La ciudad condal cierra un ciclo de treinta y dos años consecutivos gobernada por el PSC. Las estimaciones de voto realizadas por Metroscopia el pasado 11 de mayo, presagiando los resultados que finalmente se han producido en el consistorio barcelonés, ya señalaban algunas de las dinámicas de la opinión pública que han hecho posible el vuelco electoral.
¿Por qué ahora? La victoria de CiU se ha sustentado en la percepción de la situación de la ciudad y en la valoración de los principales candidatos. Diez días antes de las elecciones, la mayoría de los barceloneses (47%) creía que su ciudad estaba peor que hace cuatro años, idea compartida, especialmente, por la mayoría de los votantes de CiU (61%), PP (57%) y ERC (44%), pero también por los votantes de la coalición de gobierno de la última legislatura: 42% de los votantes socialistas y 44% de de los votantes de ICV. Y atención: solo un 17% de los barceloneses creía que Barcelona estaba ahora mejor que en 2007.
Durante la campaña, los barceloneses se han mostrado divididos ante la figura de Jordi Hereu: un 45% aprobaba su gestión (67% entre los votantes socialistas), otro 45% la desaprobaba. Su valoración no era terriblemente mala, pero era mejorable. Y el candidato convergente la mejoró: Trias era el candidato que más confianza inspiraba entre sus votantes (81%) antes de las elecciones, mientras que solo el 53% de los votantes socialistas afirman confiar más en Hereu. Eran también más los barceloneses (34%) que identificaban a Trias como el candidato que tenía mejores propuestas para mejorar la ciudad, frente al 26% que optaba por el hasta ahora alcalde. En definitiva, si debían elegir entre el candidato del PSC y el de CiU, el 42% prefería a Xavier Trias como alcalde, mientras que el 34% se decantaba por Jordi Hereu.
Esta percepción general de la ciudad y de los candidatos marcó la tónica de la movilización y su traducción en fidelidad de voto hacía prever el resultado final: solo el 62% de los que votaron al PSC en 2007 quería ahora que volviese a ganar y únicamente el 57% optaba por Hereu antes que por Trias. A pocos días de las elecciones, partido y candidato mostraban signos de severo desgaste entre su electorado, mientras que el líder de la oposición había logrado conservar mejor su tirón electoral entre los que confiaron en él en 2007.
¿Y ahora qué? Xavier Trias podría gobernar en solitario, como anunció durante la campaña y como ya hace Artur Mas desde diciembre, ya que no necesitará los apoyos de ningún otro partido para su investidura en segunda vuelta. Esta opción, no obstante, únicamente es respaldada por el 11% de los barceloneses y el 16% de los votantes convergentes. La mayoría es favorable a algún tipo de alianza. Pero hay discrepancias en su composición: los barceloneses, en conjunto, se decantan por la sociovergencia (CiU con PSC, 25%), pero entre los votantes de CiU son más los que prefieren contar con el PP (24%). Veremos por qué vía empieza a caminar el próximo 11 de junio el inédito gobierno convergente en la ciudad de Barcelona.


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