Metroscopia

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“No creo en las encuestas”. Mal empezamos... Es tanto como decir “no creo en los termómetros”. Las encuestas, como los termómetros, no son una cuestión de fe, pertenecen al mundo más humilde y pragmático de la medición. Si están bien hechas, son una herramienta para medir, y así describir, los estados de opinión de una sociedad en un momento determinado. Los datos están ahí y son los mismos para todos. Otra cosa es cómo se analizan e interpretan...

Sobre los autores

Este Blog es obra colectiva del equipo técnico de Metroscopia. Los responsables de sus análisis y comentarios son , , Silvia Bravo, Susana Arbas, Mar Toharia, Marcos Sanz, Ignacio Urquizu, Antonio López Vega, Francisco Camas y Gumersindo Lafuente.

Metroscopia

Metroscopia combina la experiencia de su equipo profesional en estudios de la opinión de la sociedad española con una actitud de curiosidad permanente. Referente en sondeos políticos y estimaciones electorales, aborda investigaciones sobre todos los ámbitos de la vida social. Este blog aporta algunos de los datos públicos de estudios de Metroscopia, así como reflexiones sobre opinión pública en general.

Libros

Pulso Social de España 2 (enero 2011-mayo 2012)

Pulso Social de España 2 (enero 2011-mayo 2012)

Toda realidad ignorada prepara su venganza», advierte Ortega en uno de los párrafos finales del «Epílogo para ingleses» de su Rebelión de la masas. Y no hay realidad que, en democracia y sobre todo en tiempos de crisis, resulte más arriesgado ignorar que la opinión pública. El objetivo de esta serie de estudios es poner a disposición general datos de opinión solventes, relevantes y acerca de una amplia variedad de temas. Porque cuanto mejor conozcamos nuestro estado de ánimo colectivo menor será el riesgo de tener que afrontar las consecuencias de haberlo ignorado.

Pulso de España 2010

Pulso de España 2010

Intentando ser fiel a uno de los lemas orteguianos («vivir de claridades y lo más despierto posible»), el Departamento de Estudios de Opinión Pública de la Fundación Ortega-Marañón (FOM), con la colaboración de Metroscopia, y gracias al patrocinio de Telefónica, ha elaborado el presente "Pulso de España 2010", que aspira a ser el primero de una serie de informes periódicos sobre la realidad social española desde un planteamiento sosegado, independiente y plural.

Social liberalismo

Por: | 31 de octubre de 2014

Ilustración

Autor: Antonio López Vega*

La crisis del ébola ha hecho visible el progresivo deterioro que está sufriendo nuestro sistema sanitario. Desde que la persistente recesión económica nos azota, una de las cuestiones que los responsables públicos han presentado como inevitable es la insostenibilidad del Estado de Bienestar. Paradójicamente, los españoles, por el contrario, lo que más valoran del sistema público es la garantía de una sanidad y una educación de calidad, universal y gratuita (según datos recurrentes del Barómetro de confianza institucional de Metroscopia). Puede que los recortes fueran necesarios para salvar una situación de crisis sistémica, pero lo que actualmente está en discusión es la aplicación de los mismos sobre esas cuestiones fundamentales para la ciudadanía.

Fue durante el siglo XIX cuando el Estado de Derecho Liberal adquirió carta de naturaleza política, jurídica, social y económica. Si durante el Antiguo Régimen las leyes y las penas eran diferentes en función del estamento al que se perteneciera o la profesión que se ejerciera, las revoluciones americana y francesa nos hicieron ciudadanos libres e iguales ante la Ley y suprimieron los derechos históricos o adquiridos. Con la Constitución de Cádiz de 1812, nació el liberalismo como ideología política fundamentada en la soberanía nacional y caracterizada por el imperio de la Ley, las garantías judiciales, la separación de poderes y la positivización de los derechos y libertades de los ciudadanos.
Obviamente, mucho de lo normativizado en el siglo XIX tuvo consecuencias más aparentes que reales en la vida cotidiana de los ciudadanos de entonces, lo que motivó una reacción social cuya manifestación más visible fue el impulso y difusión del Movimiento Obrero y la creación de Partidos Socialistas por toda Europa. Las reivindicaciones obreras llevaron al logro de importantes conquistas, como el derecho a la huelga, el descanso dominical, la reducción de la jornada laboral, las pensiones de jubilación y viudedad o la limitación del trabajo de mujeres y niños.

Tras la I Guerra Mundial, el sistema parlamentario liberal comenzó a ser visto como un sistema débil e ineficaz –lo que se tradujo dentro de Europa en la conocida como “Era de las Dictaduras”–. Fue en ese contexto cuando surgió lo mejor de la tradición liberal española: Unamuno, Ortega y Gasset, Marañón –en lo intelectual– o, en lo político, Azaña, Fernando de los Ríos o Indalecio Prieto –que no en balde dijo aquello de “soy socialista a fuer de liberal”–, imbuyeron al liberalismo de un fuerte anhelo de justicia social.

De manera análoga a lo que ocurrió con otros liberales europeos de entonces,  aquel social liberalismo español trajo consigo lo más valioso del espíritu reformista que auspició la llegada de la II República. Fue entonces cuando, entre otras cosas, la extensión universal y gratuita de la educación o de la atención sociosanitaria se convirtieron en una preocupación nacional, por citar los dos pilares que iban a fundamentar lo que conocemos como Estado de Bienestar, que vería la luz en la segunda mitad del siglo XX de la mano de la socialdemocracia europea y que tiene una de sus fuentes originarias en aquel social liberalismo de comienzos del siglo pasado.

El liberalismo solo lograría superar la crisis de entreguerras con la victoria sobre el totalitarismo nazifascista en la II Guerra Mundial. Más tarde, durante la Guerra Fría, alumbró el sistema político económico del bloque occidental, que vencería al otro totalitarismo del siglo XX: el comunista. Sin embargo, no deja de ser paradójico que, tras su triunfo total, el sistema liberal haya entrado en una nueva crisis de la que aún no ha salido. Una de las causas que ha originado el descrédito del liberalismo en las últimas décadas es el hecho de que se ha tendido a identificarlo, exclusivamente, con lo económico y, en ocasiones, con la desregulación masiva e irresponsable de los mercados, lo que, además de estar en el origen de la gravísima crisis económica que estamos sufriendo, ha generado que en el imaginario colectivo se tenga una idea peyorativa de lo liberal, asimilándolo a las peores prácticas del capitalismo financiero.

Es, por tanto, hoy, un buen momento para subrayar y reivindicar la mejor herencia histórica del social liberalismo: la que ensalzaba la ejemplaridad ética (severa y austera podría añadirse en esta coyuntura concreta: recuérdese que, antes de ser ideología política en el siglo XIX, liberal era sinónimo de prodigalidad o magnanimidad); la que entronca con lo mejor del Parlamentarismo como altavoz de todas las sensibilidades ciudadanas; la que hace de la separación de poderes el fundamento del equilibrio del Estado y protege a los ciudadanos ante posibles abusos de poder; la que nos ha legado un sistema sanitario solvente y de calidad; y, en fin, la que defiende y fomenta las libertades y la iniciativa individual frente a la injerencia del Estado, pero, a la vez y en aras del mejor espíritu liberal, protege y fomenta —a través de la educación— la igualdad de oportunidades con medidas comúnmente asociadas al Estado de Bienestar.

Así, los avances que han conllevado estas aspiraciones han hecho que buena parte de la ciudadanía española se identifique con los presupuestos básicos de la socialdemocracia. Por eso, cuando se mira ahora el peso que sanidad y educación tienen en el gasto público español, cabe preguntarse: ¿no habrá sido posible recortar de otros ámbitos, como, por citar algunos de los mencionados en estos últimos años, la reducción del gasto en entidades de ámbito local —los más de 8.000 ayuntamientos— o las diputaciones —hubo quien prometió acometerlo—? No deja de ser llamativo que, invariablemente, los científicos o los médicos aparecen entre los sectores más valorados por la ciudadanía. Sin embargo, los responsables públicos han detenido —o reducido— la inversión en ciencia y educación —decía Gregorio Marañón que era la única inversión que, a la larga, siempre resulta rentable en los Presupuestos Generales del Estado— y en sanidad —con lamentables espectáculos como el desmantelamiento de la unidad de enfermedades infecciosas del Hospital Carlos III de Madrid…—. Si los responsables políticos ejercen una función de servicio público, la pregunta inevitable es: ¿por qué se castiga a estos sectores cuando la ciudadanía estaría dispuesta a prescindir antes de cualquier otro servicio o derecho? No estamos hablando de medidas económicas, estamos hablando de 200 años de conquistas de derechos sociales que han dotado de dignidad al ser humano.

* Antonio López Vega es prof. de Hª. Contemporánea de la UCM y dirige el Pulso de España 2014 de Metroscopia con patrocinio de Telefónica  y de próxima publicación en Ediciones El País.

Ilustración: Fernando Vicente

Catalunya, per la concòrdia / Cataluña, por la concordia

Por: | 29 de octubre de 2014

Cambó

¿Cómo preferiría la mayoría de los catalanes que se desarrollasen los acontecimientos tras el “proceso participativo” del 9-N (iniciativa esta que, por cierto, parece  desacertada  al 49% y acertada al 44%)? La respuesta, a la luz de los datos del sondeo de Metroscopia, parece clara: reorientación de la actual situación hacia el pacto y la negociación más que hacia el enfrentamiento y la ruptura.

Por un lado, un abultado 78% de la ciudadanía catalana declara que lo realmente urgente ahora es que el Gobierno de Rajoy y el Govern de Mas hablen y busquen un acuerdo, satisfactorio para todos, en cuanto al encaje de Cataluña en España. Esta reclamación es compartida por igual tanto por los potenciales votantes de las formaciones partidarias del proceso soberanista como por los de las que se oponen al mismo (lo que parece sugerir que los electores pueden no estarse sintiéndose demasiado cómodos con tantas tajantes rotundidades como escuchan a sus respectivos líderes).

Por otro lado, una amplia mayoría de catalanes (53% frente a 38%) opina que si, finalmente, se convocaran anticipadamente elecciones autonómicas, estas no deberían tener  carácter “plebiscitario”. Es decir, el deseo claramente dominante es que en unas elecciones anticipadas las formaciones partidarias del proceso soberanista no deberían presentarse integradas en una única lista, entreverada quizá con representantes de movimientos sociales o figuras de la vida social, cultural o deportiva; la clara mayoría prefiere que,  como en todas las ocasiones anteriores, solo compitan partidos políticos y, además, por separado. Es decir, parece predominar el recelo a cualquier articulación frentista  de las opciones electorales susceptible de enconar aún más los ánimos en vez de —como se añora— propiciar el acercamiento y el pacto. Pero hay más: planteada la hipótesis de que se celebraran elecciones anticipadas, que estas tuvieran carácter “plebiscitario” y que las ganaran las formaciones que apoyan el proceso soberanista, la reacción de la amplia mayoría de la ciudadanía catalana (que expresa el 63%) es que lo que el nuevo Govern debería hacer es adoptar una hoja de ruta “a la escocesa”. Es decir, negociar con el Gobierno español la organización de un referéndum que fuese ya plenamente legal sobre la posible independencia de Cataluña. O dicho de otro modo, tan solo un 25% de los catalanes (que apenas sube hasta el 50% incluso entre los que se dicen futuros votantes de ERC y CUP: 51% y 49%, respectivamente) se declara, de ser así las cosas, a favor de una inmediata proclamación de la independencia para, después, proceder a negociar con el Gobierno español los detalles y términos de la misma. La prisa de algunos dirigentes por poner en práctica cuanto antes una política de hechos consumados parece, pues, lejos de ser compartida por la mayoría ciudadana.

Finalmente, cuando se plantea, de manera teórica y abstracta, la posible independencia de Cataluña los ciudadanos siguen tendiendo a dividirse por mitades: un 44% dice que estaría a favor, un 42% en contra. Pero si se indica que la independencia podría suponer quedar fuera de la Unión Europea, los partidarios de aquella bajan al 37%, y los que preferirían seguir formando parte de España pasan a rozar la mayoría absoluta. Y cuando a la disyuntiva ruptura/continuismo se añade una tercera posibilidad  (“un sistema de tipo federal que permita a Cataluña seguir formando parte de España pero con nuevas y blindadas competencias en exclusiva”) —posibilidad que presupone la voluntad, por parte de todos, de negociación sincera y a fondo— esta se constituye automáticamente en la opción que más catalanes dicen preferir (46%), quedando los partidarios de la independencia en un 29%. Los deseos, las ilusiones y las preferencias ideales son una cosa, las posibilidades reales otra. Y los catalanes no las confunden: sentimientos aparte, lo cierto es que el 53% (frente al 40%) cree que la independencia es algo con muy pocas o nulas probabilidades de llegar, un día, a ser realidad.

Que la gran mayoría de los catalanes (independentistas o no) están muy enfadados con lo que se les presenta como “el Gobierno de Madrid” y con el trato que este les dispensa está fuera de duda. Que existan motivos fundados para ello puede parecer más o menos discutible, pero parece claro que un sentimiento de agravio tan extendido no puede ser tratado desde el desinterés o la displicencia, como si de un capricho o rabieta pasajera se tratase. La cercanía afectiva se nutre del contacto, del diálogo y del mutuo respeto y lealtad. La ley no puede imponerla, como tampoco debe poder contribuir a dificultarla.  El anhelo, intenso y extenso, de negociación existente en la sociedad catalana merece la respuesta urgente que se reclama, por encima de tacticismos electoralistas más o menos cortoplacistas de unos y otros. Es hora —aún es hora-  de optar,  como reclama la sociedad catalana, por el diálogo, por la negociación y por el pacto. O sencillamente, y por decirlo con palabras de un catalán insigne, por la concordia.

Catalunya, per la concòrdia

Com preferiria la majoria dels catalans que es desenvolupessin els esdeveniments després del “procés participatiu” del 9-N (iniciativa aquesta que, per cert, sembla  desencertada al 49% i encertada al 44%)? La resposta, a la llum de les dades del sondeig de Metroscopia, sembla clara: reorientació de l'actual situació cap al pacte i la negociació més que cap a l'enfrontament i la ruptura.

D'una banda, un engruixat 78% de la ciutadania catalana declara que el realment urgent ara és que el Govern de Rajoy i el Govern de Mas parlin i busquin un acord, satisfactori per a tots, quant a l'encaix de Catalunya a Espanya. Aquesta reclamació és compartida per igual tant pels potencials votants de les formacions partidàries del procés sobiranista com per aquells que s'oposen al mateix (el que sembla suggerir que els electors poden no estar sentint-se massa còmodes amb tantes taxatives rotunditats com escolten als seus respectius líders).

Per una altra banda, una ampla majoria de catalans (53% enfront del 38%) opinen que si, finalment, es convoquessin anticipadament eleccions autonòmiques, aquestes no haurien de tenir caràcter “plebiscitari”. És a dir, el desig clarament dominant és que en unes eleccions anticipades les formacions partidàries del procés sobiranista no haurien de presentar-se integrades en una única llista, entremesclada potser amb representants de moviments socials o figures de la vida social, cultural o esportiva; la clara majoria prefereix que, com en totes les ocasions anteriors, només participin partits polítics i, a més a més, per separat. És a dir, sembla predominar el recel a qualsevol articulació frontista de les opcions electorals susceptible d'enverinar encara més els ànims en comptes de —com s'enyora— afavorir l'acostament i el pacte. Però hi ha més: plantejada la hipòtesi que se celebressin eleccions anticipades, que aquestes tinguessin caràcter “plebiscitari” i que les guanyessin les formacions que recolzen el procés sobiranista, la reacció de l'àmplia majoria de la ciutadania catalana (que expressa el 63%) és que allò que el nou Govern hauria de fer seria adoptar un full de ruta “a l'escocesa”. Això és, negociar amb el Govern espanyol l'organització d'un referèndum, ja plenament legal, sobre la possible independència de Catalunya. O dit d'una altra manera, tan sols un 25% dels catalans (que amb prou feines puja fins al 50% entre els qui diuen ser futurs votants d'ERC i CUP: 51% i 49%, respectivament) es declara, en aquest cas, a favor d'una immediata proclamació de la independència per, després, procedir a negociar amb el Govern espanyol els detalls i termes de la mateixa. La pressa d'alguns dirigents per posar en pràctica el més aviat possible una política de fets consumats sembla, doncs, lluny de ser compartida per la majoria ciutadana.

Finalment, quan es planteja, de manera teòrica i abstracta, la possible independència de Catalunya els ciutadans segueixen tendint a dividir-se per meitats: un 44% diu que estaria a favor, un 42% en contra. Però si s'indica que la independència podria suposar quedar fora de la Unió Europea, els partidaris d’aquella baixen al 37%, i els que preferirien seguir formant part d'Espanya passen a fregar la majoria absoluta. I quan a la disjuntiva ruptura/continuisme s'afegeix una tercera possibilitat  (“un sistema de tipus federal que permeti a Catalunya continuar formant part d'Espanya però amb noves i blindades competències en exclusiva”) —possibilitat que pressuposa la voluntat, per part de tots, de negociació sincera i a fons— aquesta es converteix automàticament en l'opció que més catalans diuen preferir (46%), quedant els partidaris de la independència en un 29%. Els desitjos, les il·lusions i les preferències ideals són una cosa, les possibilitats reals una altra. I els catalans no les confonen: sentiments a part, la veritat és que el 53% (enfront del 40%) creu que la independència és una cosa amb molt poques o nul·les probabilitats d'arribar, un dia, a ser realitat.

Que la gran majoria dels catalans (independentistes o no) estan molt enfadats amb el que se'ls presenta com “el Govern de Madrid” i amb el tracte que aquest els dispensa està fora de dubte. Que existeixin motius fundats per a això pot semblar més o menys discutible, però sembla clar que un sentiment de greuge tan estès no pot ser tractat des del desinterès o la displicència, com si d'un caprici o rebequeria passatgera es tractés. La proximitat afectiva es nodreix del contacte, del diàleg i del mutu respecte i lleialtat. La llei no pot imposar-la, com tampoc ha de poder contribuir a dificultar-la.  L'anhel, intens i extens, de negociació existent en la societat catalana mereix la resposta urgent que es reclama, per sobre de tacticismes electoralistes més o menys curtterministes dels uns i els altres. És hora —encara és hora-  d'optar,  com reclama la societat catalana, pel diàleg, per la negociació i pel pacte. O senzillament, i per dir-ho amb paraules d'un català insigne, per la concòrdia.

 Traduït per / Traducido por: Isaac García Llombart

Cataluña 1

Cataluña 2

Cataluña 3

 

Ciudades sin boina

Por: | 17 de octubre de 2014

Ciudades sin boina Ilustración Mar Toharia

Autora: Mar Toharia*

El 84% de los españoles respira un aire por debajo de los índices de protección a la salud recomendados por la Organización Mundial de la Salud. Además, la contaminación atmosférica provoca actualmente unas 370.000 muertes prematuras en la Unión Europea, 16.000 en España, según datos de la Comisión Europea. Y la causa de esta contaminación, fundamentalmente urbana, es, en un 80%, el tráfico rodado y el uso de combustibles fósiles. Por eso, de vez en cuando, nuestras ciudades se cubren con una “boina” de smog.

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¡A las cosas!

Por: | 11 de octubre de 2014

Suárez Tarradellas

Autor: Antonio López Vega*

La opción mayoritaria de los catalanes ante el actual contencioso entre Cataluña y Madrid es la vía de negociación (el 78% cree que lo realmente urgente es que el gobierno español, el catalán y las demás fuerzas políticas hablen y busquen un acuerdo que sea satisfactorio para todos en cuanto al encaje de Cataluña en España, según  los últimos datos obtenidos por Metroscopia). En ello puede que haya algo de sabiduría histórica, pues lo que muestra el siglo XX es que, cuando hubo entendimiento, Cataluña y España ganaron, y cuando no lo hubo, se abrió la puerta a la catástrofe.

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Clima Político en la Comunidad Valenciana

Por: | 10 de octubre de 2014

Ventana abierta

Quedan ocho meses para las próximas elecciones autonómicas, pero si estas tuvieran lugar ahora, de manera inmediata, el resultado electoral más probable, según la estimación de Metroscopia, tendría las siguientes características:

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Gráficos y Cuadros de datos del sondeo de Metroscopia para EL PAÍS llevado a cabo tras la decisión del Tribunal Constitucional de admitir a trámite los recursos del Gobierno contra la ley de consultas, aprobada por el Parlamento catalán el pasado día 19, y el decreto de convocatoria del referéndum de soberanía del 9 de noviembre de 2014.

Cataluña octubre 2014_1

Cataluña octubre 2014_2

  Cuadros Cataluña Octubre 2014_1

  Cuadros Cataluña Octubre 2014_2

INTENCIÓN DIRECTA DE VOTO

La intención directa de voto equivale a la voz de la calle. Es lo que, en este caso, los catalanes responden de forma directa y espontánea cuando se les pregunta por su comportamiento electoral más probable. Es un dato clave para captar el estado de opinión predominante, pero debe ser interpretado con cautela pues no siempre refleja todo lo que los electores piensan, sino sólo lo que deciden revelar al ser preguntados. Distintos factores de coacción ambiental hacen que la verbalización de las distintas opciones ideológicas (su probabilidad de ser expresadas de forma espontánea y natural) no sea siempre la misma. La intención directa de voto (IDV) es, así, sometida a una serie de procesos de ajuste (a partir, fundamentalmente, del recuerdo de voto, de la fidelidad de voto, de la tasa de participación estimada, de la valoración  por cada grupo de votantes de la gestión de cada partido y de sus líderes y de otros datos complementarios proporcionados por el sondeo sobre el estado de ánimo general de las personas entrevistadas) que permitan estimar cuál es, en esas circunstancias, el resultado más probablemente esperable. Obviamente, a partir de una misma IDV sería posible, utilizando otros criterios analíticos e interpretativos, obtener estimaciones de resultado electoral no necesariamente coincidentes con la que aquí se ofrece. La estimación de voto probable, por tanto, no es ya un dato directamente conseguido de la ciudadanía, sino una interpretación de sus declaraciones realizada a partir de unos supuestos determinados (lo que se conoce como “cocina electoral”). Aunque con frecuencia, por un uso descuidado, se confunda intención directa de voto y voto probable estimado, en realidad son cosas distintas. Una intención directa de voto muy elevada puede terminar, tras ser procesada, en una estimación de voto probable más reducida, o a la inversa. La IDV se compara con el resultado real que cada partido obtuvo sobre el Censo de residentes. Por su parte, los datos de voto estimado se comparan con el resultado real de cada partido sobre el total de votos válidos.

En este sondeo de octubre de 2014 la intención directa de voto es la siguiente:

Intención Directa de Voto Cataluña Octubre 2014

Ficha Técnica: sondeo de METROSCOPIA, efectuado mediante entrevistas telefónicas, a una muestra de 1.000 residentes en Cataluña mayores de 18 años, con distribución proporcional entre los diferentes niveles de hábitat, con cuotas de sexo y edad para la última unidad muestral (persona entrevistada). Partiendo de los criterios del muestreo aleatorio simple, para un nivel de confianza del 95.5 % (que es el habitualmente adoptado) y asumiendo los principios del muestreo aleatorio simple, en la hipótesis más desfavorable de máxima indeterminación (p=q=50%), el error de muestreo que corresponde a los datos referidos al total de la muestra es ± 3.2 puntos. El estudio se realizó entre el 30 de septiembre y el 2 de octubre 2014.

La retirada del la ley del aborto

Por: | 08 de octubre de 2014

 

Elsa Lopez
Fotografía de Elsa López

 

Tres de cada cuatro españoles (75 %) están de acuerdo con la retirada, por parte del Gobierno, del anteproyecto de ley del aborto. Esta decisión, anunciada por Rajoy el pasado 23 de septiembre, cuenta, también, con el apoyo mayoritario (52%) de los potenciales votantes del PP —aquellos que se muestran predispuestos a dar su voto a los populares en unas hipotéticas elecciones generales—; y el de quienes que se declaran católicos (69 %). Incluso entre los católicos practicantes prevalecen quienes dicen estar de acuerdo con la retirada del anteproyecto: 47 % frente al 42 % que se manifiesta en desacuerdo.

A comienzos de año —pocas semanas después de que el anteproyecto fuera aprobado por el Consejo de Ministros— la ciudadanía ya manifestaba masivamente su rechazo a la reforma: el 78 % consideraba que era innecesaria —también opinaba así la mayoría de votantes del PP y de los católicos practicantes—; y el 75 % pensaba que no respondía a demanda social alguna (62 % entre los votantes del PP y 51 % entre los católicos practicantes). 

No obstante, el Gobierno de Rajoy contaría con el apoyo de la mayoría de los españoles (64 %) e, incluso, con el de la mayoría de potenciales votantes socialistas (64 %), si finalmente se decidiera a reformar la actual normativa únicamente para asegurar que las menores de 16 y 17 años necesiten del consentimiento paterno para poder interrumpir su embarazo. De hecho, la mayoría de los ciudadanos (64 %) —y la mayoría de los votantes del PSOE: 56 %— ya declaraba su desacuerdo con este punto en mayo de 2009, pocos meses después de que el anterior Gobierno socialista aprobara la ley actualmente vigente.

(Artículo en la web de Metroscopia) 

Cuadros Aborto
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Barómetro electoral: octubre 2014

Por: | 06 de octubre de 2014

Foto Barómetro electoral

La Intención directa de voto (IDV) es la respuesta más inmediata y espontánea expresada por los entrevistados al preguntarles a quien votarían en unas elecciones generales que tuviesen lugar mañana. A quienes no mencionan partido alguno se les pregunta por el partido con el que sienten más afinidad o con el que identifican en mayor medida: estas respuestas constituye la “Simpatía” que, en la segunda columna, aparece sumada a la IDV.

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Fe de erratas: sondeo en Cataluña octubre 2014

Por: | 06 de octubre de 2014

FE DE ERRATAS: En la información publicada ayer, domingo 5 de octubre, en relación con la encuesta de Metroscopia, se deslizó un error de transcripción de los datos referidos al cuadro que a continuación se adjunta con los reales obtenidos en el sondeo de octubre. Los datos, como puede comprobarse, son, en esencia, similares sin apenas cambios significativos con respecto a los del sondeo del pasado mes de septiembre. Lamentamos, de todos modos, este error por el que pedimos disculpas a nuestros lectores.

Cuadro corregido

Los pilares de la sociedad aguantan

Por: | 03 de octubre de 2014

 

Eliana Nieves
Fotografía de Eliana Nieves


La sociedad española sigue aguantando, sin hundirse, un año más
. Y ello a pesar de los estragos que ya ha causado una crisis que apenas ahora da signos de querer amainar: generalizado empobrecimiento, creciente desigualdad (con la consiguiente quiebra de lo que era una amplia y estabilizadora clase media: lo percibe así el 92% de los españoles), profundo desgaste institucional… Daños, todos ellos, que de forma masiva (80%) la ciudadanía considera de difícil y, en todo caso, lenta reparación. Pero pese a ello, y como a lo largo de estos últimos siete años, el país resiste. Y lo hace gracias al sostenido buen hacer de muchas de las instituciones que lo vertebran y que consiguen compensar las —para la ciudadanía— cada vez más irritantes e insoportables carencias de tantas otras.

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El País

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