La caída de Ocaña en La Menté

Por: | 07 de julio de 2013

—En el fondo, el puta Merckx era un buen tipo.

El puta Merckx era Eddy Merckx, en el lenguaje de Luis Ocaña. Para el resto del mundo ciclista era El Caníbal. El mejor ciclista de todos los tiempos, con permiso de Indurain. Su palmarés no admite comparación con el de ningún otro. Fue un adoquín en la vida de Ocaña, que sin la competencia del belga (ambos nacieron en 1945) podría haber sido el gran campeón durante varios años. Por eso le llamaba “el puta Merckx”. Nunca, en las muchas conversaciones que tuvimos, se refirió a él de otro modo, y tengo que decir que en la expresión yo no veía desprecio ni insulto, sino admiración.
Para 1971, Merckx había ganado consecutivamente los dos Tours anteriores, entre otro montón de grandes victorias. Esos triunfos en el Tour llegaron acompañados del maillot verde, del de la montaña y el de la combinada. Y de un buen puñado de etapas. Y de triunfos de todo orden: Giro, Mundial, Milán-San Remo, cualquier tipo de clásica, récord de la hora…

Ocaña, que el año anterior había ganado la Vuelta a España y una etapa del Tour de Francia (en Saint Gaudens, luego se verá por qué lo preciso), decidió que ya era suficiente. Que había llegado la hora pararle los pies al puta Merckx. Entonces corría mucho en el mundillo del ciclismo (todos los veteranos retirados, un poco pelusones, lo decían así) el comentario de que Merckx corría con una ventaja: no tenía rivales, o los que tenía no se atrevían con él. Así que dictaba la ley. “Si está bien, ataca; si no está bien, nadie le ataca, nadie le mueve, porque nadie se atreve”. Ese era el sentir general.
Ocaña se hartó y decidió confabularse con Juan Manuel Fuente, El Tarangu, asturiano, escalador sensacional, aunque con mala cabeza para regularse y una tendencia a las pájaras imprevisible. Un genio, un Curro Romero de las montañas. Cuando saltaba sólo había dos posibilidades: o reventaba a todos o reventaba él. La probabilidad venía a ser, exactamente, del cincuenta por ciento. Ocaña corría para el BIC, Fuente para el Kas, pero no les costó aliarse. Ambos se podían sentir aludidos como parte principal del grupo de sospechosos de no atreverse con Merckx. Y ambos eran de ese tipo de hombres que puede soportar cualquier cosa menos una acusación de cobardía.

Desataron las hostilidades en la undécima etapa, jueves 8 de julio, en los Alpes: Grenoble-Orcières Merlette, de 134 kilómetros. Un etapón, bajo sol y tremendo calor, muy bueno para los españoles, con llegada en puerto de primera y los pasos previos por Laffrey y Noyer. El ataque loco lo desencadena de salida el Kas de Fuente, y aunque Merckx resiste, le dejan sin equipo. El propio Fuente acaba reventando, junto a todo su equipo. Pero Merckx se ha quedado solo, y un formidable Luis Ocaña (que días atrás ya le había dejado en el Puy de Dôme, aunque sólo por 15 segundos) acaba coronando en Orcières-Merlette con 8m42s de ventaja sobre el campeón belga. Ha hecho una etapa tan tremenda que ha dejado fuera de control a 67 corredores, desde el 39º en llegar a la meta hasta el 106º, entre ellos Fuente (penúltimo en entrar) y todo su equipo. La organización, ante la magnitud de la catástrofe, los repesca a todos.

Fue la apoteosis de Ocaña. En Francia, donde le tenían medio adoptado (El español de Mont de Marsan, le apodaban), celebraron que alguien acabara con la tiranía del belga. En España, donde siempre le habíamos visto con recelo por su español de media lengua, con tanto acento francés, le reconocimos por fin como propio. Ocaña, es sabido, se fue a Francia con 14 años, hijo de uno de tantos obreros del duro campo castellano (eran de Priego, Cuenca) forzados a la emigración.

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Luis Ocaña es atendido por un doctor tras su caída en el Tour de 1971./ as

L’Équipe tituló: “El emperador, fusilado. Jornada de ejecución, jornada de consagración”. Merckx admitió deportivamente la derrota: “Nos ha dominado a todos como El Cordobés domina los toros en la plaza”. El día siguiente hay descanso. Ocaña da entrevistas con el maillot amarillo. Se siente fuerte. El sábado se reemprende la marcha: Orcières Merlette-Marsella, una cabalgada de 251 kilómetros, desde las alturas de los Alpes hasta la orilla del mar. Merckx no sabía lo que era rendirse y su equipo se lanza desde la salida, cuesta abajo, todos como posesos, guiados por el potente holandés Wagtmans. Arrancan de salida, empujando la bici a la carrera y saltando sobre la marcha, al estilo de vaqueros en fuga sobre sus caballos. No respetan ni la salida controlada. Son 251 kilómetros de puro sprint. Se llega a meta con dos horas de adelanto sobre el mejor de los horarios previstos, con la meta a medio montar. Hay nueva repesca de 12 corredores que llegan fuera de control ¡pese a entrar media hora por delante del horario previsto! Ocaña, bravísimo, sólo cede 2m51s, bonificación incluida. Sigue líder, pero está claro que Merckx no se rinde.

El domingo hay una contrarreloj de 16 kilómetros, día de relax. El lunes se entra en los Pirineos: Revel-Luchon. En el primer puerto, Portet d’Aspet, se hace la primera selección. En el siguiente, Menté, un cielo negro les cubre. Empieza una lluvia cada vez más fuerte, que se convierte en granizo. El pelotón sufre, apedreado desde arriba por mil demonios. Merckx ataca en esa tormenta, pero Ocaña le sigue bien la rueda. Coronan juntos y Merckx inicia un descenso desesperado. Las bicis, con tanta agua, no frenan, la zapata resbala sobre la llanta. A la salida de una curva, un regato barrizo cruza la carretera de lado a lado. Merckx, que va delante, se sale y patina en la hierba. Ocaña, que viene detrás, se sale en la misma dirección pero pega en una piedra, lo que le daña el hombro y la cadera. Los dos se rehacen, se levantan, cogen la bici… y en eso aparece Zoetemelk, que venía como una bala y hace el mismo recto que ellos. Impacta de lleno a Ocaña, que ya no podrá levantarse; en la misma montonera se precipitan al instante Agostinho y López Carril. Todos recogen apresuradamente la bici y siguen. Ocaña queda tumbado, no puede. Hay miedo a que tenga una lesión grave, incluso en la columna. Luego no será tan así, no tenía nada fracturado, aunque sí contusiones muy fuertes, pero no puede montar. El maillot amarillo tiene que ser rescatado por un helicóptero, que le lleva a un hospital en Saint Gaudens. En el Portillon, la multitud de españoles que esperaba a Ocaña se decepciona. Poco a poco va corriendo la noticia. Merckx, conocedor de lo ocurrido, no ataca. En la meta de Luchon gana Fuente, pero la noticia está en Saint Gaudens, donde el ex campeón Anquetil visita a Ocaña:

—Me dijo que me equivoqué al cegarme con Merckx en la bajada, que con tanta ventaja en la general debía haber sido más prudente. ¡Pero no me cegué! ¡Es que no podíamos frenar!
En la meta, Merckx se muestra abatido. No le gusta ganar así. Se niega a subir el podio y a ponerse el maillot. Tampoco lo quiere llevar, desafiando la reglamentación del Tour, en el resto de la carrera. Toma la salida del día siguiente (Luchon-Superbagnères, ganará Fuente otra vez) con su maillot del Molteni, color tabaco cruzado por banda negra. El Tour se ve obligado a dar explicaciones: “(…) El jurado de comisarios, de acuerdo con los directores de carrera y comprendiendo el carácter caballeresco de ese gesto, acepta derogar las disposiciones del artículo 14, párrafo 2, del reglamento, y autoriza…”. Luego le convencerán, y a partir de la decimosexta etapa lucirá el amarillo. En París se proclamará vencedor de su tercer Tour consecutivo.

El de 1972 también lo ganará. Ocaña abandonó por una bronquitis. En 1973, Merckx corrió a la Vuelta a España, que le faltaba en su palmarés, y renunció para ello al Tour. Por supuesto, la ganó. Luis Ocaña pudo por fin ganar el Tour, en gran estrella. Pero le quedó la espina de no haber batido a Merckx, cara a cara, en la edición de 1971, cuando ambos midieron como titanes sus fuerzas en lo más esplendoroso de su carrera.

Hay 6 Comentarios

Muchas gracias a Alfredo Relaño por estos extraordinarios artículos de Memorias en Blanco y Negro. Con respecto al comentario de pipin, discrepo totalmente. Eddy Mercks ha sido el más grande y jamás fue un hipócrita. Fue un ganador nato, lo ganó todo, por eso lo llamaban "El Caníbal".

Muy acertado el comentario de pipin. Es una suerte poder disfrutar de comentarios tan objetivos como el suyo.

Felicidades por el articulo. Luis Ocaña fue un idolo, un ciclista excepcional. El col de Mente sigue teniendo un trazado estrecho, revirado y muy empinado. En una curva hay una placa que recuerda a nuestro Luis Ocaña y aquel lunes maldito: "sur cette route transformee en torrent de boue par un orage d'apocalypse, Luis Ocaña, maillot jaune abbandonnait tous ses espoirs contre ce rocher".

Noto una falta de objetividad notable, tal vez por ignorancia: si el canibal no participó en el Tour del 1973 fué por miedo a ser derrotado en toda línea; aquella vuelta a España, la de 1973, fué la más blanda de la historia y dieron bonificaciones hasta por coger la bolsa de avituallamiento, Ocaña y el tal Merks llegaron siempre juntos a meta, le sacó unos segundos en las contrarreloj y al final la distancia fué de alrededor de tres minutos, creo recordar. Un corredor con las ansias de victoria de ese sujeto, hubiera intentado ganar las tres grandes,(nadie lo ha hecho en la historia y este tipo quería todos los records habidos y por haber), no lo intentó porque sabía que sería humillado con todas las de la ley, Ocaña ya le había derrotado unos meses antes, sin paliativos, en la Semana Catalana. Otra pequeña puntualización es sobre el cinismo del tal Eddy, no quería ponerse el maillot amarillo a raíz de la caída de Ocaña, sin embargo cuando acababa el Tour ya se le había olvidado y decía:"Todavía quedaba mucha vuelta", un hipócrita de mucho cuidado que llevaba el mejor equipo de la historia del ciclismo, un indeseable tipo Amsrtrong. Saludos.

Esperemos que todavía quede mucha batalla y no todo esté decidido. El hecho de que el equipo de Froome flaquee nos da esperanzas. Pero si no es así y no tenemos emoción a partir de ahora, os recomiendo leer otros momentos que sí fueron emocionantes del Tour en 'Plomo en los bolsillos'. Aquí podéis leer una entrevista con su autor. http://deporadictos.com/odio-eterno-al-ciclismo-moderno/

No era Juan Manuel Fuente, era Jose Manuel Fuente

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Memorias en Blanco y Negro

Sobre el blog

Este blog pretende rescatar la memoria vivida en el deporte.

Sobre el autor

Alfredo Relaño

es director de AS y antes de ello fue sucesivamente responsable de los deportes en El País, la SER y Canal +. No vio nacer el cine, como Alberti, pero sí llegó al mundo a tiempo de ver jugar a Di Stéfano y Kubala, escalar montañas a Bahamontes y ganar sus primeras carreras a Nieto. ¡Y ya no se morirá sin ver a España campeona del mundo de fútbol!

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