la inmovilidad. El cuerpo se paraliza. Es difícil girar el manillar, más difícil aún apretar los frenos. El pelotón es un lastimoso reguero de cuerpos sufrientes, algo así como el ejército de Napoleón regresando de Moscú. Delante de Bahamontes cae Defilippis, inmovilizado. Bahamontes se apea, aterido y deshecho. Está indignado porque en el equipo le han dado un impermeable al que falta una manga. Se refugia en Borgo Valsunaga. Los coches de compañía no paran de recoger corredores. Les llevan a la aldea más cercana, o a algún caserío suelto, o a la localidad de Stringo, algo más grande, donde paran muchos. Los vecinos les meten en agua caliente para que reaccionen. Algunos prueban a tomar coñac y seguir, pero tras el primer efecto de calor el frío es mayor. Luego, los coches vuelven a por más y a por más. Salen los pocos taxis que hay en Stringo en busca de derrotados en las cunetas. Abajo, en el llano, espera el avituallamiento de Castello Tesino, donde algunos se reaniman con el alimento y otros muchos se paran. Un ventarrón de 70 kilómetros por hora en contra y una temperatura muchos grados bajo cero hace penoso el llano hasta Trento. Allí empieza la subida al Bondone.

Gaul se mete en un bar, su jefe de filas, Learco Guerra, le da ropa seca y un impermeable nuevo. Come. Y emprende la subida hacia la cumbre infernal. Le espera la victoria más espectacular jamás lograda en la historia del ciclismo. Cuando corone, habrá invertido nueve horas y siete minutos en el espantoso recorrido, que finaliza como un autómata. Le bajan de la bici paralizado, hecho un cuatro. Ocho minutos más tarde entra Alessandro Fantini, casi un desconocido al empezar la jornada, y a 12, Fiorenzo Magni, un veterano resurgido ese día. Fornara cae como un héroe, a tres kilómetros de la cima, donde se desploma exánime. Marchaba a casi 20 minutos de Gaul.

En total, de los 83 que salieron de Merano llegaron 39, aunque en muchos casos la organización hizo la vista gorda, porque varios recorrieron parte del trayecto en coche. El descenso del Brocon, el llano hasta Trento, parte de la subida a Bondone. O dos de estos tramos. O los tres. La organización, compasiva, disimula con todos los que no estaban implicados en la general. Además, es difícil discernir en aquella tremenda confusión. Y tampoco era cosa de dejar el Giro en un puñado de corredores.

Bernardo Ruiz, uno de los dos únicos españoles que llegaron (el otro fue José Serra) me asegura que los que de verdad terminaron fueron 17. No se da mérito:

—Yo no me retiré porque no encontré coche en el que meterme. No sé ni cómo llegué, no le deseo a nadie eso. Recuerdo que comía papeles y le estaba diciendo a Botella: “Come papel”. En eso me volví y ya no estaba—.

(Los ciclistas suelen meterse periódicos en el pecho, bajo la camiseta, para las bajadas con frío).
Bahamontes aún insiste en que Gaul hizo parte de la etapa en coche, rumor que se extendió por España. Hasta se dijo que Coppi (ya muy veterano, había abandonado la carrera unas etapas antes y siguió esta desde un coche) tenía una grabación de película que lo demostraba, pero nunca se ha corroborado. Gaul ganó a ley. En internet se pueden ver esa etapa, y la del Stelvio, buscando por Giro-1956.

El día siguiente se consigue reagrupar a los abandonados en hoteles y hospitales. Hay algunos casos de hipotermia grave, conatos de congelación. El Giro partirá a su penúltima etapa con 43 corredores, tras repescar a cuatro del fuera de control, aparecidos a hora y media del ganador. Gaul hará un acuerdo con Bernardo Ruiz y José Serra, precisamente, para que controlen los dos últimos días la carrera para él. El domingo 10 de junio, el grupo heroico y maltrecho rendirá viaje en Milán, donde Charly Gaul se coronará vencedor.

El Pingüino había vencido al Águila. La revancha llegaría tres años después, en el Tour. Con calor. Pero esa es otra historia.

Hay 7 Comentarios

Neymar, Santos, Barça… un ‘no’ que puede costar muy caro…
http://500copa.blogspot.com.es/2013/05/um-nao-que-pode-custar-caro.html

500 a.C. sigue de cerca las selecciones que podrían dar la sorpresa en el próximo mundial de Brasil.
http://500copa.blogspot.com.es/2013/05/dos-paises-baixos-com-ginga.html

Santos pierde final y facilita la salida de Neymar. Cita decisiva para el Barça de Raul Sanllehí en Brasil…
http://500copa.blogspot.com.es/2013/05/o-campeao-se-impoe-e-facilita-saida-de.html

Me encantan las historias que cuenta Relaño, pero echo de menos que algún día cuente algunas de las muchas trampas que hacía el Madrid desde el acunamiento franquista y que le permitieron jugar con ventaja y ganar muchos títulos regalados: http://xurl.es/dzjlq

Aquellos aparte de ciclistas eran de oto mundo a dia de hoy esas etapas se uvieran suspendido

La Corsa Rosa nos han regalado momentos memorables. ¿Queréis recordarlos? http://deporadictos.com/giro-de-italia-divina-corsa-rosa/

Mi padre, que es de Toledo, me ha contado varias veces esta aventura en el Giro. No pudo nunca ganar porque entre otras cosas no le iba bien el frío, pero también me comentaba de la nula ayuda que casi siempre tenía del equipo español, sobre todo de los directores. Solamente cuando Langarica le llevó en el Tour y con el asesoramiento de Fausto Coppi pudo por fin ganar una grande como el Tour de 1959.

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Sobre el blog

Este blog pretende rescatar la memoria vivida en el deporte.

Sobre el autor

Alfredo Relaño

es director de AS y antes de ello fue sucesivamente responsable de los deportes en El País, la SER y Canal +. No vio nacer el cine, como Alberti, pero sí llegó al mundo a tiempo de ver jugar a Di Stéfano y Kubala, escalar montañas a Bahamontes y ganar sus primeras carreras a Nieto. ¡Y ya no se morirá sin ver a España campeona del mundo de fútbol!

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